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Los datos, actualizados permanentemente por el Ministerio, muestran una mayor adhesión en los tramos de más edad (100 por 100 en los mayores de 80) con una disminución paulatina en los más jóvenes (84 por 100 en las personas entre 20 y 29), en consonancia con el riesgo personal percibido.

En todo caso, la efectividad y la seguridad de la vacunación frente al COVID-19113, está siendo monitorizada desde el inicio de la campaña, mostrando los diferentes niveles de eficacia en distintos segmentos de población y frente a distintas variantes del SARS-CoV-2, con un claro balance favorable a su uso en el caso de la variante ómicron, dominante desde enero de 2022 (se estima que ha evitado entre 800 y 1.000 muertes por cada 100.000 habitantes).




Hasta la aparición de ómicron a finales de 2021 se habían registrado cerca de 300 millones de contagios

de coronavirus en todo el mundo. Pero dada la alta contagiosidad de esa variante, pocos meses después los casos registrados alcanzaban los 500 millones, y el número de fallecimientos por COVID-19, los 6 millones.

En España, desde el inicio de la crisis se han detectado 11,5 millones de casos y 102.000 muertes, concentradas en seis periodos de expansión epidémica. La evolución de los contagios ha tenido como consecuencia la hospitalización de 511.000 personas y el ingreso en UCI de 49.000.






Casi todos los indicadores de evolución de la pandemia muestran diferencias territoriales, siendo llamativas las arrojadas por las tasas de mortalidad global y la letalidad en mayores de 60 años114. La primera presenta un amplio rango de variación, desde las 77 hasta 351 muertes por cada 100.000 habitantes; la letalidad, por su parte, varía entre el 2,7 y el 7,2 por 100 de los contagiados mayores de 60. Cabe destacar el hecho de que algunas comunidades autónomas como Castilla y León, cuyas tasas de dependencia de mayores de 64 años se sitúan por encima de la media nacional arrojan tasas de mortalidad muy elevadas, mientras que otras, con menos población mayor han experimentado tasas de mortalidad por COVID también altas, como en el caso de Madrid. Por ello, las causas de las importantes diferencias territoriales deben buscarse en otros factores.

La sobrecarga de los servicios sanitarios y el temor al contacto con el coronavirus, sobre todo en las

primeras fases de expansión, han tenido importantes consecuencias sobre la salud de la población que continuarán siendo visibles en los próximos años. El retraso en la atención a las personas con patologías crónicas y cuadros agudos, el incremento de la cronicidad tras el contagio de COVID-19, así como el aumento de los problemas de salud mental se han convertido en focos preocupación a lo largo de 2021.

Hasta la llegada del COVID-19, el 90 por 100 de las muertes se debía a enfermedades crónicas como el cáncer, las enfermedades cardiovasculares y las respiratorias. La reducción de la atención a las personas con estas patologías por la restricción de la actividad no urgente de los servicios de atención sanitaria y la autorrestricción por miedo al contacto con el coronavirus, han tenido como consecuencia el agravamiento de cuadros por falta de atención. Además, en torno a un 20 por 100 de los nuevos cánceres quedó sin diagnosticar durante las primeras etapas de la pandemia, lo que habrá ocasionado un aumento de casos en estadios avanzados y con peor diagnóstico (en España se estima un total de 276.000 nuevos casos en 2021)115, que se reflejará en las estadísticas sanitarias en los próximos años, dando cuenta de los efectos de la demanda embalsada.

Entretanto, la información relativa a las listas de espera en atención especializada muestra una significativa reducción en 2020, que se explica por la drástica limitación de las solicitudes de consulta en el primer año de pandemia y una considerable subida en 2021, sobre todo en el número de pacientes en espera de consulta con el médico especialista (77 por cada 1.000 hab.), superando la tasa registrada en 2019. En paralelo, los tiempos medios de espera se han reducido con respecto a 2020, cuando el indicador alcanzó su máximo valor en un contexto en el que buena parte de los recursos del sistema se dedicaron a la atención urgente del COVID y los procedimientos quirúrgicos programados fueron postergados.

La salud mental ha sido otro de los focos de preocupación desde el inicio de la pandemia, habiéndose constatado un importante deterioro, de manera especialmente acusada en la población femenina y en las personas más jóvenes, entre quienes se han venido registrando incrementos importantes de diagnósticos de depresión y ansiedad116. En este sentido, la reciente aprobación de la nueva Estrategia de Salud Mental117, que no se actualizaba desde 2009, incorpora la perspectiva de género así como una línea específica para la prevención de conductas suicidas.




En lo relativo a la cronicidad que responde de manera específica al contagio por el virus, se ha constatado su mayor riesgo de padecer problemas circulatorios, neurológicos, digestivos y endocrinos, entre otros. El COVID persistente, que se diagnostica a partir de la cuarta semana con síntomas, entraña un notable deterioro de la calidad de vida de las personas, requiriendo de una atención multidisciplinar que habrá de afrontar el SNS en un escenario en el que podría verse afectada una proporción muy importante de personas que han pasado la infección118.

El gasto sanitario público se elevó en 2020 a una cantidad total de 83.800 millones de euros, lo que supuso un incremento del 11,7 por 100 con respecto al año anterior, el más alto de la última década. Este aumento

ha situado a la partida sanitaria en un volumen equivalente al 7,5 por 100 del PIB en un año en el que las extraordinarias circunstancias habrían obligado a redoblar el esfuerzo para afrontar una crisis sin precedentes. El gasto medio por habitante alcanzó así una cantidad de 1.770 euros, registrándose notables diferencias entre las comunidades autónomas.

En todo caso, cabe recordar que la crisis económica derivada de la sanitaria se materializó en una caída del PIB del 10,8 por 100 en 2020, lo que sin restar valor al esfuerzo público realizado, crea cierta distorsión en el análisis de la evolución del gasto sanitario, que ha venido mostrando valores inferiores a la media de la Unión Europea.

Atendiendo a la distribución funcional, el gasto sanitario público, que mantiene una estructura bastante estable, ha experimentado ciertos cambios relacionados con la naturaleza del trance que comenzó en 2020. Con un claro predominio de los servicios hospitalarios y especializados (62 por 100), que por su alto coste unitario implican fuertes inversiones, y unas posiciones muy relevantes de la farmacia (15 por 100) y la atención primaria (14 por 100), el gasto sanitario refleja tanto la evolución demográfica como el continuo incremento de la innovación científica y tecnológica o las expectativas de los usuarios. La crisis del coronavirus, sin embargo, ha propiciado el refuerzo de algunas funciones de escaso peso en la distribución, como la salud pública, que habiendo multiplicado por más de 2 su gasto ha aumentado su importancia relativa situándose en el 2 por 100 del gasto total.

Las dificultades que ha atravesado el SNS a lo largo de los dos últimos años no han impedido, sin embargo, el avance en algunas materias muy relevantes. Sin ánimo de exhaustividad, podrían destacarse

la aprobación de la Estrategia de Salud Digital119, ligada al PRTR para el periodo 2022-2026, que debe redundar en una profundización en la interoperabilidad; la aprobación y entrada en vigor de la Ley de Regulación de muerte digna120 o los avances en la aplicación en el SNS de las

terapias CAR-T en 2021121, que han abierto una nueva y prometedora perspectiva en el tratamiento de ciertos tipos de cáncer a través de inmunoterapia avanzada.

113. Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios, Análisis de la efectividad de la vacunación frente a COVID-19 en España; Informes de farmacovigilancia.

114. La mortalidad global alude al número de fallecimientos por COVID por cada 100.000 habitantes: la letalidad en mayores de 60 se refiere al número de fallecimientos por cada 100 mayores de 60 años contagiados.

115. Federación de asociaciones científico médicas españolas (FACME) y 51_Health, Impacto de la COVID-19 en lo no COVID-19, junio de 2021.

116. Según el CIS, el 40 por 100 manifestó síntomas de depresión y el 30 por 100 de ansiedad.

117. Ministerio de Sanidad, Estrategia de Salud Mental del Sistema Nacional de Salud 2022-2026.

118. Según la estimación realizada por el Grupo de Trabajo Multidisciplinar de apoyo al Ministerio de Ciencia e Innovación en materia de COVID-19, el 7 por 100 de todos los casos y el 15 por 100 de los sintomáticos acaban desarrollando COVID persistente.

119. Secretaría General de Salud Digital, Información e Innovación para el SNS, Estrategia de Salud Digital, diciembre de 2021.

120. Ley Orgánica 3/2021, de 24 de marzo, de Regulación de la eutanasia.

121. Incorporadas a la cartera de servicios de nueve hospitales en España.

Recuadro 5. Etapas de

vacunación frente al COVID-19

Gráfico 28. Población

vacunada en abril de 2022

Gráfico 29. Mortalidad y letalidad de pandemia

por comunidad autónoma (hasta abril de 2022)

Gráfico 30. Evolución de los pacientes

en espera y de los tiempos de demora

Gráfico 31. Evolución del gasto sanitario público, millones de euros y distribución funcional

Los datos, actualizados permanentemente por el Ministerio, muestran una mayor adhesión en los tramos de más edad (100 por 100 en los mayores de 80) con una disminución paulatina en los más jóvenes (84 por 100 en las personas entre 20 y 29), en consonancia con el riesgo personal percibido.

En todo caso, la efectividad y la seguridad de la vacunación frente al COVID-19113, está siendo monitorizada desde el inicio de la campaña, mostrando los diferentes niveles de eficacia en distintos segmentos de población y frente a distintas variantes del SARS-CoV-2, con un claro balance favorable a su uso en el caso de la variante ómicron, dominante desde enero de 2022 (se estima que ha evitado entre 800 y 1.000 muertes por cada 100.000 habitantes).







Hasta la aparición de ómicron a finales de 2021 se habían registrado cerca de 300 millones de contagios de coronavirus en todo el mundo. Pero dada la alta contagiosidad de esa variante, pocos meses después los casos registrados alcanzaban los 500 millones, y el número de fallecimientos por COVID-19, los 6 millones.

En España, desde el inicio de la crisis se han detectado 11,5 millones de casos y 102.000 muertes, concentradas en seis periodos de expansión epidémica. La evolución de los contagios ha tenido como consecuencia la hospitalización de 511.000 personas y el ingreso en UCI de 49.000.








Casi todos los indicadores de evolución de la pandemia muestran diferencias territoriales, siendo llamativas las arrojadas por las tasas de mortalidad global y la letalidad en mayores de 60 años114. La primera presenta un amplio rango de variación, desde las 77 hasta 351 muertes por cada 100.000 habitantes; la letalidad, por su parte, varía entre el 2,7 y el 7,2 por 100 de los contagiados mayores de 60. Cabe destacar el hecho de que algunas comunidades autónomas como Castilla y León, cuyas tasas de dependencia de mayores de 64 años se sitúan por encima de la media nacional arrojan tasas de mortalidad muy elevadas, mientras que otras, con menos población mayor han experimentado tasas de mortalidad por COVID también altas, como en el caso de Madrid. Por ello, las causas de las importantes diferencias territoriales deben buscarse en otros factores.




La sobrecarga de los servicios sanitarios y el temor al contacto con el coronavirus, sobre todo en las primeras fases de expansión, han tenido importantes consecuencias sobre la salud de la población que continuarán siendo visibles en los próximos años. El retraso en la atención a las personas con patologías crónicas y cuadros agudos, el incremento de la cronicidad tras el contagio de COVID-19, así como el aumento de los problemas de salud mental se han convertido en focos preocupación a lo largo de 2021.

Hasta la llegada del COVID-19, el 90 por 100 de las muertes se debía a enfermedades crónicas como el cáncer, las enfermedades cardiovasculares y las respiratorias. La reducción de la atención a las personas con estas patologías por la restricción de la actividad no urgente de los servicios de atención sanitaria y la autorrestricción por miedo al contacto con el coronavirus, han tenido como consecuencia el agravamiento de cuadros por falta de atención. Además, en torno a un 20 por 100 de los nuevos cánceres quedó sin diagnosticar durante las primeras etapas de la pandemia, lo que habrá ocasionado un aumento de casos en estadios avanzados y con peor diagnóstico (en España se estima un total de 276.000 nuevos casos en 2021)115, que se reflejará en las estadísticas sanitarias en los próximos años, dando cuenta de los efectos de la demanda embalsada.

Entretanto, la información relativa a las listas de espera en atención especializada muestra una significativa reducción en 2020, que se explica por la drástica limitación de las solicitudes de consulta en el primer año de pandemia y una considerable subida en 2021, sobre todo en el número de pacientes en espera de consulta con el médico especialista (77 por cada 1.000 hab.), superando la tasa registrada en 2019. En paralelo, los tiempos medios de espera se han reducido con respecto a 2020, cuando el indicador alcanzó su máximo valor en un contexto en el que buena parte de los recursos del sistema se dedicaron a la atención urgente del COVID y los procedimientos quirúrgicos programados fueron postergados.

La salud mental ha sido otro de los focos de preocupación desde el inicio de la pandemia, habiéndose constatado un importante deterioro, de manera especialmente acusada en la población femenina y en las personas más jóvenes, entre quienes se han venido registrando incrementos importantes de diagnósticos de depresión y ansiedad116. En este sentido, la reciente aprobación de la nueva Estrategia de Salud Mental117, que no se actualizaba desde 2009, incorpora la perspectiva de género así como una línea específica para la prevención de conductas suicidas.





En lo relativo a la cronicidad que responde de manera específica al contagio por el virus, se ha constatado su mayor riesgo de padecer problemas circulatorios, neurológicos, digestivos y endocrinos, entre otros. El COVID persistente, que se diagnostica a partir de la cuarta semana con síntomas, entraña un notable deterioro de la calidad de vida de las personas, requiriendo de una atención multidisciplinar que habrá de afrontar el SNS en un escenario en el que podría verse afectada una proporción muy importante de personas que han pasado la infección118.




El gasto sanitario público se elevó en 2020 a una cantidad total de 83.800 millones de euros, lo que supuso un incremento del 11,7 por 100 con respecto al año anterior, el más alto de la última década. Este aumento ha situado a la partida sanitaria en un volumen equivalente al 7,5 por 100 del PIB en un año en el que las extraordinarias circunstancias habrían obligado a redoblar el esfuerzo para afrontar una crisis sin precedentes. El gasto medio por habitante alcanzó así una cantidad de 1.770 euros, registrándose notables diferencias entre las comunidades autónomas.

En todo caso, cabe recordar que la crisis económica derivada de la sanitaria se materializó en una caída del PIB del 10,8 por 100 en 2020, lo que sin restar valor al esfuerzo público realizado, crea cierta distorsión en el análisis de la evolución del gasto sanitario, que ha venido mostrando valores inferiores a la media de la Unión Europea.

Atendiendo a la distribución funcional, el gasto sanitario público, que mantiene una estructura bastante estable, ha experimentado ciertos cambios relacionados con la naturaleza del trance que comenzó en 2020. Con un claro predominio de los servicios hospitalarios y especializados (62 por 100), que por su alto coste unitario implican fuertes inversiones, y unas posiciones muy relevantes de la farmacia (15 por 100) y la atención primaria (14 por 100), el gasto sanitario refleja tanto la evolución demográfica como el continuo incremento de la innovación científica y tecnológica o las expectativas de los usuarios. La crisis del coronavirus, sin embargo, ha propiciado el refuerzo de algunas funciones de escaso peso en la distribución, como la salud pública, que habiendo multiplicado por más de 2 su gasto ha aumentado su importancia relativa situándose en el 2 por 100 del gasto total.



Las dificultades que ha atravesado el SNS a lo largo de los dos últimos años no han impedido, sin embargo, el avance en algunas materias muy relevantes. Sin ánimo de exhaustividad, podrían destacarsela aprobación de la Estrategia de Salud Digital119, ligada al PRTR para el periodo 2022-2026, que debe redundar en una profundización en la interoperabilidad; la aprobación y entrada en vigor de la Ley de Regulación de muerte digna120 o los avances en la aplicación en el SNS de las terapias CAR-T en 2021121, que han abierto una nueva y prometedora perspectiva en el tratamiento de ciertos tipos de cáncer a través de inmunoterapia avanzada.

113. Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios, Análisis de la efectividad de la vacunación frente a COVID-19 en España; Informes de farmacovigilancia.

114. La mortalidad global alude al número de fallecimientos por COVID por cada 100.000 habitantes: la letalidad en mayores de 60 se refiere al número de fallecimientos por cada 100 mayores de 60 años contagiados.

115. Federación de asociaciones científico médicas españolas (FACME) y 51_Health, Impacto de la COVID-19 en lo no COVID-19,junio de 2021.

116. Según el CIS, el 40 por 100 manifestó síntomas de depresión y el 30 por 100 de ansiedad.

117. Ministerio de Sanidad, Estrategia de Salud Mental del Sistema Nacional de Salud 2022-2026.

118. Según la estimación realizada por el Grupo de Trabajo Multidisciplinar de apoyo al Ministerio de Ciencia e Innovación en materia de COVID-19, el 7 por 100 de todos los casos y el 15 por 100 de los sintomáticos acaban desarrollando COVID persistente.

119. Secretaría General de Salud Digital, Información e Innovación para el SNS, Estrategia de Salud Digital, diciembre de 2021.

120. Ley Orgánica 3/2021, de 24 de marzo, de Regulación de la eutanasia.

121. Incorporadas a la cartera de servicios de nueve hospitales en España.

Recuadro 5. Etapas de

vacunación frente al COVID-19

Gráfico 28. Población

vacunada en abril de 2022

Gráfico 29. Mortalidad y letalidad

de pandemia por comunidad

autónoma (hasta abril de 2022)

Gráfico 30. Evolución de los

pacientes en espera y de los

tiempos de demora

Gráfico 31. Evolución del gasto

sanitario público, millones de

euros y distribución funcional