El crecimiento económico español se apoyó en la fortaleza de la demanda interna, principalmente del consumo privado, gracias al crecimiento del empleo y de la población, pero también en la aceleración de la inversión, alentada por los bajos tipos de interés, el dinamismo de la demanda y los fondos Next Generation EU. Sin embargo, el incremento de la demanda interna provocó un aumento significativo de las importaciones, lo que resultó en que, por primera vez en los últimos cuatro años, el sector exterior restase puntos al crecimiento del PIB. Este efecto se produjo a pesar del notable flujo de visitantes extranjeros, que permitió que el sector turístico alcanzara nuevos niveles récord.