7. Véase, para un mayor detalle, el apartado 1.1.1 del capítulo II de esta Memoria.
Evolución socioeconómica del año 2021 y previsiones a corto plazo
Tras la histórica recesión sufrida en 2020 a causa de la pandemia, tanto la Unión Europea como el conjunto de los Estados miembros registraron a lo largo de 2021 crecimientos continuados del PIB, especialmente intensos entre primavera y otoño conforme se levantaban las restricciones y avanzaba la vacunación. El crecimiento del PIB se situó en el 5,4 por 100, tanto para la Unión Europea como para la zona euro, habiendo alcanzado el nivel de actividad previo a la pandemia ya en el tercer trimestre de 2021. Esta evolución estaba acompañada de la recuperación progresiva del empleo, el ahorro elevado de los hogares y el mantenimiento de unas condiciones de financiación todavía favorables. Por su parte, las medidas de apoyo presupuestario siguieron reflejando un déficit elevado, aunque la recuperación había contribuido a que este fuera algo menor de lo inicialmente previsto; de ahí que se esperara que la ratio de deuda sobre el PIB pudiera empezar a disminuir a medio plazo.
Sin embargo, en el último trimestre se observaron algunas señales de desaceleración. Aunque se confiaba en que la implementación de los planes de recuperación en los Estados miembros contribuirían al cr.ecimiento y permitirían consolidar una fase expansiva sólida, la desaceleración fue más aguda de lo previsto, al intensificarse los factores negativos para el crecimiento por la nueva ola de la variante ómicron que llevó a nuevas medidas de contención y a falta de mano de obra por contagios elevados o cuarentenas preventivas, por las perturbaciones en la oferta en un contexto de persistencia de los cuellos de botella por motivos logísticos y de falta de suministros y por el encarecimiento de los precios de la energía, principalmente del gas, y su impacto en la inflación.
En cuanto a los socios comunitarios, todos volvieron a tasas de crecimiento positivas en 2021, si bien la recuperación económica está siendo dispar (desde el máximo de Irlanda con un crecimiento del 13,5 por 100 al de Alemania del 2,9 por 100), tanto por la propia evolución de la pandemia como por el diferente impacto en sus sistemas productivos de los problemas en la oferta o el incremento de los precios energéticos.
Inicialmente, el repunte en la inflación se había considerado transitorio, esperando que los precios energéticos se moderasen a medio plazo. Sin embargo, desde principios de 2022 se confirma que han adquirido un carácter persistente y cada vez más generalizado (en marzo de 2022 del 7,8 por 100 en la Unión Europea y del 7,4 en la zona euro) que se agrava en el contexto de la guerra en Ucrania y que añade elevados riesgos a la recuperación económica de la Unión. De hecho, el Banco Central Europeo, que había considerado la inflación como un fenómeno transitorio, ha mantenido una postura ambivalente durante los primeros meses de 2022, avanzando primero hacia una normalización gradual de la política monetaria ponderada en función de los riesgos para el crecimiento, pero que después, ante una inflación elevada y creciente que se aleja del objetivo de estabilidad de precios, le ha llevado a acelerar el fin de su programa de compras de activos públicos con el consiguiente riesgo para la recuperación económica.
Por otro lado, la evolución de los mercados de trabajo de la Unión fue positiva con una recuperación progresiva del empleo (creación de 6 millones de empleos desde el inicio de la pandemia) y la reducción de la tasa de desempleo (7 por 100 en la Unión Europea y 7,7 por 100 en la zona euro) gracias al teletrabajo y, sobre todo, al uso generalizado de mecanismos de mantenimiento del empleo que permitieron amortiguar el impacto de la crisis con carácter general, aunque se constatan diferencias entre mujeres y hombres, personas jóvenes y desempleadas de larga duración, así como en los sectores más afectados por la crisis7.
Las previsiones de la Comisión Europea, previas al conflicto bélico, anticipaban una recuperación sólida y prolongada que, no obstante, se han visto modificadas sustancialmente ante el nuevo escenario de incertidumbre abierto con la invasión de Ucrania, que ha provocado presiones al alza adicionales sobre los precios de las materias primas, principalmente energéticas, y nuevas perturbaciones en la oferta. Así, las previsiones de primavera de la Comisión (cuadro 2) se han corregido a la baja pero continúan apuntando a la recuperación del PIB con un avance del 2,7 por 100 en 2022 y del 2,3 por 100 en 2023 tanto en la Unión Europea como en la zona euro, apoyado en el mayor consumo privado, un mercado laboral fuerte, medidas fiscales para compensar el aumento de los precios de la energía y el impacto de las inversiones y reformas del Mecanismo de Recuperación y Resiliencia.
7. Véase, para un mayor detalle, el apartado 1.1.1 del capítulo II de esta Memoria.
Evolución socioeconómica
del año 2021 y previsiones
a corto plazo
Tras la histórica recesión sufrida en 2020 a causa de la pandemia, tanto la Unión Europea como el conjunto de los Estados miembros registraron a lo largo de 2021 crecimientos continuados del PIB, especialmente intensos entre primavera y otoño conforme se levantaban las restricciones y avanzaba la vacunación. El crecimiento del PIB se situó en el 5,4 por 100, tanto para la Unión Europea como para la zona euro, habiendo alcanzado el nivel de actividad previo a la pandemia ya en el tercer trimestre de 2021. Esta evolución estaba acompañada de la recuperación progresiva del empleo, el ahorro elevado de los hogares y el mantenimiento de unas condiciones de financiación todavía favorables. Por su parte, las medidas de apoyo presupuestario siguieron reflejando un déficit elevado, aunque la recuperación había contribuido a que este fuera algo menor de lo inicialmente previsto; de ahí que se esperara que la ratio de deuda sobre el PIB pudiera empezar a disminuir a medio plazo.
Sin embargo, en el último trimestre se observaron algunas señales de desaceleración. Aunque se confiaba en que la implementación de los planes de recuperación en los Estados miembros contribuirían al crecimiento y permitirían consolidar una fase expansiva sólida, la desaceleración fue más aguda de lo previsto, al intensificarse los factores negativos para el crecimiento por la nueva ola de la variante ómicron que llevó a nuevas medidas de contención y a falta de mano de obra por contagios elevados o cuarentenas preventivas, por las perturbaciones en la oferta en un contexto de persistencia de los cuellos de botella por motivos logísticos y de falta de suministros y por el encarecimiento de los precios de la energía, principalmente del gas, y su impacto en la inflación.
En cuanto a los socios comunitarios, todos volvieron a tasas de crecimiento positivas en 2021, si bien la recuperación económica está siendo dispar (desde el máximo de Irlanda con un crecimiento del 13,5 por 100 al de Alemania del 2,9 por 100), tanto por la propia evolución de la pandemia como por el diferente impacto en sus sistemas productivos de los problemas en la oferta o el incremento de los precios energéticos.
Inicialmente, el repunte en la inflación se había considerado transitorio, esperando que los precios energéticos se moderasen a medio plazo. Sin embargo, desde principios de 2022 se confirma que han adquirido un carácter persistente y cada vez más generalizado (en marzo de 2022 del 7,8 por 100 en la Unión Europea y del 7,4 en la zona euro) que se agrava en el contexto de la guerra en Ucrania y que añade elevados riesgos a la recuperación económica de la Unión. De hecho, el Banco Central Europeo, que había considerado la inflación como un fenómeno transitorio, ha mantenido una postura ambivalente durante los primeros meses de 2022, avanzando primero hacia una normalización gradual de la política monetaria ponderada en función de los riesgos para el crecimiento, pero que después, ante una inflación elevada y creciente que se aleja del objetivo de estabilidad de precios, le ha llevado a acelerar el fin de su programa de compras de activos públicos con el consiguiente riesgo para la recuperación económica.
Por otro lado, la evolución de los mercados de trabajo de la Unión fue positiva con una recuperación progresiva del empleo (creación de 6 millones de empleos desde el inicio de la pandemia) y la reducción de la tasa de desempleo (7 por 100 en la Unión Europea y 7,7 por 100 en la zona euro) gracias al teletrabajo y, sobre todo, al uso generalizado de mecanismos de mantenimiento del empleo que permitieron amortiguar el impacto de la crisis con carácter general, aunque se constatan diferencias entre mujeres y hombres, personas jóvenes y desempleadas de larga duración, así como en los sectores más afectados por la crisis7.
Las previsiones de la Comisión Europea, previas al conflicto bélico, anticipaban una recuperación sólida y prolongada que, no obstante, se han visto modificadas sustancialmente ante el nuevo escenario de incertidumbre abierto con la invasión de Ucrania, que ha provocado presiones al alza adicionales sobre los precios de las materias primas, principalmente energéticas, y nuevas perturbaciones en la oferta. Así, las previsiones de primavera de la Comisión (cuadro 2) se han corregido a la baja pero continúan apuntando a la recuperación del PIB con un avance del 2,7 por 100 en 2022 y del 2,3 por 100 en 2023 tanto en la Unión Europea como en la zona euro, apoyado en el mayor consumo privado, un mercado laboral fuerte, medidas fiscales para compensar el aumento de los precios de la energía y el impacto de las inversiones y reformas del Mecanismo de Recuperación y Resiliencia.