En el contexto europeo, la tasa de actividad presenta una trayectoria ascendente generalizada entre 1995 y 2025, Tasas crecientes de actividad y empleoaunque con niveles finales heterogéneos. Los Países Bajos consolidan el liderazgo del grupo y alcanzan en 2025 el 76,2 por 100 de la población de 15 a 74 años, frente al 70,3 por 100 de Alemania, el 65,6 por 100 de España, el 64,9 por 100 de Francia y el 58,1 por 100 de Italia. España registra el mayor incremento entre los cinco países, con un aumento de casi doce puntos porcentuales desde el 53,8 por 100 de 1995. Este avance refleja un proceso sostenido de ampliación de la participación, que se intensificó hasta la víspera de la crisis financiera. A partir de 2008, esta dinámica se modera y la serie española se mantiene prácticamente estancada durante la década siguiente.

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La tasa de empleo reproduce la jerarquía descrita, aunque con un matiz relevante. Los Países Bajos (73,2 por 100 en 2025) y Alemania (67,6 por 100) mantienen una ventaja estructural sobre el resto, mientras que España (58,7 por 100) y Francia (59,9 por 100) se sitúan en niveles intermedios e Italia (54,5 por 100) cierra el grupo. La convergencia previa a 2008 entre España y Alemania -ambas en torno al 59 por 100 de empleo en 2007- se interrumpió durante la Gran Recesión y solo se ha recuperado parcialmente. La serie alemana muestra una expansión continuada, apenas interrumpida por los episodios recesivos reflejados en el gráfico, en contraste con la marcada evolución en doble valle de España entre 2009 y 2014. En el caso de los empleados, se repite lo observado para la población activa, con un envejecimiento de la población laboral. Si en 2001 las cohortes más comunes estaban entre los 25 y los 45 años, en el año 2025 la mayoría de los trabajadores pertenecen a los grupos comprendidos entre los 40 y los 60 años (gráfico 10).

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El progresivo envejecimiento de la población activa desplaza el peso del empleo y del desempleo hacia edades Evolución desigual del desempleomás avanzadas, modificando la estructura interna del mercado laboral. Este proceso también tiene implicaciones relevantes sobre la dinámica del desempleo. En este sentido, las mejoras en la participación y el empleo conviven con limitaciones persistentes en el funcionamiento del mercado laboral, especialmente en términos de desempleo. La economía española sigue mostrando una elevada sensibilidad al ciclo, con oscilaciones más intensas que las observadas en el resto de países analizados (gráfico 11). Aunque la tasa de paro se ha reducido hasta el 10,5 por 100 en 2025, continúa siendo la más elevada del grupo. Desde una perspectiva demográfica, esta volatilidad adquiere una relevancia adicional, ya que amplifica los efectos de posibles crisis (presentes o futuras) sobre una población activa cada vez más envejecida y con menor capacidad de renovación generacional.

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Más allá del agregado, la descomposición en once cohortes de edad revela una distribución muy desigual del Concentrándose en los jóvenes y, durante los episodios recesivos, también en las edades centralesdesempleo (gráfico 12). Las cohortes de 15 a 19 y de 20 a 24 años concentran las tasas más elevadas en todos los países a lo largo de toda la serie. España presenta los niveles de desempleo juvenil más altos del grupo, en coherencia con su también mayor tasa de desempleo global, Italia ocupa la segunda posición, mientras que Alemania, Francia y los Países Bajos muestran trayectorias mucho más contenidas.

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A partir de la cohorte de 30 a 34 años, las diferencias entre países se atenúan en todos los casos, salvo en España, donde la curva se mantiene claramente por encima durante todo el ciclo recesivo. En las cohortes intermedias, entre los 35 y los 54 años, España sigue presentando tasas que duplican o triplican las de Alemania y los Países Bajos durante el periodo 2010-2015, lo que indica que el impacto de la crisis no se limitó a los segmentos jóvenes, sino que afectó también al núcleo central del mercado de trabajo. Las cohortes de 55 a 64 años muestran una dinámica similar, aunque con tasas absolutas inferiores, mientras que el grupo de 65 a 74 años tiene un peso marginal en términos de desempleo en todos los países, en línea con su reducida participación en la población activa.

Dentro del análisis por edades, el indicador de desempleo juvenil agregado resulta de especial interés. Se define como el cociente entre desempleados y activos en el tramo de 15 a 24 años. La comparación internacional sitúa a España como el país con la tasa juvenil más elevada del grupo durante prácticamente toda la serie, con un máximo histórico próximo al 56 por 100 en 2013 y un valor del 24,2 por 100 en 2025 (gráfico 13). Italia ocupa la segunda posición, con valores que oscilan entre el 20 por 100 y el 45 por 100; Francia se mantiene relativamente estable en torno al 20 por 100, mientras que Alemania y los Países Bajos muestran trayectorias contenidas, generalmente por debajo del 12 por 100.

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Para completar la panorámica, el gráfico 14, que muestra el peso de cada cohorte sobre el total de desempleados, refleja la combinación del proceso de envejecimiento con el impacto diferencial del ciclo económico en España y viene a reforzar lo antes expuesto. Durante la fase recesiva 2009-2014, los porcentajes se concentran en las cohortes centrales, entre los 30 y los 49 años, donde el peso del desempleo aumenta de forma notable. En la fase posterior, la composición se desplaza progresivamente hacia las cohortes de mayor edad, entre los 50 y los 64 años.

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Por tanto, el desempleo se concentra de forma sistemática en las cohortes jóvenes, pero durante los episodios recesivos se extiende también a las cohortes centrales, afectando al núcleo productivo del mercado de trabajo. Este patrón resulta especialmente problemático en un contexto de contracción relativa de las generaciones jóvenes, ya que incrementa el coste económico y social de su exclusión y dificulta la acumulación de capital humano.

La mayor incidencia del paro en trabajadores de edad intermedia y avanzada durante las crisis recientes sugiere un aumento de las dificultades de ajuste en estas cohortes. Dado que el desempleo en edades elevadas tiende a asociarse con mayores tasas de inactividad y salidas prematuras del mercado laboral, este fenómeno reduce la oferta efectiva de trabajo y agrava los efectos de la transición demográfica. En una economía en la que el crecimiento de la población en edad de trabajar es cada vez más limitado, estas pérdidas de capital humano adquieren un carácter estructural.

El cambio demográfico se ha convertido en uno de los principales factores estructurales que condicionan la evolución El envejecimiento demográfico y la transición estructural transforman la composición del empleo en Españadel empleo en España, interactuando de forma directa con los procesos de cambio sectorial y ocupacional asociados a las transformaciones tecnológicas, productivas y ambientales. Estas dinámicas no actúan de manera aislada, sino que se superponen a una economía en proceso de transición, caracterizada por la pérdida de peso relativo de determinadas ramas tradicionales y por la expansión de actividades vinculadas a los servicios avanzados, la digitalización y la transición ecológica. El resultado es una recomposición del empleo con implicaciones relevantes en términos de equilibrio entre oferta y demanda de trabajo.

El envejecimiento progresivo de la población activa influye en la distribución sectorial del empleo, tanto por el lado de la oferta como por el de la demanda de trabajo. Por un lado, la mayor permanencia en el empleo de las personas trabajadoras de más edad tiende a reforzar la estabilidad en sectores con menor rotación laboral. Por otro, los cambios demográficos están alterando los patrones de consumo y de demanda de servicios, impulsando el crecimiento de ramas vinculadas a la atención a las personas, la sanidad, los cuidados de larga duración y otros servicios intensivos en empleo49.

Al mismo tiempo, sectores como la industria tradicional, el comercio o el sector primario muestran mayores dificultades para captar mano de obra joven, lo que, unido a los procesos de automatización y reorganización productiva, contribuye a una transformación gradual de su estructura sectorial.

El gráfico 15 presenta, para el periodo 2005-2025, la transformación de la composición del empleo en España desde una perspectiva sectorial. Se observa un desplazamiento progresivo del peso del empleo hacia actividades de servicios, en detrimento relativo de ramas más ligadas a industria y construcción. Esta reasignación sectorial es coherente con la evolución demográfica y productiva del periodo: mayor demanda de servicios asociados a cuidados, salud, educación y servicios a empresas, y un menor protagonismo de sectores más intensivos en mano de obra joven.

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Desde el punto de vista ocupacional, el envejecimiento de la población activa se traduce en un mayor peso relativo de personas trabajadoras sénior en el conjunto del empleo. Este fenómeno tiene implicaciones sobre la composición de las ocupaciones, ya que las trayectorias laborales previas, la acumulación de experiencia y el nivel educativo condicionan la concentración por grupos ocupacionales y la capacidad de adaptación a cambios en el contenido del trabajo.

En paralelo, el empleo ha continuado desplazándose hacia ocupaciones de mayor cualificación y contenido competencial, un proceso que no afecta de manera homogénea a todos los grupos de edad (gráfico 15). Los trabajadores de mayor edad se concentran crecientemente en ocupaciones medias y bajas, incluso en un contexto general de mejoras de las competencias. Además, la capacidad de reconversión ocupacional es menor en edades avanzadas, lo que genera un empeoramiento relativo de las competencias de los mayores dentro de mercados laborales más cualificados en promedio50. Esto explica la posibilidad de coexistencia de mejora agregada de competencias en edades elevadas con riesgos de segmentación etaria.

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