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Hacia un transporte menos carbonizado

El esfuerzo descarbonizador del sector de la generación eléctrica ha dejado al transporte como el mayor emisor de gases de efecto invernadero en España (27 por 100 del total). Esto es debido, principalmente, a la importancia del transporte por carretera, a la preferencia del vehículo privado y a la heterogénea distribución de la población en el territorio nacional 102. El 85,4 por 100 del transporte de viajeros y el 95,2 por 100 del de mercancías se realiza por carretera, lo que se traduce directamente en un alto consumo de hidrocarburos103. De hecho, el gasóleo protagoniza el consumo de combustibles, mientras que la presencia de biocarburantes es todavía baja, aunque se prevé alcance el 10 por 100 en 2022, en línea con los compromisos adquiridos104.

El reto en este sector es atender a las diferentes necesidades y soluciones descarbonizadoras que se presentan según se trate de transporte ligero o pesado, aunque ambos comparten el desafío de mejorar su eficiencia energética. Para el primer caso, el vehículo eléctrico parece ser la alternativa por excelencia, mientras que para el segundo se investigan aplicaciones de combustibles alternativos como el hidrógeno. De hecho, el PNIEC prevé, de manera general, optimizar los modos de movilidad, aumentar la electrificación del transporte y el uso de combustibles alternativos hasta alcanzar el 28 por 100 de energía renovable, y en consecuencia, reducir las emisiones más del 30 por 100 en esta década, con vistas a alcanzar la neutralidad climática en 2050.

No obstante, cabe subrayar que el reto de descarbonizar el transporte por carretera, que en gran parte pasa por una renovación de las flotas de vehículos, no podrá ser asumido de manera homogénea por todo el tejido empresarial, ya que en esta actividad conviven pequeñas empresas y autónomos, con grandes compañías de transporte y logística, con capacidades económico-financieras muy desiguales. Las medidas previstas en este ámbito deberán dar respuesta a esta realidad. Asimismo, los vehículos eléctricos necesitan contar con el adecuado despliegue de una infraestructura de recarga rápida, lo que exige un desarrollo paralelo y acompasado de estos dos vectores esenciales para la descarbonización del transporte. España, que en 2020 contaba con unos 7.400 puntos de recarga (correspondiendo el 28,7 por 100 a recarga rápida), ocupa una de las últimas posiciones en términos de puntos de recarga total por kilómetro de autovía (gráfico R-10).







Poniendo el foco en las ciudades, otra de las herramientas clave en respuesta al aumento de la contaminación atmosférica es la adopción, antes de 2023, de planes de movilidad urbana, incluyendo la creación de zonas de bajas emisiones (ZBE).

102. Gobierno de España, Estrategia España 2050.

103. Ministerio de Transportes, Movilidad y Agenda Urbana, Estrategia de Movilidad Segura, Sostenible y Conectada 2030 (diciembre 2021), Observatorio de Transporte y Logística, Estadísticas.

104. Real Decreto 205/2021, de 30 de marzo.

Gráfico R-10. Infraestructuras de recarga de vehículos eléctricos en la Unión Europea

Gráfico R-9. Transición energética del sector del transporte en España

Hacia un transporte

menos carbonizado

El esfuerzo descarbonizador del sector de la generación eléctrica ha dejado al transporte como el mayor emisor de gases de efecto invernadero en España (27 por 100 del total). Esto es debido, principalmente, a la importancia del transporte por carretera, a la preferencia del vehículo privado y a la heterogénea distribución de la población en el territorio nacional102. El 85,4 por 100 del transporte de viajeros y el 95,2 por 100 del de mercancías se realiza por carretera, lo que se traduce directamente en un alto consumo de hidrocarburos103. De hecho, el gasóleo protagoniza el consumo de combustibles, mientras que la presencia de biocarburantes es todavía baja, aunque se prevé alcance el 10 por 100 en 2022, en línea con los compromisos adquiridos104.

El reto en este sector es atender a las diferentes necesidades y soluciones descarbonizadoras que se presentan según se trate de transporte ligero o pesado, aunque ambos comparten el desafío de mejorar su eficiencia energética. Para el primer caso, el vehículo eléctrico parece ser la alternativa por excelencia, mientras que para el segundo se investigan aplicaciones de combustibles alternativos como el hidrógeno. De hecho, el PNIEC prevé, de manera general, optimizar los modos de movilidad, aumentar la electrificación del transporte y el uso de combustibles alternativos hasta alcanzar el 28 por 100 de energía renovable, y en consecuencia, reducir las emisiones más del 30 por 100 en esta década, con vistas a alcanzar la neutralidad climática en 2050.

No obstante, cabe subrayar que el reto de descarbonizar el transporte por carretera, que en gran parte pasa por una renovación de las flotas de vehículos, no podrá ser asumido de manera homogénea por todo el tejido empresarial, ya que en esta actividad conviven pequeñas empresas y autónomos, con grandes compañías de transporte y logística, con capacidades económico-financieras muy desiguales. Las medidas previstas en este ámbito deberán dar respuesta a esta realidad. Asimismo, los vehículos eléctricos necesitan contar con el adecuado despliegue de una infraestructura de recarga rápida, lo que exige un desarrollo paralelo y acompasado de estos dos vectores esenciales para la descarbonización del transporte. España, que en 2020 contaba con unos 7.400 puntos de recarga (correspondiendo el 28,7 por 100 a recarga rápida), ocupa una de las últimas posiciones en términos de puntos de recarga total por kilómetro de autovía (gráfico R-10).







Poniendo el foco en las ciudades, otra de las herramientas clave en respuesta al aumento de la contaminación atmosférica es la adopción, antes de 2023, de planes de movilidad urbana, incluyendo la creación de zonas de bajas emisiones (ZBE).

Gráfico R-10. Infraestructuras de recarga de vehículos eléctricos en la Unión Europea

Gráfico R-9. Transición energética del sector del transporte en España