Digitalización, elemento imprescindible para la descarbonización
Más allá de estas tecnologías transformadoras, se encuentra la digitalización como tecnología habilitadora por excelencia; incluso, se puede llegar a afirmar que sin digitalización no habrá descarbonización. Se establece una relación simbiótica entre ambos retos. Por un lado, la digitalización mejora la eficiencia energética de las actividades económicas, facilita la integración de las energías renovables en los sistemas eléctricos, y favorece la incorporación de tecnologías descarbonizadoras y de nuevos sistemas de gestión de los consumos energéticos114. Por otro lado, la descarbonización ofrece un propósito a la digitalización: la lucha contra el cambio climático.
La hiperconectividad y/o el despliegue masivo del internet de las cosas, tanto en empresas como en hogares, permite mejorar la eficiencia energética con, por ejemplo, el uso de sistemas de refrigeración y calefacción controlados digitalmente o el ajuste de los consumos energéticos a través de domótica inteligente.
La creciente penetración de las tecnologías digitales otorgan una mayor flexibilidad al sistema eléctrico, principalmente gracias a la gestión inteligente e interconectada de la demanda, a una mayor conexión a la red de dispositivos dotados de IoT y al potencial que ofrece la electrificación de la movilidad y la recarga inteligente (smart charging). Resulta clave para el desarrollo conectado de la generación distribuida, de los agregadores, de los mercados virtuales de energía y de los intercambios apoyados en contratos inteligentes m2m. Todo ello en un entorno de elevada actividad investigadora orientada a mejorar la capacidad de almacenamiento de la electricidad en la que la digitalización también resulta imprescindible.
Más allá del sistema eléctrico, la digitalización ofrece soluciones en la búsqueda de una movilidad sostenible, integrada y equilibrada entre el transporte público y privado. Sirva de ejemplo el uso de planificadores de ruta que optimizan el gasto de combustible o la creciente importancia de la movilidad como servicio (MaaS por sus siglas en inglés), que tiene su máximo exponente en las plataformas de movilidad compartida (carsharing o bikesharing). Además, la digitalización facilita el teletrabajo, las videoconferencias o el comercio electrónico, reduciendo la necesidad de desplazamiento y, por ende, de emisiones, aspecto que parece formar parte de la nueva normalidad pospandemia.
La Ley 7/2021 de Cambio climático ha reconocido el papel descarbonizador de la digitalización (art. 6) pero en este terreno la digitalización se enfrenta aún a una serie de desafíos115:
En todo caso, el sector digital debe hacer un esfuerzo para que su contribución positiva a la lucha contra el cambio climático no se vea mermada por su impacto directo sobre el medio ambiente, para lo cual debe asumir e integrar el reto de la descarbonización en todos sus desarrollos futuros.
114. IEA, Digitalization and energy. OECD/IEA, París, 2017.
Digitalización, elemento imprescindible para la
descarbonización
Más allá de estas tecnologías transformadoras, se encuentra la digitalización como tecnología habilitadora por excelencia; incluso, se puede llegar a afirmar que sin digitalización no habrá descarbonización. Se establece una relación simbiótica entre ambos retos. Por un lado, la digitalización mejora la eficiencia energética de las actividades económicas, facilita la integración de las energías renovables en los sistemas eléctricos, y favorece la incorporación de tecnologías descarbonizadoras y de nuevos sistemas de gestión de los consumos energéticos114. Por otro lado, la descarbonización ofrece un propósito a la digitalización: la lucha contra el cambio climático.
La hiperconectividad y/o el despliegue masivo del internet de las cosas, tanto en empresas como en hogares, permite mejorar la eficiencia energética con, por ejemplo, el uso de sistemas de refrigeración y calefacción controlados digitalmente o el ajuste de los consumos energéticos a través de domótica inteligente.
La creciente penetración de las tecnologías digitales otorgan una mayor flexibilidad al sistema eléctrico, principalmente gracias a la gestión inteligente e interconectada de la demanda, a una mayor conexión a la red de dispositivos dotados de IoT y al potencial que ofrece la electrificación de la movilidad y la recarga inteligente (smart charging). Resulta clave para el desarrollo conectado de la generación distribuida, de los agregadores, de los mercados virtuales de energía y de los intercambios apoyados en contratos inteligentes m2m. Todo ello en un entorno de elevada actividad investigadora orientada a mejorar la capacidad de almacenamiento de la electricidad en la que la digitalización también resulta imprescindible.
Más allá del sistema eléctrico, la digitalización ofrece soluciones en la búsqueda de una movilidad sostenible, integrada y equilibrada entre el transporte público y privado. Sirva de ejemplo el uso de planificadores de ruta que optimizan el gasto de combustible o la creciente importancia de la movilidad como servicio (MaaS por sus siglas en inglés), que tiene su máximo exponente en las plataformas de movilidad compartida (carsharing o bikesharing). Además, la digitalización facilita el teletrabajo, las videoconferencias o el comercio electrónico, reduciendo la necesidad de desplazamiento y, por ende, de emisiones, aspecto que parece formar parte de la nueva normalidad pospandemia.
La Ley 7/2021 de Cambio climático ha reconocido el papel descarbonizador de la digitalización (art. 6) pero en este terreno la digitalización se enfrenta aún a una serie de desafíos115:
En todo caso, el sector digital debe hacer un esfuerzo para que su contribución positiva a la lucha contra el cambio climático no se vea mermada por su impacto directo sobre el medio ambiente, para lo cual debe asumir e integrar el reto de la descarbonización en todos sus desarrollos futuros.