PANORAMA ECONÓMICOCONCLUSIONES

La economía mundial creció un 3,4 por 100 en 2025, al mismo ritmo que el año anterior, demostrando una notable capacidad de resiliencia frente a una incertidumbre elevada, especialmente en el ámbito comercial, y una creciente tensión geopolítica. Prosiguió la desinflación global y continuaron las rebajas de tipos de interés en las economías donde se mantenía un cierto tono restrictivo.

La escalada proteccionista y posterior negociación de acuerdos bilaterales impulsadas por EE. UU. generaron inestabilidad en las relaciones comerciales a lo largo del año, junto a episodios como las restricciones chinas al suministro de materias primas críticas. Este clima incentivó la diversificación e integración comerciales en otras regiones, en un contexto de competencia global por socios confiables. A pesar del escenario proteccionista, en 2025 el comercio de mercancías y servicios presentó una evolución positiva, como también la Inversión Extranjera Directa (IED), impulsada por inversiones en el ámbito de la inteligencia artificial (IA) y las nuevas tecnologías.

Por su parte, la economía europea, frente a las expectativas existentes, afianzó en 2025 la senda de recuperación económica iniciada el año anterior, con un crecimiento moderado pero sostenido de la actividad (1,5 por 100). La UE demostró su capacidad para sortear las dificultades derivadas de la incertidumbre global, gracias a un mercado laboral resiliente, una inflación decreciente y unas condiciones de financiación favorables.

La política económica comunitaria tuvo que responder a los retos externos derivados de las consecuencias de la política comercial de la Administración Trump, el nuevo marco de las relaciones trasatlánticas y el repunte de los conflictos globales. Pero también a retos internos como impulsar la competitividad europea, avanzar en las transiciones verde y digital, progresar en la consolidación fiscal, adaptar el marco de reglas fiscales a la realidad geopolítica y al aumento del gasto en seguridad y defensa, y completar de forma eficiente las inversiones del Next Generation EU (NGEU) a la fecha de finalización prevista.

La economía española volvió a mostrar en 2025 una notable capacidad de resiliencia en un contexto especialmente adverso, en el que las tensiones geopolíticas y comerciales, la debilidad de las principales economías europeas y la inestabilidad política nacional han configurado un entorno de elevada y persistente incertidumbre.

Con un crecimiento anual del PIB del 2,8 por 100, España volvió a crecer, por quinto año consecutivo, por encima de la media de la Unión Europea, situándose entre las economías más dinámicas del conjunto de países avanzados. Detrás de este comportamiento se encontrarían el aumento de la población inmigrante, la creación de empleo, la implementación del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia (PRTR), la llegada de turismo extranjero o las ganancias de eficiencia en el uso de los factores productivos.

A diferencia de ciclos expansivos anteriores, el crecimiento de los últimos años coexiste con un superávit exterior sostenido y con una contribución positiva de la productividad. De hecho, la economía española ha logrado combinar una intensa creación de empleo con mejoras en la productividad, cambio que parece consolidarse y que podría estar apuntando hacia un modelo de crecimiento más diversificado y sostenible en el largo plazo.

En 2025, se produjo una nueva redistribución del PIB a favor de la remuneración de los asalariados por el intenso crecimiento del empleo, por el sesgo de la creación de empleo hacia ramas de actividad de mayor valor añadido y ocupaciones más cualificadas y, por tanto, mejor retribuidas (efecto composición), por el aumento de la tasa de asalarización, por el incremento prácticamente generalizado de los salarios debido al aumento del salario mínimo y de los salarios pactados en convenio colectivo en aplicación de lo dispuesto en el V AENC firmado por los agentes sociales en mayo de 2023, y por el aumento de las cotizaciones sociales.

Los precios mantuvieron en 2025 un crecimiento continuado en el entorno del 2,5 por 100 de media, tanto del índice general como de la inflación subyacente por la persistencia de la inflación de servicios.

El avance del PIB estuvo sustentado exclusivamente por la demanda interna, consolidándose el consumo privado como el principal motor de crecimiento, con un avance del 3,3 por 100. Ello se debió principalmente al dinamismo del empleo y la población, el aumento de la renta disponible real de los hogares o las favorables condiciones de financiación, en un contexto, además, de reducción sostenida del nivel de endeudamiento y del mantenimiento de una tasa de ahorro en niveles históricamente elevados.

La inversión fue el componente de la demanda que más creció en 2025, el 5,8 por 100, alentada por el descenso de los tipos de interés, el dinamismo de la demanda y el despliegue de los fondos Next Generation EU, mostrando además cierta convergencia hacia los niveles de esfuerzo inversor de la Unión Europea. Sin embargo, persisten debilidades en algunos componentes de la inversión productiva y una insuficiente inversión empresarial.

Tras tres años impulsando el crecimiento, el sector exterior restó 0,8 puntos al PIB en 2025 por el fuerte aumento de las importaciones; aun así, España mostró una capacidad de financiación del 4,0 por 100 del PIB, segundo máximo histórico. El mayor déficit en bienes no fue compensado por el crecimiento del superávit de servicios, con el turismo marcando récords y la exportación de servicios no turísticos en avance. La cuenta de capital redujo su superávit por un menor flujo de fondos europeos y la elevada deuda externa siguió siendo un desequilibrio macroeconómico importante.

Desde el lado de la oferta, la renta agraria alcanzó un nuevo máximo histórico en 2025, a pesar de la incidencia de fenómenos meteorológicos extremos, consolidando la recuperación gracias al aumento en valor de la producción vegetal. Además, repuntaron tanto el empleo agrario como la renta por UTA. Por su parte, el sector pesquero experimentó caídas en términos de flota, potencia y arqueo bruto, aun así, mantiene buena representación en la UE, y valoró positivamente el acuerdo sobre TAC y cuotas para 2026. España continúa siendo uno de los principales productores acuícolas del mundo.

La industria manufacturera, pese a crecer un 2,1 por 100, sufrió el impacto de la ralentización económica de los principales socios comerciales y la incertidumbre geopolítica. En este contexto, el plan presentado para la industria del automóvil resulta positivo como iniciativa concreta, pero se echa en falta la aprobación de la nueva Ley de industria, que está impidiendo avanzar en la Estrategia Española de Industria y Autonomía Estratégica.

En el ámbito de la energía, 2025 será recordado en España como el del «gran apagón», tras el cual el sistema eléctrico aumentó la presencia de los ciclos combinados en el mix de generación. En todo caso, la penetración de las renovables está apuntalada, ofreciendo a España una ventaja competitiva potencial de bajos precios dentro de la UE. Más inversión en redes, interconexiones, almacenamiento y desarrollo del hidrógeno renovable, junto a una mejor ordenación del sector, son elementos cruciales para consolidar dicha ventaja.

El sector de la construcción lideró el crecimiento en 2025 y las licencias de obra nueva en el segmento residencial despuntaron; además, se presentó el PERTE de la industrialización de la vivienda. Sin embargo, a corto plazo es difícil atajar el desequilibrio existente entre la oferta y la demanda de vivienda, uno de los principales desafíos de España. Por otra parte, aunque las licitaciones públicas de obra civil crecieron, el aumento de eventos meteorológicos adversos subrayó la importancia de invertir tanto en nuevas infraestructuras como, sobre todo, en reparar y mantener las existentes.

En el sector servicios, la rama de comercio, hostelería y transporte mantuvo una evolución muy favorable gracias al dinamismo del consumo interno y, sobre todo, del turismo. Mientras, los servicios no turísticos, convertidos en uno de los principales motores de la economía española, especialmente, los relativos a las tecnologías TIC y las actividades profesionales, científicas y técnicas, confirmaron su creciente peso en el VAB.

Con los presupuestos prorrogados desde 2023, el proceso de consolidación fiscal iniciado en 2021 continuó en 2025, con descensos del déficit y la deuda pública que permitieron cumplir con las reglas fiscales europeas. Ello fue posible por la moderación del crecimiento del gasto público, pero, sobre todo, por el elevado dinamismo que siguieron mostrando los ingresos públicos, que alcanzaron una cota histórica en términos de PIB. El aumento de las bases imponibles en un contexto de crecimiento de la actividad y el empleo (consumo, salarios y beneficios), la progresividad en frío en el IRPF, y el impacto recaudatorio positivo de algunos cambios normativos explicarían este resultado.

Las proyecciones fiscales a medio plazo están sujetas a un elevado grado de incertidumbre debido al aumento de la probabilidad y frecuencia de catástrofes naturales por la aceleración del cambio climático, y a la inestabilidad económica y financiera internacional, circunstancias que presumiblemente alterarán el escenario macroeconómico y generarán presiones sobrevenidas sobre las finanzas públicas españolas en los próximos años. Además, la tendencia al alza del gasto ligado al envejecimiento junto con el aumento planeado del gasto en defensa también se traduce en un estrechamiento del margen fiscal de las Administraciones públicas a medio plazo.

Por lo que respecta al Plan de Recuperación, la proximidad de la fecha límite para ejecutar las inversiones en un contexto de gran incertidumbre global, constituye una de las principales preocupaciones de las Administraciones públicas y del sector empresarial, porque plantea interrogantes sobre la capacidad del sistema para absorber la totalidad de los recursos disponibles en el plazo establecido y maximizar sus efectos sobre el cambio estructural y el PIB potencial.

El escenario para 2026 se caracteriza nuevamente por una elevada incertidumbre global relacionada principalmente con el conflicto en Oriente Medio y el shock energético provocado por las restricciones en el estrecho de Ormuz. Pese a que a corto plazo se anticipa un alto riesgo de inflación, la exposición de España es limitada, previéndose un crecimiento del PIB del entorno del 2,3 por 100 en 2026, de los más elevados de las economías avanzadas. No obstante, los riesgos a la baja son significativos y, en caso de prolongarse, el conflicto podría acabar impactando en la economía española.

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