máximo del 25,6 por 100 en 2013, que prácticamente igualó a la femenina. La brecha por sexo se redujo hasta desaparecer durante el episodio recesivo, no por una mejora del empleo femenino, sino por un deterioro del masculino. Este patrón constituye un rasgo común a las cinco economías analizadas, aunque con magnitudes muy diferentes.
La síntesis de ambas dinámicas se refleja en el gráfico 18. España e Italia presentaban en 1995 una brecha próxima a los 28 puntos porcentuales, la más elevada del grupo. Tres décadas después, España la ha reducido hasta unos 8,0 puntos en actividad y 8,8 puntos en empleo, valores muy próximos a los de Alemania (8,0 y 7,2 puntos, respectivamente) y los Países Bajos (8,0 y 7,9). Francia se mantiene como el país con la brecha más reducida, en el entorno de 5,5 a 6,2 puntos, mientras que Italia mantiene una brecha estructural cercana a los 17 puntos, lo que refleja un patrón de participación femenina más limitado.
El cruce entre las dimensiones de género y edad se recoge en el gráfico 19, referido a la brecha entre las tasas de empleo masculina y femenina. Las cohortes más jóvenes, entre los 15 y los 24 años, presentan brechas reducidas, en torno a 5 puntos o menos. A partir de la cohorte de 30 a 34 años, la brecha se amplía de forma significativa y alcanza sus valores máximos en las cohortes de 35 a 54 años, donde España e Italia partían en 1995 de diferenciales superiores a 40 puntos porcentuales. La reducción posterior es muy acusada en el caso español, que converge hacia valores de entre 10 y 15 puntos en 2025, mientras que Italia mantiene brechas estructurales superiores a 20 puntos en estos tramos.
Esta evidencia indica que la reducción de la brecha agregada en España se explica, en buena medida, por la incorporación masiva de las cohortes femeninas centrales al empleo formal. Este proceso no tiene equivalente en Italia, y en Alemania y los Países Bajos, se inició con anterioridad y desde un nivel de partida más favorable.
En cuanto al desempleo juvenil, su desagregación por sexo también muestra un proceso de convergencia interna en el caso español (gráfico 13). Hasta 2007, la tasa de desempleo juvenil femenina superaba ampliamente a la masculina, con diferenciales de hasta quince puntos porcentuales. La crisis financiera invirtió temporalmente esta relación y, a partir de 2014, ambas series vuelven a separarse, aunque con magnitudes muy inferiores a las iniciales. Alemania y los Países Bajos presentan tasas de desempleo juvenil relativamente equilibradas entre sexos durante todo el periodo, mientras que Italia mantiene una brecha persistente, con tasas femeninas más elevadas. En conjunto, este indicador refuerza la idea de que España mantiene, incluso tras una década de recuperación, el mercado laboral con mayor exposición cíclica del empleo juvenil dentro del grupo analizado.
La tasa de actividad es un indicador de la oferta laboral de un país, en la medida en que refleja la proporción de la población Aumentar la oferta de empleoen edad de trabajar que está dispuesta a incorporarse al mercado de trabajo. En este contexto, el incremento de dicha tasa ofrece un margen de mejora para paliar la escasez de mano de obra y, simultáneamente, complementar la aportación derivada de los flujos migratorios. Con el fin de estimar el potencial de crecimiento de esta oferta laboral, se plantean dos escenarios hipotéticos de población activa para España. El primero adopta un enfoque más expansivo, utilizando como referencia la tasa de actividad más elevada entre los países analizados (correspondiente a Países Bajos51), que se aplica a la población española en edad de trabajar con el objetivo de obtener una estimación del máximo potencial de activos. El segundo escenario, de carácter más moderado, se basa en una media ponderada de las tasas de actividad de un conjunto de países formado por Alemania, Francia, Italia y Países Bajos, ofreciendo así una aproximación alternativa del posible incremento de la participación laboral.
En el gráfico 20 se presentan estas series e incluye cinco series: tres representadas mediante líneas (continuas y discontinuas), referidas al eje vertical izquierdo, y dos representadas mediante barras, cuyos valores se recogen en el eje vertical derecho. La línea continua muestra la evolución del número de personas activas en España durante el período 1995-2025. Por su parte, las dos líneas discontinuas recogen las estimaciones de activos potenciales obtenidas a partir de los dos escenarios propuestos: el máximo y el medio. Finalmente, las dos series de barras representan la brecha existente entre la serie observada de población activa en España y cada una de las dos series hipotéticas construidas, permitiendo así visualizar la magnitud del margen potencial de incremento de la oferta laboral.
El análisis pone de manifiesto un potencial máximo de crecimiento del número de activos cercano a los 4 millones de personas. Esta brecha, inicialmente elevada, se reduce de forma progresiva en la fase más expansiva del ciclo, manteniéndose por debajo de los 2 millones y volviendo a crecer por encima de esta cifra a partir de 2019. Sin embargo, cuando la comparación se realiza utilizando la tasa de actividad media, el margen de crecimiento de la población activa se limita al período anterior a 2003.
En resumen, en un contexto de reducción de la oferta laboral derivada del proceso de cambio demográfico, el esperable aumento de la tasa de actividad, en línea con los países europeos con mayores tasas de actividad en la actualidad, mitigaría parcialmente la reducción de los flujos de entrada en el mercado de trabajo derivados de la transición demográfica.
La tasa de desempleo representa desajustes entre la oferta y la demanda de trabajo. Reducir la ineficiencia asociada al desempleoLa persistencia de personas dispuestas a trabajar y que no logran incorporarse al empleo constituye una señal de ineficiencia en el funcionamiento del mercado laboral. Para aproximar la magnitud real de este problema -más allá del desempleo friccional inevitable en cualquier economía- se construyen series contrafactuales de desempleo a partir de la aplicación de tasas de paro alternativas sobre la población activa observada en España.
Siguiendo el desarrollo realizado en el caso de la oferta de trabajo, aquí se van a considerar también dos escenarios de referencia. El primero corresponde a un escenario de eficiencia relativa, basado en la tasa de desempleo mínima observada entre los países analizados, asociada al caso de Países Bajos. El segundo define un escenario intermedio mediante una tasa media ponderada de Alemania, Francia, Italia y Países Bajos, utilizada como punto de referencia representativo de economías europeas comparables. A partir de estas tasas se estiman niveles contrafactuales de desempleo y, por diferencia respecto a los valores observados, se cuantifican las brechas existentes en cada caso.
De acuerdo con el gráfico 21, los resultados para el conjunto de la economía española muestran la existencia de un desempleo persistente y de elevada magnitud durante todo el período analizado. No obstante, el rasgo más relevante es su carácter estructural. Incluso en fases expansivas y en los años más recientes, España mantiene niveles de desempleo claramente superiores a los compatibles con tasas de paro europeas comparables. En 2025, por ejemplo, el número de desempleados todavía supera en más de un millón de personas el nivel implícito en el escenario medio. Ello sugiere que la elevada incidencia del paro en España no responde únicamente a factores cíclicos o al tamaño de la población activa, sino también a problemas estructurales vinculados al funcionamiento del mercado de trabajo.
La desagregación por sexo introduce diferencias relevantes en este patrón. En el caso de los hombres, el exceso de desempleo presenta una marcada sensibilidad al ciclo económico. Durante la expansión previa a la crisis, la brecha respecto al escenario medio se reduce de forma notable e incluso desaparece en algunos años, reflejando cierta capacidad de convergencia en contextos favorables. Sin embargo, esta mejora resulta transitoria. La crisis provoca un fuerte incremento del desempleo y amplía nuevamente la distancia respecto a los benchmarks europeos, en línea con la elevada exposición masculina a sectores especialmente sensibles al ciclo, como la construcción o parte de la industria.
En el caso de las mujeres, el desempleo presenta una mayor persistencia estructural. La brecha de desempleo respecto a los escenarios contrafactuales permanece positiva a lo largo de todo el período, incluso durante las etapas de mayor crecimiento económico. Aunque el diferencial también se amplía durante la crisis, la ausencia de convergencia en las fases expansivas indica la existencia de obstáculos estructurales para la plena integración laboral femenina.
Este resultado resulta especialmente significativo dado que, como se acaba de ver, el aumento de la participación femenina ha constituido uno de los principales motores de crecimiento de la población activa en España. La persistencia de niveles elevados de desempleo femenino sugiere, por tanto, que una parte del potencial asociado a este cambio estructural no ha logrado traducirse plenamente en empleo efectivo.
En todo caso, en un escenario de envejecimiento demográfico, y por lo tanto de escasez de oferta laboral, es esperable que también se reduzcan las tasas de desempleo. Esta reducción se vería potenciada si paralelamente se adoptan las medidas necesarias para eliminar las trabas de distinto tipo que dificultan el acceso al empleo. Este probable aumento de la tasa de empleo actuaría como un segundo factor de compensación parcial de la previsible futura caída de la población potencialmente activa derivada del cambio demográfico.
La relación con el empleo varía según la edad (gráfico 22). De este modo, se cumple el perfil típico de la participación laboral Mayor actividad y empleo de los trabajadores sénioren forma de “u” invertida, con un inicio del descenso a partir de los 55 años. En perspectiva temporal, entre 2010 y 2024, se advierte un desplazamiento de la curva hacia la derecha a favor de los grupos de edad más elevados (55-59 y 60-64), revelando tasas de participación más altas. De nuevo, los aumentos más acentuados se producen entre las mujeres, cuyos incrementos de participación son notablemente superiores que en los de los hombres antes de los 65, aunque luego se igualan (65-69) y, por encima de los 70, las tasas incluso descienden con respecto a años anteriores.
Esta tendencia al alza es compartida con la evolución en el conjunto de la UE, aunque las disparidades entre países son considerables (gráfico 23). De esta forma, la tasa de participación laboral de las personas sénior en España (entre los 65 y los 74 años de edad) se sitúa entre las más bajas.
La participación laboral de las personas trabajadoras de más edad a lo largo del tiempo refleja los cambios en las características del grupo. Esto es, el progreso (medio) en los niveles educativos y el estado de salud, o los cambios culturales relativos a la relación con el empleo en las edades más avanzadas, modifican la propensión a participar en el empleo de las personas trabajadoras de más edad, en conjunción con los marcos normativos vigentes. En este sentido, la reconstrucción de cohortes sintéticas a partir de la Encuesta de Población Activa presenta un desplazamiento gradual, generación a generación, hacia tasas de participación más elevadas en el intervalo de edad de interés (gráfico 24), siendo más pronunciado en el caso de las mujeres.
Finalmente, cabe destacar el papel de la inmigración como mitigante frente al envejecimiento demográfico, ya que la llegada La aportación de la población inmigrante de trabajadores extranjeros, especialmente jóvenes, permite equilibrar la estructura por edades y mitigar las consecuencias de una población activa cada vez más envejecida. El gráfico 25 muestra la evolución de la edad media de la población ocupada en España, diferenciando por nacionalidad, durante el periodo 2005-202552. En este intervalo se observa que la edad media de los trabajadores nacionales tiende a incrementarse progresivamente, reflejando el envejecimiento de la fuerza laboral autóctona. Por el contrario, la edad media de la población ocupada inmigrante se mantiene más baja, debido a la incorporación de cohortes más jóvenes al mercado laboral, lo que contribuye a moderar el envejecimiento general del conjunto de ocupados.
En España, una parte muy significativa del crecimiento del empleo desde la pandemia ha sido cubierta por población nacida en el extranjero, como se analiza en el capítulo II de la Memoria CES 2025. Este incremento de la población inmigrante se refleja claramente en la comparación entre las pirámides de actividad de los trabajadores nacionales (gráfico 26) y total (gráfico 7). Mientras en 2001 las dos pirámides son similares y simplemente se observa un pequeño incremento en el tamaño de las barras de los activos totales, en 2025 la forma de la pirámide del total de población cambia en relación con lo que se observa con la población nacional incrementando el peso de las cohortes más jóvenes. Este resultado es importante porque refleja que los trabajadores inmigrantes han ido cubriendo el hueco dejado por los nacionales en esas cohortes. Así, mientras por encima de los 50 años los activos no nacionales nunca llegan al 10 por 100, su peso supera el 20 por 100 entre los menores de 20 años y supera el 18 por 100 entre 30 y 40 años.
Del mismo modo, si se compara la pirámide de los trabajadores nacionales (gráfico 27) con la del total de empleados (gráfico 10), se aprecia cómo el envejecimiento es más acusado dentro de los trabajadores nacionales y que el peso de la población trabajadora inmigrante ha permitido mantener en cierta medida la participación de las cohortes laborales más jóvenes. De acuerdo con los datos publicados en Eurostat, la población empleada inmigrante ha crecido desde el 4 por 100 en 2001 a cerca del 16 por 100 en 2025, y en este último año un 46 por 100 de ellos tenían menos de 40 años.
Finalmente, la población trabajadora de origen inmigrante ha desempeñado un papel creciente en la cobertura de vacantes, especialmente en sectores y ocupaciones con mayores necesidades de mano de obra. Su contribución ha sido relevante tanto para sostener el volumen de empleo como para amortiguar, parcialmente, los efectos del envejecimiento de la población autóctona.53
No obstante, persisten desequilibrios importantes en términos de concentración sectorial (gráfico 28) y ocupacional (gráfico 29), con una sobrerrepresentación en actividades y puestos con menores niveles de cualificación o mayor precariedad, desajustes de cualificación, retrasos en el reconocimiento y homologación de títulos, y acreditación de la experiencia laboral, que limitan el aprovechamiento pleno de su capital humano.
Por tanto, la inmigración actuaría como un mitigante adicional, de nuevo parcial, de los efectos contractivos de la transición demográfica sobre la oferta laboral, que se sumaría a los efectos antes mencionados de aumento de la tasa de empleo y de actividad.