Descarbonización de la industria: un desafío con oportunidades
La industria, como segundo sector en términos de emisiones (un 20,8 por 100) tiene un amplio margen para avanzar en mejoras de su eficiencia energética y en la aplicación de nuevas tecnologías que le lleven a su descarbonización. Pero no todas sus subramas se ven igualmente afectadas por este reto; de hecho, como se ha indicado anteriormente, para algunas la transición energética ofrece numerosas oportunidades, pero para otras el desafío es enorme. Todo ello exigirá combinar el necesario tratamiento trasversal de la transición energética con medidas específicas para cada actividad.
Las industrias electrointensivas y la del automóvil son las que mayor interés concentran en cuanto al desafío que supone la transición energética. Para las primeras, que engloban a empresas dedicadas a la siderurgia, la metalurgia, el cemento o las industrias químicas, el importe de la energía (gas y electricidad) puede llegar a representar más del 10 por 100 del valor de su producción (gráfico R-11), además, llevan tiempo bajo el régimen de comercio de emisiones de la Unión Europea y representan cerca del 12 por 100 de la demanda de electricidad en España. Por consiguiente, su transición energética pasa por una mayor integración como agente activo dentro de un sistema energético descarbonizado, por el desarrollo de tecnologías de captura y almacenamiento de carbono105 o de aplicaciones industriales del hidrógeno renovable para que llegue a ser una alternativa competitiva frente al hidrógeno gris o marrón, que se obtienen a partir de hidrocarburos.
La aprobación de un Estatuto de los consumidores electrointensivos se considera un paso fundamental para facilitar su transición energética, permitiendo mitigar, en tanto se producen las innovaciones necesarias, la repercusión en los precios de la energía de los costes asociados al desarrollo de las energías renovables, de la cogeneración de alta eficiencia y del extracoste de financiación de los territorios no peninsulares106.
Por su parte, la industria del automóvil —que responde, directa e indirectamente, de una parte importante del PIB, del empleo y de las exportaciones españolas— también está sufriendo un cambio de paradigma absoluto marcado por la conjunción de las transiciones verde y digital. El vehículo eléctrico se erige como uno de los ejes fundamentales de la descarbonización al facilitar la reducción de emisiones asociadas al transporte y la integración de las renovables en los sistemas eléctricos gracias al desarrollo de baterías de doble flujo; de todo ello se ha hecho eco el PERTE para el desarrollo del vehículo eléctrico y conectado. Pero las innovaciones en este ámbito son constantes y están surgiendo con fuerza las aplicaciones de hidrógeno verde también para vehículos ligeros, que frente a los eléctricos presentan mayor autonomía y repostaje más rápido.
No obstante, además del desafío innovador y tecnológico y la incertidumbre inversora que genera, pasar de fabricar coches de combustión a coches estrictamente eléctricos o de hidrógeno reducirá, con gran probabilidad, la intensidad de mano de obra en la industria del automóvil e impactará en la industria auxiliar —otra de las ramas en la que España es actualmente competitiva—. Además, los nuevos modelos de movilidad modificarán el propio modelo de negocio de esta industria ganando peso su servitización107. Por tanto, deben articularse los mecanismos necesarios para no dejar a nadie atrás tampoco en el sector de la automoción, necesidad que debería contemplarse en la revisión que se haga de la Estrategia de Transición Justa.
105. Algunas de estas industrias, además de consumir grandes cantidades de energía, emiten CO2 durante sus procesos de producción, para su descarbonización necesitarán desarrollar esas tecnologías.
106. Real Decreto 1106/2020, de 15 de diciembre.
Descarbonización de la
industria: un desafío con oportunidades
La industria, como segundo sector en términos de emisiones (un 20,8 por 100) tiene un amplio margen para avanzar en mejoras de su eficiencia energética y en la aplicación de nuevas tecnologías que le lleven a su descarbonización. Pero no todas sus subramas se ven igualmente afectadas por este reto; de hecho, como se ha indicado anteriormente, para algunas la transición energética ofrece numerosas oportunidades, pero para otras el desafío es enorme. Todo ello exigirá combinar el necesario tratamiento trasversal de la transición energética con medidas específicas para cada actividad.
Las industrias electrointensivas y la del automóvil son las que mayor interés concentran en cuanto al desafío que supone la transición energética. Para las primeras, que engloban a empresas dedicadas a la siderurgia, la metalurgia, el cemento o las industrias químicas, el importe de la energía (gas y electricidad) puede llegar a representar más del 10 por 100 del valor de su producción (gráfico R-11), además, llevan tiempo bajo el régimen de comercio de emisiones de la Unión Europea y representan cerca del 12 por 100 de la demanda de electricidad en España. Por consiguiente, su transición energética pasa por una mayor integración como agente activo dentro de un sistema energético descarbonizado, por el desarrollo de tecnologías de captura y almacenamiento de carbono105 o de aplicaciones industriales del hidrógeno renovable para que llegue a ser una alternativa competitiva frente al hidrógeno gris o marrón, que se obtienen a partir de hidrocarburos.
La aprobación de un Estatuto de los consumidores electrointensivos se considera un paso fundamental para facilitar su transición energética, permitiendo mitigar, en tanto se producen las innovaciones necesarias, la repercusión en los precios de la energía de los costes asociados al desarrollo de las energías renovables, de la cogeneración de alta eficiencia y del extracoste de financiación de los territorios no peninsulares106.
Por su parte, la industria del automóvil —que responde, directa e indirectamente, de una parte importante del PIB, del empleo y de las exportaciones españolas— también está sufriendo un cambio de paradigma absoluto marcado por la conjunción de las transiciones verde y digital. El vehículo eléctrico se erige como uno de los ejes fundamentales de la descarbonización al facilitar la reducción de emisiones asociadas al transporte y la integración de las renovables en los sistemas eléctricos gracias al desarrollo de baterías de doble flujo; de todo ello se ha hecho eco el PERTE para el desarrollo del vehículo eléctrico y conectado. Pero las innovaciones en este ámbito son constantes y están surgiendo con fuerza las aplicaciones de hidrógeno verde también para vehículos ligeros, que frente a los eléctricos presentan mayor autonomía y repostaje más rápido.
No obstante, además del desafío innovador y tecnológico y la incertidumbre inversora que genera, pasar de fabricar coches de combustión a coches estrictamente eléctricos o de hidrógeno reducirá, con gran probabilidad, la intensidad de mano de obra en la industria del automóvil e impactará en la industria auxiliar —otra de las ramas en la que España es actualmente competitiva—. Además, los nuevos modelos de movilidad modificarán el propio modelo de negocio de esta industria ganando peso su servitización107. Por tanto, deben articularse los mecanismos necesarios para no dejar a nadie atrás tampoco en el sector de la automoción, necesidad que debería contemplarse en la revisión que se haga de la Estrategia de Transición Justa.
105. Algunas de estas industrias, además de consumir grandes cantidades de energía, emiten CO2 durante sus procesos de producción, para su descarbonización necesitarán desarrollar esas tecnologías.
106. Real Decreto 1106/2020, de 15 de diciembre.