Hay que matizar además el alcance de estos resultados, porque es probable que las dificultades para satisfacer la demanda de trabajo sean mayores que las que reflejan las cifras anteriores. Por un lado,
porque los datos de vacantes no alcanzan al sector primario, donde hay alguna información sectorial que, aunque dispersa y no oficial, se ve reforzada por un envejecimiento muy visible de la población activa agraria, y apunta a dificultades de cobertura de puestos. Esto limita la comparación, toda vez que el peso de este sector en el conjunto asalariado es significativamente mayor en España (3,2 por 100 al final de 2021, uno de los tres valores más altos por países, frente a un 1,7 por 100 en la UE-27).
Por otro lado, porque la preocupación de las empresas por la falta de mano de obra está creciendo también en la industria, la construcción y los servicios, y las cifras que arrojan los indicadores de clima de negocio son significativamente mayores que las de las vacantes, con una tendencia creciente visible desde el año 2016, y con datos en el último tramo de 2021 y en los primeros meses de 2022 que muestran alzas progresivamente mayores. A tenor de estos datos, el porcentaje de empresas que advierten de problemas por carencias de empleo se situaría ahora en el 8 por 100 en la industria, en el 12 por 100 en la construcción y en el 11 por 100 en los servicios de mercado.
Además, aunque España muestre datos pequeños en las vacantes, hay que apreciar el crecimiento relativo de estas que, en especial en algunas actividades, está siendo muy fuerte en el último año. En el conjunto de actividades de mercado, hay valores en 2021 que arrojan incrementos de entre el 75 y el 50 por 100 (construcción e información y comunicaciones), y las demás están en torno al 30 por 100 o más (actividades profesionales, científicas y técnicas, transporte, comercio). En los servicios no de mercado, destaca en España la rama de sanidad y servicios sociales, con un incremento por encima del 30 por 100 que no puede atribuirse exclusivamente a la pandemia, entre otros motivos porque el mayor peso del empleo corresponde aquí a las actividades de servicios sociales, en su gran mayoría de provisión privada y con un fuerte aumento en 2021.
Por último, es preciso recordar que no siempre las necesidades de empleo se traducen en vacantes. En la Encuesta Trimestral de Coste Laboral, que es la principal fuente española sobre estas (y la base de los datos de Eurostat, que se construyen a partir de las encuestas homónimas de los distintos países europeos), figuran los motivos para no abrir nuevos puestos. Pues bien, aunque obviamente el motivo mayoritario sea que no hay necesidad de ello, casi un 3 por 100 de las veces se debe al coste de contratación y otro 2 por 100 a otros motivos: falta de candidatos con formación o cualificación adecuadas; candidatos adecuados rechazaron el puesto, bien por considerar inadecuadas las condiciones económicas, bien por algún otro tipo de circunstancia relativa al puesto. Es llamativo que el peso de estos otros motivos se eleve por encima del 16 por 100 en las empresas más grandes, donde se evidencian necesidades latentes que no se estarían cubriendo con empleos adicionales en un 19 por 100 de los casos.
Todos esos matices, a los que hay que añadir que la propia construcción del indicador sobre vacantes presenta algunas limitaciones103, por lo que no debe ser considerado más que una aproximación general, llevan a preguntarse por cuánto empleo hace realmente falta, y dónde, distinguiendo entre el corto y el medio plazo (pero teniendo también en cuenta la interrelación entre ambos).
La presencia de desajustes a corto plazo, que es lo que traslucen las vacantes y otras informaciones coyunturales, mina la eficiencia de la economía y amplía, en un contexto de paro elevado y persistente, las desigualdades, tanto entre personas como en el territorio. También se puede traducir en un impedimento para la recepción de fondos europeos, esenciales para relanzar la actividad tras la pandemia.
A medio plazo, las previsiones sobre necesidades de empleo apuntan a un incremento acusado de estos desajustes, con un amplio volumen, por el lado de la demanda de trabajo, tanto por el incremento que generarán nuevas actividades impulsadas por la digitalización y por los compromisos medioambientales, como por lo necesario para atender a la reposición de los empleos en un contexto poblacional distinto, con plantillas envejecidas y con una distribución espacial de la población joven más concentrada en áreas urbanas y en ciertas regiones, que puede dificultar adicionalmente esa reposición y agudizar el desequilibrio territorial. En ambos casos es preciso plantearse actuaciones sobre la oferta.
103. La principal es considerar que en un mes (el anterior a la entrevista trimestral) se trata de una vacante, en el sentido de puesto con dificultad de cobertura, porque hay sectores, y sobre todo ocupaciones, donde los procedimientos de selección son más largos. Véase también nota 101.
Hay que matizar además el alcance de estos resultados, porque es probable que las dificultades para satisfacer la demanda de trabajo sean mayores que las que reflejan las cifras anteriores. Por un lado, porque los datos de vacantes no alcanzan al sector primario, donde hay alguna información sectorial que, aunque dispersa y no oficial, se ve reforzada por un envejecimiento muy visible de la población activa agraria, y apunta a dificultades de cobertura de puestos. Esto limita la comparación, toda vez que el peso de este sector en el conjunto asalariado es significativamente mayor en España (3,2 por 100 al final de 2021, uno de los tres valores más altos por países, frente a un 1,7 por 100 en la UE-27).
Por otro lado, porque la preocupación de las empresas por la falta de mano de obra está creciendo también en la industria, la construcción y los servicios, y las cifras que arrojan los indicadores de clima de negocio son significativamente mayores que las de las vacantes, con una tendencia creciente visible desde el año 2016, y con datos en el último tramo de 2021 y en los primeros meses de 2022 que muestran alzas progresivamente mayores. A tenor de estos datos, el porcentaje de empresas que advierten de problemas por carencias de empleo se situaría ahora en el 8 por 100 en la industria, en el 12 por 100 en la construcción y en el 11 por 100 en los servicios de mercado.
Además, aunque España muestre datos pequeños en las vacantes, hay que apreciar el crecimiento relativo de estas que, en especial en algunas actividades, está siendo muy fuerte en el último año. En el conjunto de actividades de mercado, hay valores en 2021 que arrojan incrementos de entre el 75 y el 50 por 100 (construcción e información y comunicaciones), y las demás están en torno al 30 por 100 o más (actividades profesionales, científicas y técnicas, transporte, comercio). En los servicios no de mercado, destaca en España la rama de sanidad y servicios sociales, con un incremento por encima del 30 por 100 que no puede atribuirse exclusivamente a la pandemia, entre otros motivos porque el mayor peso del empleo corresponde aquí a las actividades de servicios sociales, en su gran mayoría de provisión privada y con un fuerte aumento en 2021.
Por último, es preciso recordar que no siempre las necesidades de empleo se traducen en vacantes. En la Encuesta Trimestral de Coste Laboral, que es la principal fuente española sobre estas (y la base de los datos de Eurostat, que se construyen a partir de las encuestas homónimas de los distintos países europeos), figuran los motivos para no abrir nuevos puestos. Pues bien, aunque obviamente el motivo mayoritario sea que no hay necesidad de ello, casi un 3 por 100 de las veces se debe al coste de contratación y otro 2 por 100 a otros motivos: falta de candidatos con formación o cualificación adecuadas; candidatos adecuados rechazaron el puesto, bien por considerar inadecuadas las condiciones económicas, bien por algún otro tipo de circunstancia relativa al puesto. Es llamativo que el peso de estos otros motivos se eleve por encima del 16 por 100 en las empresas más grandes, donde se evidencian necesidades latentes que no se estarían cubriendo con empleos adicionales en un 19 por 100 de los casos.
Todos esos matices, a los que hay que añadir que la propia construcción del indicador sobre vacantes presenta algunas limitaciones103, por lo que no debe ser considerado más que una aproximación general, llevan a preguntarse por cuánto empleo hace realmente falta, y dónde, distinguiendo entre el corto y el medio plazo (pero teniendo también en cuenta la interrelación entre ambos).
La presencia de desajustes a corto plazo, que es lo que traslucen las vacantes y otras informaciones coyunturales, mina la eficiencia de la economía y amplía, en un contexto de paro elevado y persistente, las desigualdades, tanto entre personas como en el territorio. También se puede traducir en un impedimento para la recepción de fondos europeos, esenciales para relanzar la actividad tras la pandemia.
A medio plazo, las previsiones sobre necesidades de empleo apuntan a un incremento acusado de estos desajustes, con un amplio volumen, por el lado de la demanda de trabajo, tanto por el incremento que generarán nuevas actividades impulsadas por la digitalización y por los compromisos medioambientales, como por lo necesario para atender a la reposición de los empleos en un contexto poblacional distinto, con plantillas envejecidas y con una distribución espacial de la población joven más concentrada en áreas urbanas y en ciertas regiones, que puede dificultar adicionalmente esa reposición y agudizar el desequilibrio territorial. En ambos casos es preciso plantearse actuaciones sobre la oferta.
103. La principal es considerar que en un mes (el anterior a la entrevista trimestral) se trata de una vacante, en el sentido de puesto con dificultad de cobertura, porque hay sectores, y sobre todo ocupaciones, donde los procedimientos de selección son más largos. Véase también nota 101.