Evolución económica y pandémica del año 2021
Después de que en 2020 las restricciones a la movilidad para hacer frente a la pandemia de COVID-19 provocasen un retroceso de la economía global del 3,1 por 100, el descubrimiento y difusión de vacunas y la consiguiente reapertura gradual del sector servicios propiciaron que en 2021 se produjera un rebote de la actividad económica del 6,1 por 1001.
No obstante, al igual que la recesión durante el primer año de pandemia fue muy desigual entre los
distintos países, la recuperación posterior también lo está siendo, tal y como se refleja en el hecho de que mientras 22 países experimentaron un crecimiento del PIB superior al 10 por 100, otros 20 territorios no pudieran evitar la recesión.
Favorecidos por el importante impulso monetario y fiscal implementado desde el inicio de la crisis, los países desarrollados minimizaron posibles daños estructurales en sus sistemas productivos mitigando el deterioro de sus potenciales de crecimiento. Así, Estados Unidos, al igual que otras economías avanzadas como Australia, Corea del Sur o Suiza, logró en 2021 alcanzar sus niveles de PIB de 2019; si bien la Eurozona, Japón, Canadá y Reino Unido, a pesar de mostrar en algunos casos elevadas tasas de crecimiento, tendrán que esperar como mínimo a 2022 para recuperar el ritmo de actividad prepandémico.
Por su parte, en lo que respecta a los países en desarrollo las diferencias fueron mayores. Así, mientras las economías de China, India y de productores de hidrocarburos tales como Rusia, Brasil o Nigeria también experimentaron una evolución favorable, otras no consiguieron converger hacia su tendencia de crecimiento previa. En algunos casos esto se debió a la existencia de estructuras productivas poco diversificadas que ya les perjudicó sobremanera durante el confinamiento de 2020. Pero en general, las principales causas fueron el menor margen disponible en política económica para implementar medidas extraordinarias de ayuda a hogares y empresas o para poner en marcha planes de recuperación, así como la insuficiente capacidad de los sistemas sanitarios para frenar los contagios por coronavirus.
A comienzos de 2022 se contabilizaban a nivel mundial más de seis millones de muertos y casi 500 millones de contagiados por COVID-19 desde que se inició la pandemia, pero esta cifra agregada no
permite apreciar el diferente impacto entre países, especialmente a partir del inicio de la difusión de vacunas. A este respecto, mientras que a comienzos de 2022 alrededor del 70 por 100 de la población de
los países desarrollados ya había recibido al menos la primera dosis, en los países de bajos ingresos (donde se acumula el 20 por 100 de la población mundial) dicho porcentaje apenas alcanzaba el 5 por 1002. Uno de los factores que ha propiciado este desequilibrio es la falta de un pacto para, en el marco del acuerdo de propiedad intelectual de la Organización Mundial de Comercio, liberar temporalmente patentes farmacéuticas que amplíe el mecanismo de Acceso Mundial a vacunas para el COVID-19 (Covax).
Tal circunstancia, junto al diferente impacto de la pandemia y el desigual ritmo de recuperación, ha contribuido a incrementar los niveles de desigualdad, tanto entre países como dentro de estos. Así, en 2021 el 10 por 100 más rico de la población recibió el 52 por 100 de los ingresos, acumulando el 76 por 100 de la riqueza mundial, mientras que para el 50 por 100 más pobre las cuotas de ingresos y riqueza global se limitaron al 8,5 y 2 por 100 respectivamente3.
Uno de los principales motores de la recuperación fue el comercio mundial de bienes y servicios, que tras una caída del 7,9 por 100 en 2020, en 2021 experimentó un incremento del 10,1 por 100. Sin embargo,
cabe destacar que este avance hubiera sido significativamente superior de no haberse producido durantela segunda mitad del año un desacople a escala global entre oferta y demanda que provocó importantes cuellos de botella en la producción y distribución internacional de bienes (recuadro 1), lo que en última instancia frenó el crecimiento económico previsto e impulsó la inflación un 3,1 por 100 en los países desarrollados y un 5,9 por 100 en los emergentes.
Dentro de este contexto inflacionista, en el que no debe minusvalorarse el efecto base, cabe incidir en
el aumento de precios experimentado por algunas de las principales materias primas a lo largo de 2021 tras desplomarse al inicio de la pandemia (cuadro 1). En líneas generales, la intensa reactivación económica fue una de las más importantes causas de este fenómeno, pero también hubo
shocks de oferta. En relación a los hidrocarburos, la falta de inversión en el sector durante los últimos años en previsión de la transición energética en curso hacia fuentes renovables, junto a disrupciones climatológicas o políticas en algunos de los principales exportadores, limitó la capacidad de producción frente a un incremento repentino de la demanda. Dicha coyuntura empujó en noviembre a Estados Unidos, China, Japón, Corea del Sur y Reino Unido a poner parte de sus reservas estratégicas de petróleo en circulación, pero el efecto sobre el precio del barril Brent tan solo duró unas semanas. Posteriormente, en enero de 2022 la OPEP aumentó su producción en 400.000 barriles diarios, aunque esta medida también se ha mostrado de momento insuficiente. A su vez, el mercado de gas (más compartimentado que el de petróleo) se tensionó de manera adicional en 2021 por un invierno especialmente frío, durante el cual Rusia redujo sus ventas a la Unión Europea tanto por razones técnicas como políticas, destacando su uso como medida de presión para reducir las sanciones europeas por la ocupación de Crimea y acelerar la apertura del gaseoducto Nord Stream 2. Igualmente, China incrementó su demanda de GNL por la bajada en su producción de carbón y energía hidroeléctrica, se cerraron plantas como la de Groningen en Países Bajos y se encarecieron los derechos de emisión de carbono.
Asimismo, los precios de buena parte del resto de materias primas también aumentaron a lo largo de 2021. El alza experimentada por los metales se explica fundamentalmente por su rigidez de oferta a corto plazo para atender semejante auge de la demanda mundial, mientras que en el caso de los alimentos influyeron tanto la importante pérdida de cosechas en China como el encarecimiento de los fertilizantes, a su vez, vinculado a la subida de precios de los hidrocarburos. A este respecto, resulta preocupante que el aumento del precio de los alimentos se concentre en áreas donde la inseguridad alimentaria es elevada, incidiendo en mayor medida en los hogares más vulnerables y aumentando el riesgo de inestabilidad social4.
En cuanto al funcionamiento de los mecanismos de gobernanza multilateral, 2021 reflejó un balance desigual. Por un lado, en el marco de la OCDE, 136 países (que representan más del 90 por 100 del PIB mundial) alcanzaron un acuerdo para la tributación global de las empresas multinacionales (EMN) en base a dos pilares: el primero insta a las EMN cuyas ventas
superen los 20.000 millones de euros y rentabilidades del 10 por 100 a tributar en cada país por los ingresos efectivos obtenidos en el mismo independientemente de su presencia física, mientras que el segundo establece un tipo impositivo mínimo global para el impuesto de sociedades del 15 por 100 a aquellas EMN con una cifra de negocios superior a 750 millones de euros.
Igualmente, con un año de retraso se celebró en Glasgow la COP26, en la cual se produjeron ciertos acuerdos para intentar frenar el calentamiento global a 1,5°C sobre los niveles preindustriales (recuadro 2), aunque claramente insuficientes tal y como refleja el tercer informe del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático5.
En sentido opuesto, como ya se ha indicado, la cobertura del mecanismo Covax para el acceso equitativo a las vacunas contra el COVID-19 está siendo mucho menor de la prevista, mientras que la reversión de algunas medidas unilateralistas llevadas a cabo por Estados Unidos durante la presidencia de Trump no está siendo tan rápida como cabría esperar. Así, aunque es reseñable que el país norteamericano volviera a la Organización Mundial de la Salud y al Acuerdo de París, desbloqueara el mencionado acuerdo de la OCDE, y pactara una tregua comercial de cinco años con la Unión Europea (a la que también eliminó los aranceles unilaterales sobre el aluminio y el acero) sobre el conflicto por los respectivos subsidios ilegales a Boeing y Airbus, todavía no ha desbloqueado el nombramiento de jueces en el mecanismo de apelación del órgano de resolución de diferencias de la Organización Mundial de Comercio (OMC). Paralizado desde diciembre de 2019 al no alcanzarse el quórum mínimo de tres miembros, la reactivación de dicho mecanismo es el paso previo de la reforma que la OMC necesita para garantizar el correcto funcionamiento del libre comercio. De igual manera, aunque las relaciones con China se apaciguaron en las formas, la primera fase del acuerdo comercial alcanzado a comienzos de 2020 por el cual ambos países se comprometían a rebajar aranceles y potenciar el comercio bilateral todavía no se ha ejecutado.
Todo ello en un contexto en el que la relocalización industrial de las economías desarrolladas, ya iniciada años atrás a consecuencia de la robotización y el aumento de costes salariales en las economías emergentes, se ha visto incentivada durante la pandemia por la búsqueda de una mayor autonomía a través de cadenas de suministro más cortas y fiables. Dicha tendencia se observa especialmente en productos de carácter estratégico y sanitario, lo que supone una priorización de la seguridad nacional y la salud pública por encima de la reducción de costes.
1. A no ser que se indique lo contrario, los datos económicos de este epígrafe proceden de las Perspectivas de la Economía Mundial del FMI publicadas en abril de 2022.
2. World Economic Forum, The Global Risks Report 2022.
3. IPCC, Climate Change 2022: Mitigation of Climate Change. Contribution of Working Group III to the Sixth Assessment Report of the Intergovernmental Panel on Climate Change.
4. IPCC, Climate Change 2022: Mitigation of Climate Change. Contribution of Working Group III to the Sixth Assessment Report of the Intergovernmental Panel on Climate Change.
5. IPCC, Climate Change 2022: Mitigation of Climate Change. Contribution of Working Group III to the Sixth Assessment Report of the Intergovernmental Panel on Climate Change.
Evolución económica y
pandémica del año 2021
Después de que en 2020 las restricciones a la movilidad para hacer frente a la pandemia de COVID-19 provocasen un retroceso de la economía global del 3,1 por 100, el descubrimiento y difusión de vacunas y la consiguiente reapertura gradual del sector servicios propiciaron que en 2021 se produjera un rebote de la actividad económica del 6,1 por 1001.
No obstante, al igual que la recesión durante el primer año de pandemia fue muy desigual entre los distintos países, la recuperación posterior también lo está siendo, tal y como se refleja en el hecho de que mientras 22 países experimentaron un crecimiento del PIB superior al 10 por 100, otros 20 territorios no pudieran evitar la recesión.
Favorecidos por el importante impulso monetario y fiscal implementado desde el inicio de la crisis, los países desarrollados minimizaron posibles daños estructurales en sus sistemas productivos mitigando el deterioro de sus potenciales de crecimiento. Así, Estados Unidos, al igual que otras economías avanzadas como Australia, Corea del Sur o Suiza, logró en 2021 alcanzar sus niveles de PIB de 2019; si bien la Eurozona, Japón, Canadá y Reino Unido, a pesar de mostrar en algunos casos elevadas tasas de crecimiento, tendrán que esperar como mínimo a 2022 para recuperar el ritmo de actividad prepandémico.
Por su parte, en lo que respecta a los países en desarrollo las diferencias fueron mayores. Así, mientras las economías de China, India y de productores de hidrocarburos tales como Rusia, Brasil o Nigeria también experimentaron una evolución favorable, otras no consiguieron converger hacia su tendencia de crecimiento previa. En algunos casos esto se debió a la existencia de estructuras productivas poco diversificadas que ya les perjudicó sobremanera durante el confinamiento de 2020. Pero en general, las principales causas fueron el menor margen disponible en política económica para implementar medidas extraordinarias de ayuda a hogares y empresas o para poner en marcha planes de recuperación, así como la insuficiente capacidad de los sistemas sanitarios para frenar los contagios por coronavirus.
A comienzos de 2022 se contabilizaban a nivel mundial más de seis millones de muertos y casi 500 millones de contagiados por COVID-19 desde que se inició la pandemia, pero esta cifra agregada no permite apreciar el diferente impacto entre países, especialmente a partir del inicio de la difusión de vacunas. A este respecto, mientras que a comienzos de 2022 alrededor del 70 por 100 de la población de los países desarrollados ya había recibido al menos la primera dosis, en los países de bajos ingresos (donde se acumula el 20 por 100 de la población mundial) dicho porcentaje apenas alcanzaba el 5 por 1002. Uno de los factores que ha propiciado este desequilibrio es la falta de un pacto para, en el marco del acuerdo de propiedad intelectual de la Organización Mundial de Comercio, liberar temporalmente patentes farmacéuticas que amplíe el mecanismo de Acceso Mundial a vacunas para el COVID-19 (Covax).
Tal circunstancia, junto al diferente impacto de la pandemia y el desigual ritmo de recuperación, ha contribuido a incrementar los niveles de desigualdad, tanto entre países como dentro de estos. Así, en 2021 el 10 por 100 más rico de la población recibió el 52 por 100 de los ingresos, acumulando el 76 por 100 de la riqueza mundial, mientras que para el 50 por 100 más pobre las cuotas de ingresos y riqueza global se limitaron al 8,5 y 2 por 100 respectivamente3.
Uno de los principales motores de la recuperación fue el comercio mundial de bienes y servicios, que tras una caída del 7,9 por 100 en 2020, en 2021 experimentó un incremento del 10,1 por 100. Sin embargo, cabe destacar que este avance hubiera sido significativamente superior de no haberse producido durante la segunda mitad del año un desacople a escala global entre oferta y demanda que provocó importantes cuellos de botella en la producción y distribución internacional de bienes (recuadro 1), lo que en última instancia frenó el crecimiento económico previsto e impulsó la inflación un 3,1 por 100 en los países desarrollados y un 5,9 por 100 en los emergentes.
Dentro de este contexto inflacionista, en el que no debe minusvalorarse el efecto base, cabe incidir en el aumento de precios experimentado por algunas de las principales materias primas a lo largo de 2021 tras desplomarse al inicio de la pandemia (cuadro 1). En líneas generales, la intensa reactivación económica fue una de las más importantes causas de este fenómeno, pero también hubo shocks de oferta. En relación a los hidrocarburos, la falta de inversión en el sector durante los últimos años en previsión de la transición energética en curso hacia fuentes renovables, junto a disrupciones climatológicas o políticas en algunos de los principales exportadores, limitó la capacidad de producción frente a un incremento repentino de la demanda. Dicha coyuntura empujó en noviembre a Estados Unidos, China, Japón, Corea del Sur y Reino Unido a poner parte de sus reservas estratégicas de petróleo en circulación, pero el efecto sobre el precio del barril Brent tan solo duró unas semanas. Posteriormente, en enero de 2022 la OPEP aumentó su producción en 400.000 barriles diarios, aunque esta medida también se ha mostrado de momento insuficiente. A su vez, el mercado de gas (más compartimentado que el de petróleo) se tensionó de manera adicional en 2021 por un invierno especialmente frío, durante el cual Rusia redujo sus ventas a la Unión Europea tanto por razones técnicas como políticas, destacando su uso como medida de presión para reducir las sanciones europeas por la ocupación de Crimea y acelerar la apertura del gaseoducto Nord Stream 2. Igualmente, China incrementó su demanda de GNL por la bajada en su producción de carbón y energía hidroeléctrica, se cerraron plantas como la de Groningen en Países Bajos y se encarecieron los derechos de emisión de carbono.
Asimismo, los precios de buena parte del resto de materias primas también aumentaron a lo largo de 2021. El alza experimentada por los metales se explica fundamentalmente por su rigidez de oferta a corto plazo para atender semejante auge de la demanda mundial, mientras que en el caso de los alimentos influyeron tanto la importante pérdida de cosechas en China como el encarecimiento de los fertilizantes, a su vez, vinculado a la subida de precios de los hidrocarburos. A este respecto, resulta preocupante que el aumento del precio de los alimentos se concentre en áreas donde la inseguridad alimentaria es elevada, incidiendo en mayor medida en los hogares más vulnerables y aumentando el riesgo de inestabilidad social4.
En cuanto al funcionamiento de los mecanismos de gobernanza multilateral, 2021 reflejó un balance desigual. Por un lado, en el marco de la OCDE, 136 países (que representan más del 90 por 100 del PIB mundial) alcanzaron un acuerdo para la tributación global de las empresas multinacionales (EMN) en base a dos pilares: el primero insta a las EMN cuyas ventas superen los 20.000 millones de euros y rentabilidades del 10 por 100 a tributar en cada país por los ingresos efectivos obtenidos en el mismo independientemente de su presencia física, mientras que el segundo establece un tipo impositivo mínimo global para el impuesto de sociedades del 15 por 100 a aquellas EMN con una cifra de negocios superior a 750 millones de euros. Igualmente, con un año de retraso se celebró en Glasgow la COP26, en la cual se produjeron ciertos acuerdos para intentar frenar el calentamiento global a 1,5°C sobre los niveles preindustriales (recuadro 2), aunque claramente insuficientes tal y como refleja el tercer informe del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático5.
En sentido opuesto, como ya se ha indicado, la cobertura del mecanismo Covax para el acceso equitativo a las vacunas contra el COVID-19 está siendo mucho menor de la prevista, mientras que la reversión de algunas medidas unilateralistas llevadas a cabo por Estados Unidos durante la presidencia de Trump no está siendo tan rápida como cabría esperar. Así, aunque es reseñable que el país norteamericano volviera a la Organización Mundial de la Salud y al Acuerdo de París, desbloqueara el mencionado acuerdo de la OCDE, y pactara una tregua comercial de cinco años con la Unión Europea (a la que también eliminó los aranceles unilaterales sobre el aluminio y el acero) sobre el conflicto por los respectivos subsidios ilegales a Boeing y Airbus, todavía no ha desbloqueado el nombramiento de jueces en el mecanismo de apelación del órgano de resolución de diferencias de la Organización Mundial de Comercio (OMC). Paralizado desde diciembre de 2019 al no alcanzarse el quórum mínimo de tres miembros, la reactivación de dicho mecanismo es el paso previo de la reforma que la OMC necesita para garantizar el correcto funcionamiento del libre comercio. De igual manera, aunque las relaciones con China se apaciguaron en las formas, la primera fase del acuerdo comercial alcanzado a comienzos de 2020 por el cual ambos países se comprometían a rebajar aranceles y potenciar el comercio bilateral todavía no se ha ejecutado.
Todo ello en un contexto en el que la relocalización industrial de las economías desarrolladas, ya iniciada años atrás a consecuencia de la robotización y el aumento de costes salariales en las economías emergentes, se ha visto incentivada durante la pandemia por la búsqueda de una mayor autonomía a través de cadenas de suministro más cortas y fiables. Dicha tendencia se observa especialmente en productos de carácter estratégico y sanitario, lo que supone una priorización de la seguridad nacional y la salud pública por encima de la reducción de costes.
1. A no ser que se indique lo contrario, los datos económicos de este epígrafe proceden de las Perspectivas de la Economía Mundial del FMI publicadas en abril de 2022.
2. World Economic Forum, The Global Risks Report 2022.
3. IPCC, Climate Change 2022: Mitigation of Climate Change. Contribution of Working Group III to the Sixth Assessment Report of the Intergovernmental Panel on Climate Change.
4. IPCC, Climate Change 2022: Mitigation of Climate Change. Contribution of Working Group III to the Sixth Assessment Report of the Intergovernmental Panel on Climate Change.
5. IPCC, Climate Change 2022: Mitigation of Climate Change. Contribution of Working Group III to the Sixth Assessment Report of the Intergovernmental Panel on Climate Change.