El año 2025 puede ser definido como un ejercicio de resiliencia económica frente a la incertidumbre global. La actividad mantuvo su firmeza ante la elevada volatilidad externa, el avance de la competencia tecnológica y la fragmentación geopolítica, dentro de un contexto marcado por la rápida erosión del orden internacional, consecuencia de la escalada arancelaria decidida por Trump al inicio de su segundo mandato al frente de EE. UU.

La economía mundial cerró el ejercicio con un crecimiento del 3,4 por 100, similar al de 2024, y la Unión Europea consolidó la recuperación iniciada el año anterior (1,5 por 100), destacando el crecimiento de la economía española, que alcanzó un 2,8 por 100, situándose por quinto año consecutivo por encima de la media comunitaria y entre las más dinámicas de los países avanzados.