1.3. OTROS EFECTOS ECONÓMICOS DEL CAMBIO DEMOGRÁFICO.

La balanza por cuenta corriente también se ve afectada por los cambios demográficos, dado que el proceso de envejecimiento demográfico se produce a diferentes ritmos en los países y el equilibrio entre ahorro e inversión a nivel agregado puede condicionar la dirección de los flujos internacionales de capital29. En los países con un envejecimiento demográfico más temprano se producen salidas de capital asociadas a menores rentabilidades y oportunidades de inversión, y se reflejan en superávits de la balanza por cuenta corriente.

En cambio, la evidencia no es concluyente respecto al impacto sobre la inflación. El envejecimiento provoca cambios en los precios relativos por los cambios en la composición de la cesta de consumo, pero no está claro cómo se trasladan estos cambios a la evolución del índice general. Sí parece más claro el efecto sobre los tipos de interés, ya que las previsiones apuntan a caídas durante las próximas décadas, que podrían limitar la eficacia de la política monetaria30. El envejecimiento induce cambios en las pautas de consumo y ahorro agregado, menor innovación relativa y una mayor demanda de activos seguros ante la mayor aversión al riesgo de la población mayor, factores que hacen más probable que los tipos de interés se sitúen en niveles reducidos31, como refleja el ejemplo de Japón, donde el envejecimiento poblacional generó tal exceso de ahorro que el Banco Central se vio obligado a mantener los tipos en niveles mínimos, e incluso negativos, para estimular la economía.

El cambio demográfico también plantea un riesgo estructural para la estabilidad financiera. El FMI32 se refiere a ello como el “riesgo de longevidad”, entendido como el riesgo de que la gente viva mucho más de lo previsto en las proyecciones existentes, generando un pasivo financiero “incierto” en términos de la capacidad para asumir deudas.

Finalmente, la longevidad supone una mayor presión para los estados más endeudados33, aun a pesar de un posible escenario de tipos de interés bajos, poniendo en riesgo la sostenibilidad de la deuda. Además, el circulo vicioso deuda soberana-deuda bancaria podría hacer que la preocupación por la sostenibilidad de la deuda soberana se traslade al sector bancario.