Impacto macroeconómico
Cambios en la demanda agregada
Los cambios en el tamaño y la estructura por edades de la población impactan en la demanda agregada, al modificar los patrones de consumo y de ahorro, pero también de inversión del conjunto de la sociedad.
Las decisiones de consumo y ahorro, además de estar condicionadas por las preferencias individuales, la renta disponible y la riqueza, lo están también por las expectativas de renta futura, que varían a lo largo de la vida. Bajo estas premisas, los cambios en el tamaño y la estructura de la población condicionan el consumo y ahorro agregados en función de cuánto y cómo cambia el comportamiento por grupos de edad.
Cambios en la oferta agregada
Los cambios demográficos condicionan el volumen agregado de empleo. En principio, un menor volumen de población en edad de trabajar supone una reducción de la fuerza de trabajo a medida que las cohortes que llegan a la edad de jubilación sean cada vez más numerosas. Aunque el resultado puede diferir si aumenta la tasa de actividad y de empleo general y de las personas de más edad, que deciden trabajar más o alargar su vida laboral ante una perspectiva de mayor esperanza de vida y mejor salud, mejores expectativas de empleo derivadas de la reducción de la población en edad de trabajar o cambian las condiciones de jubilación como ha ocurrido en el pasado.
También se ve afectada la calidad de la fuerza de trabajo disponible y, con ello, la capacidad productiva de la economía. La productividad del trabajo es menor al principio y al final de la vida laboral y mayor en las edades centrales, creciendo a menor ritmo ante el envejecimiento de la población. La llegada de población migrante puede compensar estos impactos tanto en el volumen de empleo como en la productividad, lo que constata la importancia económica de estos flujos para la continuidad y sostenibilidad del crecimiento económico y del empleo a largo plazo.
Impacto en el crecimiento del PIB y del PIB per cápita
Desde un punto de vista teórico, el impacto de la transición demográfica en la evolución del PIB se reflejaría en un menor crecimiento potencial como resultado de la reducción de la fuerza laboral (menos población joven y más población envejecida) y los cambios en la estructura de la población. Pero estos cambios ocurren en la actualidad en España al mismo tiempo que se da un crecimiento sostenido del PIB, puesto que la incorporación de las personas migrantes al mercado laboral ha contribuido a ampliar directamente el potencial de crecimiento.
Por su parte, el PIB per cápita también se reduciría teóricamente por los cambios en el volumen de la población y en la productividad asociada a las distintas cohortes. Sin embargo, la evolución del PIB per cápita en España en los últimos años refleja una mejora apoyada en el crecimiento sostenido tras la pandemia y en el avance de la productividad.
Impacto en las cuentas públicas
A medida que crece la proporción de personas de más edad se genera una presión doble sobre las finanzas públicas, tanto por el lado de los gastos como de los ingresos, que dependen del crecimiento de la población y de su estructura por edades, así como de la evolución de la productividad. El desequilibrio entre gastos e ingresos puede comprometer la sostenibilidad a largo plazo.
Impacto en el gasto público
Ante el envejecimiento, aumentan los gastos en salud, pensiones, dependencia y cuidados.
Las proyecciones disponibles sobre la evolución del gasto público en España ante el envejecimiento demográfico reflejan un aumento por el incremento sustancial que se producirá en el gasto en pensiones por los efectos acumulados de la generación del baby boom, con un punto de inflexión hacia mitad de siglo empezando a reducirse el gasto a partir de entonces. La llegada de población inmigrante a lo largo de los últimos años ha contribuido positivamente mediante su integración laboral a mitigar este impacto y a la sostenibilidad del sistema. Se prevé también que el gasto sanitario y el gasto en cuidados aumenten. En todo caso, como ya se ha señalado, conviene recordar la cautela con que hay que tomar las proyecciones a largo plazo.
Impacto en la recaudación
El impacto de la demografía se refleja en la capacidad recaudatoria y su composición. Una menor población activa, en ausencia de aumentos en la productividad, se traduce en menores cotizaciones sociales y debilita la progresividad del impuesto sobre la renta, dado que los contribuyentes de edades mayores suelen soportar tipos impositivos efectivos más reducidos.
Además, el comportamiento respecto al ahorro y la acumulación de activos inmobiliarios y financieros derivado del envejecimiento tendría efectos positivos en la recaudación por rentas del capital. También se ve afectada la recaudación asociada a la transmisión de bienes inmuebles y al impuesto sobre el patrimonio. Finalmente, la recaudación de los impuestos indirectos podría verse condicionada por los cambios en el patrón de consumo por grupos de edad.
Repercusión de los cambios demográficos sobre los sectores productivos
Cambios en la composición sectorial del consumo
El envejecimiento de la población y el aumento de los hogares de mayor edad están modificando los patrones de consumo: ganan peso el gasto en vivienda, suministros, mobiliario y salud, y pierden transporte, alimentación, vestido y ocio.
Este proceso impulsa la silver economy, vinculada a las necesidades y preferencias de las personas mayores, efecto que se ve parcialmente compensado/complementado por la inmigración, que sostiene la creación de hogares jóvenes y parte del consumo agregado.
Impacto sectorial de la dimensión territorial del cambio demográfico
En las zonas rurales, la despoblación y el envejecimiento concentran la demanda en servicios esenciales y encarecen su provisión, lo que favorece soluciones como la digitalización, la logística de última milla y servicios itinerantes.
Algunas áreas rurales y periurbanas encuentran nuevas oportunidades ligadas al teletrabajo y a nuevos estilos de vida. En contraste, los destinos turísticos y zonas costeras afrontan una fuerte presión estacional sobre vivienda, transporte, sanidad y recursos básicos.
Retos y oportunidades para los sectores productivos españoles
Estas dinámicas generan un impacto sectorial desigual, pero todos se enfrentan a retos y oportunidades.
Algunos sectores encontrarán posibilidades de expansión -como construcción y vivienda, turismo, sanidad, cuidados, finanzas y tecnologías de la información y la comunicación- pero, en general, todos deberán transformarse para adaptarse a nuevos perfiles de demanda y a posibles restricciones de mano de obra.
En conjunto, el cambio demográfico refuerza la terciarización de la economía y exige políticas públicas, innovación e infraestructuras adecuadas para convertir este reto en una oportunidad de productividad y competitividad.
Fuente: elaboración propia.
LA DEMOGRAFÍA COMO VARIABLE ECONÓMICA
La economía española se enfrenta a una transformación estructural sin precedentes a tenor de los cambios demográficos de las dos últimas décadas. De hecho, la demografía no solo es una variable exógena, sino que se ha convertido en un determinante estructural del crecimiento potencial, de la evolución del PIB per cápita y del bienestar individual.
El cambio demográfico ejerce una influencia innegable sobre la economía; sin embargo, sus efectos a medio y largo plazo no están predeterminados, sino condicionados por una multiplicidad de factores interrelacionados, incluyendo la evolución del ciclo económico.
Los cambios en el tamaño y la estructura por edades de la población impactan en la demanda agregada, al modificar los patrones de consumo y de ahorro, pero también de inversión del conjunto de la sociedad.
Las decisiones de consumo y ahorro, además de estar condicionadas por las preferencias individuales, la renta disponible y la riqueza, lo están también por las expectativas de renta futura, que varían a lo largo de la vida.
Los cambios demográficos condicionan el volumen agregado de empleo. En principio, un menor volumen de población en edad de trabajar supone una reducción de la fuerza de trabajo a medida que las cohortes que llegan a la edad de jubilación sean cada vez más numerosas.
También se ve afectada la calidad de la fuerza de trabajo disponible y, con ello, la capacidad productiva de la economía. La llegada de población migrante puede compensar estos impactos tanto en el volumen de empleo como en la productividad.
Desde un punto de vista teórico, el impacto de la transición demográfica en la evolución del PIB se reflejaría en un menor crecimiento potencial como resultado de la reducción de la fuerza laboral y los cambios en la estructura de la población.
Por su parte, el PIB per cápita también se reduciría teóricamente por los cambios en el volumen de la población y en la productividad asociada a las distintas cohortes.
IMPACTO EN LAS CUENTAS PÚBLICAS
A medida que crece la proporción de personas de más edad se genera una presión doble sobre las finanzas públicas, tanto por el lado de los gastos como de los ingresos, que dependen del crecimiento de la población y de su estructura por edades, así como de la evolución de la productividad.
Impacto en el gasto público
Ante el envejecimiento, aumentan los gastos en salud, pensiones, dependencia y cuidados.
Las proyecciones disponibles sobre la evolución del gasto público en España ante el envejecimiento demográfico reflejan un aumento por el incremento sustancial que se producirá en el gasto en pensiones por los efectos acumulados de la generación del baby boom. La llegada de población inmigrante ha contribuido positivamente mediante su integración laboral a mitigar este impacto y a la sostenibilidad del sistema.
Impacto en la recaudación
El impacto de la demografía se refleja en la capacidad recaudatoria y su composición. Una menor población activa, en ausencia de aumentos en la productividad, se traduce en menores cotizaciones sociales y debilita la progresividad del impuesto sobre la renta.
También se ve afectada la recaudación asociada a la transmisión de bienes inmuebles, al impuesto sobre el patrimonio y a los impuestos indirectos por los cambios en el patrón de consumo por grupos de edad.
El envejecimiento de la población y el aumento de los hogares de mayor edad están modificando los patrones de consumo: ganan peso el gasto en vivienda, suministros, mobiliario y salud, y pierden transporte, alimentación, vestido y ocio.
Este proceso impulsa la silver economy, vinculada a las necesidades y preferencias de las personas mayores.
En las zonas rurales, la despoblación y el envejecimiento concentran la demanda en servicios esenciales y encarecen su provisión, lo que favorece soluciones como la digitalización, la logística de última milla y servicios itinerantes.
Algunas áreas rurales y periurbanas encuentran nuevas oportunidades ligadas al teletrabajo y a nuevos estilos de vida.
Estas dinámicas generan un impacto sectorial desigual, pero todos se enfrentan a retos y oportunidades.
Algunos sectores encontrarán posibilidades de expansión -como construcción y vivienda, turismo, sanidad, cuidados, finanzas y tecnologías de la información y la comunicación- pero, en general, todos deberán transformarse para adaptarse a nuevos perfiles de demanda y a posibles restricciones de mano de obra.