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El avance en la supervivencia180 no ha sido del todo homogéneo. Se observan diferencias significativas por nivel educativo y socioeconómico, de género y territoriales, factores a menudo confluyentes. Así, los grupos de población con niveles educativos inferiores gozan de menores expectativas de vida y peores condiciones de salud. En términos de

esperanza de vida, en 2019 los hombres con estudios superiores podían esperar vivir a partir de los treinta años, unos cinco años más que los que poseían estudios primarios o inferiores (53,5 vs 48,4 años), diferencia que en las mujeres se reducía a poco más de 3 años (58,0 vs 54,9 años)181.

Además, desde la década de los noventa, las diferencias entre mujeres y hombres en esperanza de vida al nacimiento se han ido acortando a favor de estos últimos debido a factores como el cambio en las principales causas de muerte; la incorporación de las mujeres a algunos comportamientos de riesgo históricamente más frecuentes entre los hombres, sobre todo el tabaco; los avances médicos en el tratamiento y prevención de algunas enfermedades que causaban más decesos entre los hombres, como las enfermedades cardiovasculares o el VIH, así como las mejoras en otros campos, como el de la seguridad vial182. No obstante, las mujeres siguen alcanzando edades más avanzadas que los hombres (86,2 años y 80,8 en 2019, según el INE), si bien con peor salud autopercibida, mayor prevalencia de enfermedades crónicas y frecuencia más alta de situaciones de dependencia183.

Especialmente llamativas son las diferencias territoriales. En 2019, con anterioridad a la pandemia las mujeres de las comunidades autónomas con una esperanza de vida más alta se distanciaban hasta siete años de los hombres de las comunidades autónomas con valores más bajos. Ello puede guardar relación con las desigualdades en función del gradiente económico y educativo en las distintas regiones, así como con las importantes diferencias territoriales en las causas de mortalidad, a que apuntan distintas fuentes184 (gráfico R-16).




Uno de los principales retos de cara al futuro se sitúa en el plano de las políticas de salud pública a la hora de promover la mejora de los estilos de vida, proseguir mejorando el diagnóstico temprano y el tratamiento de las principales causas de muerte, así como incorporar los factores medioambientales que ya están comenzando a ser tenidos en cuenta desde la perspectiva de salud pública185. La superación de las desigualdades evitables en salud y esperanza de vida se perfila como un reto importante que concierne no solo a las políticas sanitarias. El progreso educativo, las políticas de cohesión social, territorial, de igualdad de oportunidades y redistributivas se vislumbran como elementos tanto o más importantes que aquellas a la hora de reducir las diferencias en mortalidad y esperanza de vida.

180. Véase Goerlich Gisbert, F. J. y Pinilla Pallejà, R., Esperanza de vida en España a lo largo del siglo xx. Las tablas de mortalidad del Instituto Nacional de Estadística, Fundación BBVA, Documentos de Trabajo 11, 2006.

181. Véase Solé-Auró, A., Martín, U. y Domínguez Rodríguez, A., «Inequality in Mortality in Spain», en International Journal of Environmental Research and Public Health, mayo de 2020, así como Permanyer, I., Spijker1, J., Blanes, A. y Renteria, E., «Longevity and Lifespan Variation by Educational Attainment in Spain: 1960-2015», 2018.

182. Véase García González, J. M. y Grande, R., «Cambios en las diferencias por sexo en la esperanza de vida en España (1980-2012): descomposición por edad y causa», en Gaceta Sanitaria 2018, 32(2), 151-157.

183. Véase Informe CES 1/2022, Mujeres, trabajos y cuidados: propuestas y perspectivas de futuro e Informe 3/2020, El sistema de promoción de la autonomía personal y atención a las personas en situación de dependencia, págs. 39 a 42 y págs. 185 y 186

184. Fundación Fisabio, Atlas Interactivo de la mortalidad en España por municipios (1989-2014) 2021 e Instituto de Salud Carlos III, Atlas de la Mortalidad del Cáncer en Portugal y España en el periodo 2003-2012 (2022).

185. En 2021 se ha aprobado la Estrategia de Medio Ambiente y Salud.

Gráfico R-16. Esperanza de vida al nacer y a los 65 años, por sexo y comunidades autónomas, España, 2019

El avance en la supervivencia180 no ha sido del todo homogéneo. Se observan diferencias significativas por nivel educativo y socioeconómico, de género y territoriales, factores a menudo confluyentes. Así, los grupos de población con niveles educativos inferiores gozan de menores expectativas de vida y peores condiciones de salud. En términos de esperanza de vida, en 2019 los hombres con estudios superiores podían esperar vivir a partir de los treinta años, unos cinco años más que los que poseían estudios primarios o inferiores (53,5 vs 48,4 años), diferencia que en las mujeres se reducía a poco más de 3 años (58,0 vs 54,9 años)181.

Además, desde la década de los noventa, las diferencias entre mujeres y hombres en esperanza de vida al nacimiento se han ido acortando a favor de estos últimos debido a factores como el cambio en las principales causas de muerte; la incorporación de las mujeres a algunos comportamientos de riesgo históricamente más frecuentes entre los hombres, sobre todo el tabaco; los avances médicos en el tratamiento y prevención de algunas enfermedades que causaban más decesos entre los hombres, como las enfermedades cardiovasculares o el VIH, así como las mejoras en otros campos, como el de la seguridad vial182. No obstante, las mujeres siguen alcanzando edades más avanzadas que los hombres (86,2 años y 80,8 en 2019, según el INE), si bien con peor salud autopercibida, mayor prevalencia de enfermedades crónicas y frecuencia más alta de situaciones de dependencia183.

Especialmente llamativas son las diferencias territoriales. En 2019, con anterioridad a la pandemia las mujeres de las comunidades autónomas con una esperanza de vida más alta se distanciaban hasta siete años de los hombres de las comunidades autónomas con valores más bajos. Ello puede guardar relación con las desigualdades en función del gradiente económico y educativo en las distintas regiones, así como con las importantes diferencias territoriales en las causas de mortalidad, a que apuntan distintas fuentes184 (gráfico R-16).






Uno de los principales retos de cara al futuro se sitúa en el plano de las políticas de salud pública a la hora de promover la mejora de los estilos de vida, proseguir mejorando el diagnóstico temprano y el tratamiento de las principales causas de muerte, así como incorporar los factores medioambientales que ya están comenzando a ser tenidos en cuenta desde la perspectiva de salud pública185. La superación de las desigualdades evitables en salud y esperanza de vida se perfila como un reto importante que concierne no solo a las políticas sanitarias. El progreso educativo, las políticas de cohesión social, territorial, de igualdad de oportunidades y redistributivas se vislumbran como elementos tanto o más importantes que aquellas a la hora de reducir las diferencias en mortalidad y esperanza de vida.

Gráfico R-16. Esperanza de vida al

nacer y a los 65 años, por sexo y

comunidades autónomas, España,

2019