3.1. CAMBIOS EN LA COMPOSICIÓN SECTORIAL DE CONSUMO DE ESPAÑA.

Aunque la transición demográfica conjuga distintos elementos, el más evidente es el que va marcando el ciclo vital del grupo de baby boomers, siendo especialmente relevantes sus pautas de consumo dado su peso en el conjunto de la población.

Así, entre 2006 y 2024 el porcentaje de hogares en España encabezados por personas menores de 40 años ha ido disminuyendo progresivamente, mientras que aumentan notablemente los hogares cuya persona de referencia tiene más de 50 años43. De hecho, a falta de estimaciones más recientes, hace cinco años se calculaba44 que los mayores de 50 años concentraban aproximadamente el 60 por 100 del gasto total de consumo. Este grupo -alrededor de 18,6 millones de personas- presentaba un gasto medio anual por persona unos 17.960 euros superior al de los adultos de entre 25 y 49 años.

Por ello, cobra especial relevancia la denominada economía plateada (silver economy45), entendida como el conjunto de actividades económicas vinculadas al envejecimiento de la población y al aumento de la longevidad. La creciente presencia de personas mayores, con niveles de renta, patrimonio y autonomía superiores a los de generaciones anteriores, impulsa una transformación profunda del patrón de gasto, actuando como un vector transversal que impulsa múltiples sectores y redefine productos, servicios y modelos de negocio, principalmente en los servicios de salud, cuidados de larga duración, vivienda adaptada, otros servicios personales o en soluciones tecnológicas orientadas a la autonomía.

Este desplazamiento del consumo hacia la silver economy se ve, al mismo tiempo, matizado por el papel de la inmigración en la formación de nuevos hogares jóvenes. La llegada de población en edades activas contribuye a sostener la demanda vinculada a las fases iniciales del ciclo vital familiar (vivienda, equipamiento del hogar, educación infantil, transporte o consumo cotidiano), amortiguando parcialmente el impacto sobre la demanda interna del proceso de envejecimiento. De hecho, en los últimos años la población extranjera es el principal motor que está sosteniendo la población activa y, por ende, el consumo agregado en España46.

Por consiguiente, la economía española evoluciona hacia una estructura de consumo dual, en la que la expansión de la economía plateada convive con el dinamismo asociado a la creación de nuevos hogares jóvenes. En todo caso, las proyecciones muestran un peso cada vez mayor de los hogares encabezados por personas de más de 60 años, a pesar de incluir previsiones de flujos migratorios. Esta interacción refuerza la idea de que el impacto sectorial del cambio demográfico no es uniforme, sino el resultado de fuerzas simultáneas que reconfiguran de forma compleja el tejido productivo.

A partir de la Encuesta de Presupuestos Familiares del INE, se observa que entre 2006 y 2024, el peso relativo de ciertos grupos de gasto ha variado: aumenta la proporción dedicada a vivienda y suministros, mobiliario y salud, mientras que disminuye la importancia de transporte, alimentación, ropa y ocio (gráfico 6).

Ampliar gráfico 6

Si bien la estructura por edades de la población no actúa sola, sino acompañada de otros cambios socioeconómicos, estos cambios reflejan, en gran medida, el impacto del envejecimiento poblacional y la transformación de las estructuras familiares sobre las preferencias y necesidades de consumo. Por ejemplo, el porcentaje de hogares unipersonales ha pasado del 22 al 28 por 100 entre 2006 y 2024. Este cambio reduce las economías de escala en el consumo doméstico y aumenta la demanda per cápita de bienes y servicios asociados al equipamiento y funcionamiento del hogar, como electrodomésticos, mobiliario o energía. Por otro lado, una proporción más alta de población mayor eleva la demanda de energía (incluidos en los gastos de vivienda) y de bienes y servicios de salud.

De cara a los próximos años, conforme aumente el peso de los hogares de mayor edad, los consumos realizados en el ámbito doméstico, como alimentación, vivienda, equipamiento del hogar y salud, tenderán a ganar relevancia en la demanda, y algunas formas de ocio y turismo asociadas a la población senior podrían mantenerse dinámicas. En cambio, partidas como el vestido, el transporte cotidiano o determinadas comunicaciones podrían perder peso relativo.

En definitiva, el cambio demográfico actúa como un vector de reconfiguración sectorial. La modificación de la estructura por edades, del tamaño y composición de los hogares, y de la distribución territorial de la población altera la composición de la demanda, tanto interna como externa (recuadro 2), y obliga a los distintos sectores a ajustar sus modelos de negocio, su oferta e incluso su localización.