España no ha sido ajena a esta evolución poblacional y constituye un caso especialmente relevante dentro del contexto europeo, al combinar un envejecimiento demográfico intenso, con debilidades estructurales históricas del mercado laboral. Actualmente es, junto a Italia, el país de la UE con la menor tasa de natalidad. Con datos de 2024, la tasa de fecundidad de la Unión Europea se ha desplomado hasta el 1,3 (por debajo de la tasa de reemplazo) y España ocupa la penúltima posición con 1,1 solo por delante de Malta. Al mismo tiempo, España es el país con una mayor esperanza de vida entre los socios comunitarios, con 84 años.

En los siguientes apartados se analizará como los patrones poblacionales están reconfigurando de forma profunda el mercado laboral español al reducir el peso de las cohortes jóvenes, aumentar la presencia relativa de trabajadores de más edad y alterar la composición del empleo, el desempleo y la estructura sectorial y ocupacional. Aunque este proceso se ha visto parcialmente compensado por la mayor participación laboral de las mujeres, el aumento de la actividad de las personas sénior y la aportación de la inmigración, plantea desafíos y oportunidades que exigen desplazar el foco de la cantidad a la calidad del empleo y la gestión de la diversidad para favorecer un mercado de trabajo más inclusivo, productivo y resiliente. Para ello las políticas activas de empleo se enfrentan al desafío de adaptar las capacidades y competencias en favor de una oferta de aprendizaje continuo, orientación e intermediación, y mejora de la empleabilidad que beneficie a las personas trabajadoras y al tejido productivo. En este contexto, el diálogo social y la negociación colectiva representan un canal prioritario de adaptación a los cambios demográficos y a nuevas realidades productivas, reforzando la sostenibilidad intergeneracional y del empleo.