INTRODUCCIÓN
El cambio demográfico –es decir, la evolución temporal de la composición por edades de la sociedad y su relación con el territorio– constituye uno de los objetos de estudio primordiales de la demografía y de la geografía humana en general, así como un fenómeno multifacético cuyas dimensiones, además de interrelacionarse entre sí, son transversales a prácticamente todos los ámbitos de la vida pública –economía, vivienda, servicios y políticas sociales, transporte, energía, empleo, educación, innovación, cohesión territorial, etc.–. Por ello, partir de un conocimiento detallado de las principales dimensiones de dicho cambio (en esencia, los nacimientos, las defunciones y los movimientos migratorios), constituye un requisito básico para el diseño de cualquier política pública. Al impacto del cambio demográfico en el plano económico, laboral y social dedica el CES este tema destacado de su Memoria 2025 que, continuando el análisis realizado en las dos anteriores ediciones relativo, respectivamente, a los impactos del cambio climático y de las transformaciones tecnológicas, completa así la aproximación a los procesos estructurales que componen la triple transición, ecológica, digital y demográfica.
Impacto socioeconómico y laboral
del cambio demográfico
La población mundial no ha dejado de crecer desde que existen datos precisos sobre el número de habitantes del planeta, alcanzando los 8.000 millones de personas en noviembre de 20221. Existe, según estimaciones de la ONU2, alrededor de un 80 por 100 de probabilidad de que la población alcance su máximo histórico antes de que acabe este siglo, cuando comiencen a llegar a la edad fértil cohortes menos numerosas fruto del actual descenso de la fecundidad a nivel mundial3. No obstante, es, sin duda, el cambio en las pautas de mortalidad lo que constituye el gran fenómeno demográfico del siglo XX, y el principal factor impulsor del crecimiento de la población mundial.
INTRODUCCIÓN
España no solo comparte estas tendencias globales, sino que además destaca en esperanza de vida al nacer, con una de las más elevadas del mundo4, 84 años en 2024 (86,5 años las mujeres y 81,4 los hombres), y la mayor de la Unión Europea5. Ello supone un ejemplo claro de una sociedad en la que el impacto del llamado envejecimiento de la población será más evidente, debido a la combinación del aumento exponencial de la esperanza de vida con la caída brusca de la fecundidad. En efecto, la llegada a la vejez de las cohortes más numerosas de población española de toda la historia (los llamados boomers6), ha alterado de manera drástica la pirámide demográfica, con un volumen de personas en la cúspide jamás vista (gráfico 1). Según las proyecciones demográficas del INE, si actualmente las personas de 65 años y más suponen alrededor del 21 por 100 de la población española, en 2050, este porcentaje se elevará adicho de otro modo:
Impacto socioeconómico y laboral
del cambio demográfico
casi una de cada tres personas tendrá 65 años o más dentro de un cuarto de siglo7.
El segundo de los factores que repercute en el crecimiento vegetativo de la población, la fecundidad, ha sufrido también una transformación drástica a partir de mediados del siglo XX, cuando se completa la segunda transición demográfica, asentándose el régimen demográfico moderno a partir del final del baby boom (en torno a 1977). Esta caída se produjo en paralelo a los cambios sociales iniciados en los años sesenta en las sociedades postindustriales, relacionados con la diversificación de las formas de vida y el avance de la igualdad de género8. España, de manera similar al resto de países del sur de Europa, experimentó un descenso de la fecundidad tan brusco y prolongado en el tiempo que, desde 2015, la fecundidad no llega a compensar la ya de por sí baja mortalidad, de tal manera que a partir de ese momento el crecimiento vegetativo comenzó a ser negativo, debiéndose el crecimiento de la población exclusivamente a la llegada de personas de otros países (gráfico 2).
Impacto socioeconómico y laboral
del cambio demográfico
Después de dos décadas de saldo migratorio positivo (con el paréntesis de los años posteriores a la Gran Recesión, entre 2008 y 2015), en el año 2022 el saldo migratorio neto alcanzó su máximo histórico, con 727.005 llegadas.
La composición de la población inmigrante está experimentando también cambios importantes, con un porcentaje creciente de las personas que cuentan con estudios superiores. Así, entre los inmigrantes extracomunitarios, más de un tercio de los venezolanos, chinos, ucranianos, argentinos y cubanos han completado una carrera universitaria o equivalente (gráfico 4). También en esta cuestión, España muestra un patrón de incorporación tardía a las pautas de los países del entorno (que ya recibían inmigración desde mediados del siglo XX), pero presenta una rápida evolución.
Desde la demografía, y su campo de estudio, se vienen haciendo algunas advertencias necesarias a la hora de analizar todos estos cambios de manera rigurosa y sin caer en alarmismos a menudo poco fundamentados. Más allá de los matices con los que hay que entender la expresión “envejecimiento de la población” (pues el “envejecimiento” de la sociedad tiene la particularidad de no ser irreversible, como sí lo es el de los organismos vivos), es necesario recordar también que, según algunos enfoques, como la Teoría de la Revolución Reproductiva9, las poblaciones tienden a la autorregulación mediante un ajuste espontáneo de las tasas de fecundidad a las de mortalidad, por lo que la caída de la fecundidad, si bien puede estar condicionada también por factores sociales a los que es necesario prestar atención10, sería ante todo una respuesta a la mejora de la “eficiencia reproductiva” de la población.
INTRODUCCIÓN
Así, la llegada de un mayor número de personas a la madurez (es decir, a la etapa vital posterior a la edad fértil), modifica sustancialmente las expectativas que se tienen sobre la supervivencia de la descendencia e incide, de esta manera, en el número de hijos e hijas que las familias desean tener. De manera similar, las migraciones son asimismo fruto de factores de expulsión y atracción, como la demanda de trabajo, muy difícilmente controlables. Por ello, las políticas públicas han de tomar las principales variables del cambio demográfico como una circunstancia dada a la que adaptar su diseño e implementación, y no tanto como un elemento modificable de la realidad, pues, según nos muestra sobradamente la evidencia empírica, las políticas enfocadas al cambio demográfico (como las políticas natalistas) han tenido históricamente poca eficacia11. A este enfoque de preparación y adaptación (en contraposición a un enfoque reactivo) se le conoce como resiliencia demográfica12.
Impacto socioeconómico y laboral
del cambio demográfico
En todo caso, los retos demográficos a los que se enfrenta España (envejecimiento de la población, inmigraciones exteriores e internas, desequilibrios territoriales) son en esencia los mismos que los del resto de Europa, siendo ante todo una cuestión de grado las diferencias entre unos países y otros. Precisamente para realizar un análisis sistemático para los diferentes territorios de los retos y oportunidades que plantea el cambio demográfico en Europa, el servicio de investigación y ciencia de la Comisión Europea (Joint Research Centre) ha propuesto recientemente una taxonomía del cambio demográfico en Europa que sirva como marco compartido de clasificación y evaluación de su impacto (recuadro 1).
Según este organismo, desde la perspectiva del cambio demográfico, es necesario avanzar hacia unas políticas públicas basadas en información estadística lo más precisa posible, adaptadas al territorio en particular donde se vayan a aplicar, que cuenten con la participación del mayor número posible de agentes implicados y basadas en una mirada a largo plazo que vaya más allá del ciclo electoral.
Fuente: elaboración propia a partir de Testori, G., Franklin, R., Saraceno, P., Pertoldi, M., Perea Milla Fernandez, D. et al., Territories and demographic change - Regional patterns and policy approaches, Publications Office of the European Union, Luxembourg, 2025.
Para cada elemento de la taxonomía y territorio, se propone evaluar: los retos y oportunidades, los impactos (a escala nacional, regional, local) y las políticas recomendadas, en seis dominios diferentes
Baja fertilidad
Envejecimiento
Tendencias
demográficas
Internacional
Interna
Estacional
Migración
Regiones en declive (shrinking regions)
Urbanización y
suburbanización
Dinámicas
territoriales
RECUADRO 1. PROPUESTA DE TAXONOMÍA PARA EL ANÁLISIS DEL CAMBIO DEMOGRÁFICO EN EUROPA
La economía española se enfrenta a una transformación estructural sin precedentes a tenor de los cambios demográficos de las dos últimas décadas. De hecho, la demografía no solo es una variable exógena, sino que se ha convertido en un determinante estructural del crecimiento potencial, de la evolución del PIB per cápita y del bienestar individual.
Impacto socioeconómico y laboral
del cambio demográfico
A medida que crece la proporción de personas de más edad se reduce, se genera una presión doble sobre las finanzas públicas, tanto por el lado de los gastos, especialmente en salud, cuidados y pensiones, como por el lado de los ingresos, que dependen del crecimiento de la población y de su estructura por edades, así como de la evolución de la productividad. El desequilibrio entre gastos e ingresos puede comprometer la sostenibilidad a largo plazo.
Por el lado del gasto, el envejecimiento poblacional lleva aparejado un aumento del gasto público, principalmente, en sanidad, dependencia y cuidados y pensiones.
Las proyecciones disponibles sobre la evolución del gasto público en España ante el envejecimiento demográfico34 reflejan un aumento por el incremento sustancial que se producirá en el gasto en pensiones por los efectos acumulados de la generación del baby boom, con un punto de inflexión hacia mitad de siglo, empezando a reducirse el gasto a partir de entonces. Se prevé también que el gasto sanitario y el gasto en cuidados también aumente. No obstante, estas proyecciones, como ya se ha señalado anteriormente, deben ser tomadas con cautela.
El gasto sanitario per cápita, en principio, aumenta con la edad, derivado de que las cohortes de población de más edad demandan más atención sanitaria primaria (número de visitas al médico) y más atención a necesidades de salud
IMPACTOS y desafíos económicos
de los cambios demográficos
específicas y patologías crónicas, lo que supone una presión para los sistemas de salud35. En todo caso, no existe un patrón único de envejecimiento y cada vez más personas alcanzan mayor edad con buen estado de salud y es, en cambio, en los grupos de edad muy avanzada y ante la proximidad al fallecimiento cuando se sufren más problemas de salud y se acumulan patologías que requieren atención sanitaria, lo que terminaría condicionando en mayor media el gasto sanitario, más que la edad en sí misma. De hecho, en las proyecciones existentes de aumento del gasto sanitario a medio y largo plazo, el factor demográfico explica en torno a una cuarta parte del aumento total, siendo el envejecimiento saludable el elemento que puede marcar la diferencia36.
Además, el envejecimiento produce una concentración del gasto en medicamentos de manera desproporcionada en las cohortes de mayor edad (mayores de 65 años y, especialmente, mayores de 75), de forma que al aumentar este segmento de población la presión sobre la factura farmacéutica pública crece de forma automática.
35Véase Informe CES 1/2024, El sistema sanitario. Situación actual y perspectivas para el futuro.
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La sostenibilidad del sistema sanitario ante la presión que puede ejercer la transición demográfica requiere un refuerzo estratégico en su conjunto, la mejora de los mecanismos que aseguren la eficiencia de los recursos utilizados y la integración de los servicios sociosanitarios y de cuidados crónicos37 para diseñar políticas de salud más eficaces y adaptadas a una sociedad envejecida.
37Véase Informe CES 1/2024, El sistema sanitario…, op. cit.
IMPACTOS y desafíos económicos
de los cambios demográficos
De hecho, el envejecimiento y la creciente supervivencia en la vejez han aumentado la prevalencia de situaciones de dependencia y necesidades de cuidados de larga duración, lo que se traduce en un incremento del gasto asociado a estos cuidados en un contexto de envejecimiento demográfico progresivo. En este sentido, resulta clave la prevención, ya que es la pérdida de autonomía y no el cumplir una determinada edad lo que se perfila, cada vez más, como el factor determinante del paso de una fase vital a otra38.
Así, el aumento de la demanda de cuidados de larga duración y atención a la dependencia constituye un reto adicional hoy día para los sistemas de protección social, que deben proveer de servicios profesionalizados de cuidados para atender a poblaciones mayores cada vez más numerosas y de más edad, lo que, al mismo tiempo, permitirá liberar presión sobre el gasto sanitario.
38Véase Informe CES 3/2020, El sistema de promoción de la autonomía personal y atención a las personas en situación de dependencia.
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del cambio demográfico
El impacto sectorial del cambio demográfico presenta una naturaleza distinta a la de las otras grandes transiciones en curso, la digital o la medioambiental, tratadas anteriormente como temas destacados en las Memorias de este Consejo.
Mientras que, para impulsar su propio desempeño y éxito, dichas transiciones necesitan, en gran medida, estrategias empresariales proactivas basadas en la inversión, la
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del cambio demográfico
Las economías europeas se enfrentan a un cambio demográfico profundo caracterizado por el envejecimiento de la población, la reducción de las cohortes en edad de trabajar y la creciente importancia de los flujos migratorios. Desde este punto de vista, los aspectos más relevantes son, por un lado, el envejecimiento de la población asociado al descenso de la natalidad y al aumento de la esperanza de vida, y por otro el incremento del saldo migratorio que se ha generalizado en el viejo continente.
Impacto socioeconómico y laboral
del cambio demográfico
La evolución del mercado laboral español en los últimos treinta años no puede entenderse sin el profundo cambio demográfico experimentado en este período. España ha transitado desde una estructura poblacional relativamente joven hacia un perfil marcadamente envejecido, con un aumento sostenido del peso de las cohortes de mayor edad en la población activa y una reducción progresiva de las cohortes jóvenes. Esta dinámica ha ocasionado un proceso específico de distribución interna del empleo y el desempleo.
Impacto socioeconómico y laboral
del cambio demográfico
Posiblemente el agregado laboral más relacionado con los patrones poblacionales sea la población activa. En este sentido, el gráfico 7 y el gráfico 8 describen un claro proceso de envejecimiento de la población activa española. La cohorte de 25 a 29 años, que en 1995 concentraba el 15,9 por 100 de los activos, ha ido perdiendo peso de forma continuada hasta representar el 9,2 por 100 en 2025; lo mismo ocurre con las cohortes de 30 a 34 y de 35 a 39 años. En sentido contrario, las cohortes de 50 a 54, 55 a 59 y 60 a 64 años han ganado peso relativo de forma sostenida, lo que apunta a un desplazamiento estructural del mercado de trabajo hacia los grupos de mayor edad. Dentro de este proceso de envejecimiento de la composición de la población activa, el peso de las personas trabajadoras mayores de 65 años representa un porcentaje aún pequeño sobre el total (1,8 por 100). Sin embargo, y siempre dentro de esta magnitud limitada, en los últimos años se ha producido un aumento significativo (suponía el 0,9 por 100 en 2019), muy ligado al incremento gradual de la edad legal ordinaria de jubilación, que comenzó en 2013 hasta llegar a los 67 años en 2027 y a los posibles efectos de la legislación sobre la jubilación flexible, activa y demorada.
Impactos y desafíos laborales
de los cambios demográficos
Impacto socioeconómico y laboral
del cambio demográfico
Impactos y desafíos laborales
de los cambios demográficos
El aumento de las tasas de actividad constituye, en gran medida, una respuesta del mercado de trabajo a estas presiones demográficas. En ausencia de este proceso, la reducción del crecimiento de la población en edad de trabajar habría tenido, y tendría en el futuro, efectos más severos sobre la capacidad productiva y la sostenibilidad del sistema económico.
Impacto socioeconómico y laboral
del cambio demográfico
El incremento en las tasas de actividad cercano a doce puntos porcentuales registrado en las últimas tres décadas –el mayor del grupo analizado– se explica fundamentalmente por la incorporación masiva de la mujer al empleo (gráfico 16). Este proceso ha permitido compensar parcialmente la ralentización del crecimiento de la población en edad de trabajar y ha contribuido a reducir de forma sustancial las brechas de
Impactos y desafíos laborales
de los cambios demográficos
género en actividad y empleo. Como resultado, España ha convergido hacia los niveles de participación femenina de las economías europeas más avanzadas, dejando atrás una de sus principales singularidades estructurales.
Mientras que la tasa de actividad masculina se mantiene relativamente estable en todos los países, en un rango de entre el 65 por 100 y el 80 por 100 de la población de 15 a 64 años (en España se sitúa en torno al 69,6 por 100 en 2025), la actividad femenina registra avances significativos. Siendo España el país que presenta el mayor incremento, al pasar del 39,9 por 100 en 1995 al 61,6 por 100 en 2025, lo que supone un aumento de en torno a 22 puntos porcentuales en treinta años. Alemania muestra una trayectoria comparable y los Países Bajos mantienen la tasa femenina más elevada del grupo, próxima al 72 por 100, mientras que Italia sigue siendo el país con menor participación, por debajo del 50 por 100.
En paralelo, el desempleo desagregado por sexo muestra que las mujeres parten de niveles sistemáticamente más elevados a lo largo del periodo, aunque con una dinámica de convergencia. En España, la tasa de desempleo femenina superó el 30 por 100 a mediados de los años noventa y descendió hasta el 11,9 por 100 en 2025. La tasa masculina osciló entre el 17,9 por 100 en 1995 y el 9,3 por 100 en 2025, con un
Impacto socioeconómico y laboral
del cambio demográfico
Los procesos demográficos descritos se proyectan sobre un mercado de trabajo inmerso, a su vez, en profundos cambios ocupacionales, asociados al progreso tecnológico, la transición ecológica y la recomposición sectorial de la economía. El resultado es una interacción compleja entre tendencias demográficas y transformaciones productivas que da lugar a nuevos desequilibrios estructurales, tanto en términos cuantitativos como cualitativos.
Impacto socioeconómico y laboral
del cambio demográfico
El envejecimiento progresivo de la población activa española se traduce en un mayor peso de las cohortes de edad avanzada en el empleo, con implicaciones relevantes para la estructura ocupacional. Las personas trabajadoras de más edad tienden a concentrarse, en mayor medida, en determinadas ocupaciones y sectores, con menor movilidad interocupacional y mayores dificultades de readaptación cuando se producen cambios en el contenido de los puestos de trabajo.
Este fenómeno puede dar lugar a desajustes entre las características de la oferta de trabajo y las nuevas demandas ocupacionales, especialmente en contextos de rápida transformación tecnológica. La menor rotación laboral y la reducción de los flujos de entrada y salida del empleo asociadas al envejecimiento de la población ocupada pueden ralentizar los procesos de reasignación necesarios para sostener el crecimiento de la productividad.
Aunque el empleo agregado ha mostrado un comportamiento dinámico en los últimos años, la evidencia indica que los cambios ocupacionales no afectan de forma homogénea a todos los grupos de población. Las personas de mayor edad, las de menor nivel educativo y determinados colectivos de origen migrante presentan una mayor exposición a desajustes
Impactos y desafíos laborales
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ocupacionales, tanto por sobrecualificación como por dificultades de acceso a los segmentos más dinámicos del mercado de trabajo.
Finalmente, el impacto combinado del cambio demográfico y ocupacional se manifiesta también en la aparición o intensificación de desequilibrios sectoriales y territoriales. Mientras algunas ramas de actividad experimentan dificultades crecientes para cubrir determinados puestos de trabajo, otras concentran un exceso relativo de oferta laboral, en ocasiones con perfiles competenciales que no se ajustan plenamente a las necesidades productivas.
Desde el punto de vista territorial, el envejecimiento poblacional y la despoblación en determinadas áreas acentúan los desajustes entre localización de la oferta y la demanda de empleo, dificultando la movilidad geográfica y la cohesión del mercado de trabajo. Estas dinámicas refuerzan la necesidad de abordar el cambio demográfico no solo como un fenómeno poblacional, sino como un factor estructural de transformación del sistema ocupacional.
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del cambio demográfico
El proceso de transformación del modelo productivo, marcado por la doble transición digital y verde y por el protagonismo de la innovación como motor para la competitividad, subraya la relevancia del conocimiento de las personas para el desarrollo de su pleno potencial.
Por este motivo, las PAE tienen el reto de adaptar las capacidades y competencias de la población trabajadora a esta nueva realidad económica, debiendo contar además con los
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cambios demográficos que están modificando su composición. De esta forma, el mayor peso de las personas trabajadoras de más edad, las de origen inmigrante o la consolidación de la plena participación laboral de las mujeres, entre otros, está cambiando el perfil de las personas usuarias de los servicios de empleo. Ello requiere una adaptación acorde de los programas e intervenciones que estos ofertan.
El marco normativo fijado por la Ley 3/2023, de Empleo, contempla la atención específica de las PAE hacia algunos de estos perfiles. Así, las personas jóvenes especialmente con baja cualificación, las personas mayores de 45 años, las personas en desempleo de larga duración –situación que frecuentemente se presenta correlacionada con la edad–, las personas migrantes o las mujeres con baja cualificación han sido definidas como colectivos de atención prioritaria. Dada la mayor vulnerabilidad de estos grupos para el acceso y mantenimiento del empleo, y el desarrollo de su empleabilidad, la ley prevé en estos casos la puesta en marcha de programas específicos para su atención, así como la garantía de acceso, efectiva en todo el territorio nacional, a itinerarios individuales y personalizados de empleo56.
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del cambio demográfico
Los efectos del envejecimiento poblacional en las relaciones laborales plantean retos en varios ámbitos. Las principales dimensiones implicadas se identifican, por una parte, en la provisión de las competencias demandadas tanto a través de la formación continua y la recualificación, particularmente de las personas trabajadoras de edades mayores, como de la educación y de las transiciones al empleo en el caso de las personas jóvenes. Por otra parte, se pone de manifiesto el carácter fundamental que
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cobra la protección de la seguridad y la salud laboral de todas las personas trabajadoras, en coordinación con una adecuada organización del trabajo, en particular en las nuevas formas de empleo impulsadas por la digitalización; y, singularmente, la seguridad y salud laborales de las personas trabajadoras de edades mayores, en las que confluyen peores condiciones generales de salud derivadas delenvejecimiento biológico (enfermedades crónicas, trastornos causantes de incapacidades laborales), en coordinación con las políticas de adaptación de los entornos de trabajo a las capacidades psicofísicas con perspectiva de ciclo vital. Y, más recientemente, hay una puesta en valor de la necesidad de promover las políticas de enfoque intergeneracional y de gestión de la igualdad dentro de una creciente diversidad de las plantillas por edad, género, discapacidad, nivel educativo u origen nacional, entre otros.
Las dimensiones relativas la provisión de las competencias demandadas a lo largo de la vida laboral, cualquiera que sea la edad de las personas trabajadoras, son clave para afrontar los eventuales cuellos de botella en la oferta de trabajo cualificado derivados, entre otras causas, de la dinámica demográfica de jubilación de las generaciones del baby boom y de unas cohortes menos numerosas de jóvenes, y forman parte de las respuestas desde las PAE analizadas anteriormente.
Impactos y desafíos laborales
de los cambios demográficos
Las dimensiones de seguridad y salud en el trabajo, de enfoque intergeneracional y de gestión de la igualdad y la diversidad, convergentes en un objetivo más amplio de promoción del bienestar laboral, físico y mental, de las personas trabajadoras a lo largo del ciclo vital emergen como necesarias para favorecer la sostenibilidad de las vidas laborales, la productividad de las personas trabajadoras67, y su mantenimiento longevo en aquellas ocupaciones y actividades en que sea posible y sobre una base de voluntariedad.
Una dimensión fundamental del reto demográfico es, así, la garantía de la seguridad y la salud en el trabajo (SST). El objetivo de los marcos normativos y estratégicos en salud laboral pasa por garantizar unos entornos de trabajo seguros y saludables a todas las personas trabajadoras. Sin embargo, la radiografía de la siniestralidad laboral evidencia un mayor impacto de las enfermedades profesionales en las mujeres, planteando el reto de transversalizar la perspectiva de género en salud laboral, tanto en el diagnóstico como en las medidas. Al mismo tiempo, se detecta un claro componente de edad en la siniestralidad laboral, marcado por una mayor incidencia
Impacto socioeconómico y laboral
del cambio demográfico
Analizar el impacto social del cambio demográfico implica, necesariamente, ir más allá de los datos puramente cuantitativos sobre el movimiento natural y migratorio de la población para adentrarse en los cambios sociales que implica el aumento o disminución de determinados grupos sociales en el conjunto del país. Desde el ya mencionado enfoque de la resiliencia demográfica, el abordaje de estos cambios no debería tratar de frenar el cambio (algo de difícil consecución, por otro lado, mediante la intervención pública) sino de anticiparse a los impactos sociales, en términos de cohesión social y territorial, de pautas de convivencia, y de ejercicio de deberes y derechos, entre otros, que puedan derivarse de los cambios en la composición social y por edad de la ciudadanía a que dan lugar las tendencias demográficas presentes en la sociedad española, brevemente esbozadas en la introducción de este tema especial.
Este capítulo se centrará en tres dimensiones específicas del impacto social del cambio demográfico por su especial relevancia: el impacto en la distribución territorial de la población de las migraciones, tanto internas como externas; la atención a la infancia en un contexto de baja fecundidad, y los retos que plantea el aumento de la dependencia derivado del envejecimiento de la población.
Como fenómeno demográfico, los flujos migratorios de entrada y salida a un país presentan unas características distintivas. Para empezar, son el fenómeno de comportamiento más impredecible, por cuanto dependen en gran medida de la estabilidad política, económica y social del resto de países del mundo, con variaciones en la prevalencia de los distintos factores de expulsión de los países de origen (económicos, climáticos, políticos, etc.).
Impacto socioeconómico y laboral
del cambio demográfico
Las migraciones están, no obstante, también íntimamente ligadas a su vez a los fenómenos demográficos internos, pues es el propio envejecimiento acelerado de la población en los países occidentales (especialmente acusado en España) lo que atrae a personas extranjeras, especialmente mujeres, que contribuyen así a suplir las carencias estructurales de servicios de cuidado. Así, la llamada “crisis de los cuidados” (que se abordará en un subapartado más adelante) ha contribuido a crear un nicho en el mercado laboral que acoge a buena parte de las mujeres migrantes, si bien su contribución es importante y creciente en otros muchos ámbitos. Se trata de un fenómeno presente no solo en España sino en el conjunto de los países receptores de inmigración, favoreciendo una paulatina feminización de la inmigración, de tal manera que, en España, desde la segunda década del siglo XX, las mujeres son ya mayoría (aproximadamente el 52 por 100) entre las personas nacidas en el extranjero. No obstante, como ya ha señalado el CES78, la feminización de las migraciones es un fenómeno importante no tanto en términos estadísticos sino cualitativos, por los cambios sociales con los que está relacionado, como una mayor autonomía de las mujeres en los países de origen que las lleva a emprender proyectos migratorios de manera individual.
78    Informe CES 2/2019, La inmigración en España: efectos y oportunidades.
demografía y cambio social:
oportunidades y desafíos para las políticas
El CES ha venido analizando el fenómeno de la inmigración en España en varios informes específicos, de los que se extraen algunas conclusiones sobre sus características principales79. En primer lugar, y pese a la disrupción coyuntural ocasionada por la COVID-19, la inmigración es un fenómeno estructural en nuestra sociedad, desde que a finales de los años 90 el saldo migratorio comenzase a ser positivo. En segundo lugar, la llegada de personas del extranjero es un factor de rejuvenecimiento de la población, pues ocho de cada diez personas nacidas en el extranjero se encuentran en edad laboral. En tercer lugar, se trata de una población cada vez en mayor medida feminizada, siendo este un rasgo especialmente marcado en España frente a otros países receptores de inmigración80, especialmente entre las personas provenientes de Latinoamérica (que representan por su parte casi la mitad de toda la población de origen extranjero). En cuarto lugar, y aunque
79Los dos más recientes son el Informe CES 2/2019, La inmigración en España: efectos y oportunidades y el Informe 1/2025, Realidad migratoria en España: prioridades para las políticas públicas.
Impacto socioeconómico y laboral
del cambio demográfico
Como ya se ha señalado en la introducción a este tema especial, el descenso en el número de hijos por mujer hunde sus raíces en las ganancias en la eficiencia reproductiva de la sociedad, es decir, en las probabilidades de supervivencia, hasta la edad fértil, de cohortes cada vez más numerosas. Es por ello por lo que no se puede achacar este fenómeno solo a los cambios sociales acaecidos a partir de mediados de este siglo (incluyendo la generalización de los métodos anticonceptivos modernos a precios asequibles), sino que su inicio
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del cambio demográfico
es anterior y tiene una génesis eminentemente demográfica. No obstante, la revolución que ha supuesto el aumento progresivo en las tasas de supervivencia (tanto infantil como adulta) ha influido, a su vez, en uno de los factores sociales que más incide en las actuales tasas de fecundidad: las expectativas que se tienen en torno al bienestar y las oportunidades vitales de los hijos. Se puede decir que el cambio en las pautas culturales de la crianza y el significado simbólico de los hijos supone también una revolución paralela a la de
demografía y cambio social:
oportunidades y desafíos para las políticas
En un contexto de prolongación generalizada de la esperanza de vida99, España destaca como uno de los países más longevos del mundo100. Nuestro país ha alcanzado una esperanza de vida al nacer de 84 años en 2024, habiéndose prolongado, además, la edad
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del cambio demográfico
media a la que la población llega en buen estado de salud hasta unos 75 años101, entre las más altas de Europa. Esta doble vertiente del llamado envejecimiento de la población –vivir más años y hacerlo en mejores condiciones de salud– es uno de los indicadores más claros del progreso social alcanzado por las sociedades desarrolladas. Pero este avance supone un éxito social pleno solo en tanto en cuanto la calidad de vida alcance un nivel suficiente de calidad de vida y de acceso a derechos.
La longevidad no es únicamente un fenómeno demográfico, sino una transformación estructural que incide de manera profunda en el funcionamiento de las economías, las instituciones y los proyectos vitales de las personas. El aumento de la esperanza de vida constituye un cambio que afecta a toda la población desde el nacimiento y modifica el propio ciclo vital. Sin embargo, los análisis predominantes sobre esta cuestión suelen ofrecer una visión mayoritariamente sombría, cuando una sociedad más longeva no solo implica añadir más años a la vida, sino también la apertura de nuevas oportunidades económicas, sociales e institucionales. No debe olvidarse que una proporción cada vez mayor de personas
demografía y cambio social:
oportunidades y desafíos para las políticas