innovación o la transformación de procesos, la transición demográfica, en cambio, opera principalmente como una fuerza estructural “externa” a la que los sectores económicos deben adaptarse. En este contexto, empresas y sectores productivos deben reajustar sus estrategias y operaciones, manteniendo la inversión y la innovación como elementos imprescindibles para preservar su competitividad y sostenibilidad.
Se trata de un cambio gradual pero persistente en la base de población, en la composición de la mano de obra y en la de los hogares y en sus pautas de consumo, cuya dirección resulta difícilmente modulable desde un punto de vista económico. De ahí que el desafío para la actividad económica resida en anticipar sus efectos y ajustar la oferta productiva a una demanda en transformación.
Como se expondrá en el siguiente capítulo, los primeros efectos de esta dinámica sobre la actividad productiva ya son visibles en el mercado de trabajo, donde el envejecimiento de la población activa y el papel creciente de la inmigración están modificando la disponibilidad de mano de obra y las necesidades de cualificación. El presente apartado se centra en otra dimensión complementaria: los cambios agregados en los patrones de consumo y en la demanda de bienes y servicios que se derivan de la evolución demográfica y la respuesta desde los sectores productivos.