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La proporción de mujeres de 30-39 años sin hijos se dobló entre 1999 y 2018 (gráfico R-24), resultando llamativo el aumento de la proporción de las mujeres en edad fértil que ni tienen hijos ni desean tenerlos (del 18 por 100 en 1999 al 30 por 100 en 2018). Las razones son variadas según la Encuesta de Fecundidad del INE, destacando las económicas, laborales, dificultades de conciliación de la vida familiar y laboral, no tener pareja o no ser la adecuada o no querer ser madre, junto con las razones de edad, sobre todo a partir de los 40 años.




El nivel de estudios alcanzado está relacionado tanto con el número de hijos como con el retraso en la maternidad, mientras que las mujeres con una ocupación remunerada tienen menos hijos de media en todas las edades. En el grupo de edad de mayor fecundidad (30-34 años) el 78 por 100 de las que no tienen hijos está trabajando, frente al 64 por 100 de las que ya han tenido hijos. Por su parte, las mujeres de nacionalidad extranjera muestran tasas de fecundidad algo más altas, en todo caso también ya inferiores al promedio de dos hijos por mujer y acercándose a las de las autóctonas, sin alterar significativamente la baja tasa global de fecundidad197 (gráfico R-25).




En paralelo al descenso de la fecundidad ha tenido lugar un imparable acceso de las mujeres a la educación superior y su incorporación al trabajo remunerado, redefiniendo sus expectativas laborales y personales, duplicando la población activa y contribuyendo así al crecimiento económico y social. Pese a este enorme avance, persisten barreras para la igualdad efectiva, un insuficiente progreso en materia de corresponsabilidad, carencias en materia de infraestructuras de cuidados y de una organización social favorable a la crianza como recordaba el CES recientemente198.

Uno de los principales retos consiste en remover los obstáculos que impiden la formación de hogares y alcanzar el tamaño de familia deseado199. Siendo el tercer país de la Unión Europea en que más jóvenes viven con sus padres, el tiempo corre en su contra a la hora de formar hogar propio y, llegado el caso, tener descendencia (gráfico R-26).




En coherencia con el impulso proyectado a una nueva economía de los cuidados200, junto al necesario refuerzo de las políticas de apoyo a las familias y la infancia o los instrumentos de conciliación de la vida laboral, personal y familiar, el reto más ambicioso consistiría en una estrategia basada en un mix más amplio de políticas que favorezcan la autonomía personal de la juventud, desde ámbitos tan variados como la educación, el empleo y las políticas activas, el acceso a la vivienda, la fiscalidad así como las políticas de igualdad e inclusión social.

Por último, otras tendencias en materia de formación de hogares, reflejo de los cambios sociales y demográficos apuntan al descenso del tamaño medio de los hogares y el aumento de los unipersonales, que serán los que más crezcan según el INE201 lo que requerirá una redefinición de las políticas de vivienda, urbanismo, movilidad y agenda urbana en un contexto en que las preferencias de la mayoría de las personas mayores en caso de dependencia se orientan a la permanencia en el propio domicilio. Al mismo tiempo, la tendencia al aumento de hogares monoparentales (ya el 10 por 100 del total), en la gran mayoría de los casos compuestos por mujeres con menores a cargo, requiere consideración específica desde las políticas sociales, dada su mayor vulnerabilidad.

197. Repárese en la evolución entre 2000 y 2014 en el gráfico III-2.

200. Esta fue una de las conclusiones del Informe de la Comisión de Reconstrucción aprobado por el Congreso en julio de 2020, habiendo sido incorporado al PRTR en su componente 22.

201. INE, Proyección de hogares a 2035. En ese año habría más de 5,7 millones de hogares unipersonales, el 28,9 por 100 del total, lo que supondría un aumento del 18,3 por 100 respecto a 2020.

Gráfico R-24. Fecundidad por

grupos de edad, 1999 y 2018

Gráfico R-25. Evolución de la fecundidad

y edad media al primer hijo, 1975-2020

Gráfico R-26. Personas jóvenes de 16-29 años

viviendo con sus padres, 2020

La proporción de mujeres de 30-39 años sin hijos se dobló entre 1999 y 2018 (gráfico R-24), resultando llamativo el aumento de la proporción de las mujeres en edad fértil que ni tienen hijos ni desean tenerlos (del 18 por 100 en 1999 al 30 por 100 en 2018). Las razones son variadas según la Encuesta de Fecundidad del INE, destacando las económicas, laborales, dificultades de conciliación de la vida familiar y laboral, no tener pareja o no ser la adecuada o no querer ser madre, junto con las razones de edad, sobre todo a partir de los 40 años.





El nivel de estudios alcanzado está relacionado tanto con el número de hijos como con el retraso en la maternidad, mientras que las mujeres con una ocupación remunerada tienen menos hijos de media en todas las edades. En el grupo de edad de mayor fecundidad (30-34 años) el 78 por 100 de las que no tienen hijos está trabajando, frente al 64 por 100 de las que ya han tenido hijos. Por su parte, las mujeres de nacionalidad extranjera muestran tasas de fecundidad algo más altas, en todo caso también ya inferiores al promedio de dos hijos por mujer y acercándose a las de las autóctonas, sin alterar significativamente la baja tasa global de fecundidad197 (gráfico R-25).






En paralelo al descenso de la fecundidad ha tenido lugar un imparable acceso de las mujeres a la educación superior y su incorporación al trabajo remunerado, redefiniendo sus expectativas laborales y personales, duplicando la población activa y contribuyendo así al crecimiento económico y social. Pese a este enorme avance, persisten barreras para la igualdad efectiva, un insuficiente progreso en materia de corresponsabilidad, carencias en materia de infraestructuras de cuidados y de una organización social favorable a la crianza como recordaba el CES recientemente198.




Uno de los principales retos consiste en remover los obstáculos que impiden la formación de hogares y alcanzar el tamaño de familia deseado199. Siendo el tercer país de la Unión Europea en que más jóvenes viven con sus padres, el tiempo corre en su contra a la hora de formar hogar propio y, llegado el caso, tener descendencia (gráfico R-26).





En coherencia con el impulso proyectado a una nueva economía de los cuidados200, junto al necesario refuerzo de las políticas de apoyo a las familias y la infancia o los instrumentos de conciliación de la vida laboral, personal y familiar, el reto más ambicioso consistiría en una estrategia basada en un mix más amplio de políticas que favorezcan la autonomía personal de la juventud, desde ámbitos tan variados como la educación, el empleo y las políticas activas, el acceso a la vivienda, la fiscalidad así como las políticas de igualdad e inclusión social.

Por último, otras tendencias en materia de formación de hogares, reflejo de los cambios sociales y demográficos apuntan al descenso del tamaño medio de los hogares y el aumento de los unipersonales, que serán los que más crezcan según el INE201 lo que requerirá una redefinición de las políticas de vivienda, urbanismo, movilidad y agenda urbana en un contexto en que las preferencias de la mayoría de las personas mayores en caso de dependencia se orientan a la permanencia en el propio domicilio. Al mismo tiempo, la tendencia al aumento de hogares monoparentales (ya el 10 por 100 del total), en la gran mayoría de los casos compuestos por mujeres con menores a cargo, requiere consideración específica desde las políticas sociales, dada su mayor vulnerabilidad.

200. Esta fue una de las conclusiones del Informe de la Comisión de Reconstrucción aprobado por el Congreso en julio de 2020, habiendo sido incorporado al PRTR en su componente 22.

201. INE, Proyección de hogares a 2035. En ese año habría más de 5,7 millones de hogares unipersonales, el 28,9 por 100 del total, lo que supondría un aumento del 18,3 por 100 respecto a 2020.

Gráfico R-24. Fecundidad por

grupos de edad, 1999 y 2018

Gráfico R-25. Evolución de la

fecundidad y edad media al

primer hijo, 1975-2020

Gráfico R-26. Personas jóvenes

de 16-29 años viviendo con sus

padres, 2020