Los flujos laborales en 2021
La dinámica del mercado de trabajo mostró en 2021 un retorno, aunque incompleto, a los niveles anteriores a la pandemia que generó una fuerte disrupción en los flujos laborales, sobre todo en las entradas al empleo. Se trata, por lo demás, de flujos más intensos que los visibles en el panorama comparado (cuadro A-9), por el efecto del peso en la estructura productiva española de actividades con mayor estacionalidad, y también como resultado de la corta duración de una parte elevada de los empleos15, que genera rotación entre las posiciones en el mercado de trabajo e induce así un mayor número de movimientos de entrada y salida de ellas. En 2021, se recogieron un total de 16,4 millones de flujos de entrada y salida trimestrales en España; esto supone una movilidad del 41 por 100 de toda la población en edad laboral, mientras que en el conjunto UE-27 fue del 27 por 100. La mayor intensidad comparada se dio en las salidas del empleo hacia el paro: del orden del 3 por 100 de las personas con empleo en un trimestre estaban en paro en el siguiente; una frecuencia que doblaba la observada en la UE-27, y que se tradujo en 2,5 millones de movimientos de salida del empleo y entrada en el paro en el conjunto del año.
Lo interesante, además de volver a subrayar el significado de la mayor rotación que trasluce esta diferencia, es atender a las vías concretas que regulan los movimientos de entrada y salida, asociadas a la regulación laboral, que tiene cierta capacidad de modular la frecuencia de uso de cada una de ellas y donde el cambio en los primeros meses de 2022 del flujo mensual de contratos permite apreciar, como ya se ha adelantado, un fuerte cambio en este sentido.
En las vías de entrada, la principal es el contrato de trabajo, donde el registro del SEPE (cuadro A-10) arrojó 19,4 millones de contratos en 2021. Es una cifra todavía por debajo de la alcanzada en 2019, porque el ritmo se aceleró sobre todo desde el verano, conforme se normalizaba la situación sanitaria, avanzaba la vacunación y se recuperaba la actividad. Pero también porque se registraron menos temporales debido a la incompleta normalización de actividades como la hostelería; y quizá también porque los últimos meses trajeron de vuelta expectativas menos optimistas.
En todo caso, la tendencia se orientó nuevamente al alza. Los contratos indefinidos recogieron un incremento por encima del 35 por 100 en el acumulado de 2021, revirtiendo la tendencia negativa que habían recogido no solo en 2020 sino también en 2019. Los temporales, por su parte, crecieron un 20 por 100, sin mostrar cambios significativos ni por modalidades ni por duraciones: la mayor frecuencia continuó correspondiendo a las más cortas (un 40 por 100 de los contratos por debajo de 7 días) y la duración media de todos los temporales se situó en 53 días, muy parecida a todos los años anteriores desde la salida de la crisis de 2008-2012, aunque sensiblemente inferior a la que regía en la etapa expansiva anterior a ella (79 días en 2007).
La novedad reside en lo ocurrido con los flujos de contratación en los cuatro primeros meses de 2022 (gráfico 9), con un fuerte incremento en los indefinidos y un descenso en los temporales que se asocia a la reforma laboral: tomando como referencia ese mismo periodo de 2019, los indefinidos crecieron un 142 por 100, con incrementos respectivos del 160 y el 110 por 100 en los iniciales y en las conversiones; los temporales, a su vez, se redujeron un 27 por 100. A partir de abril de 2022 se cuenta, además, con una estadística de contratos registrados del SEPE ya acomodada a la reforma, lo que facilitará su seguimiento y la valoración de los efectos de esta en las modalidades temporales.
En cuanto a las salidas del empleo (cuadro A-11), tras el comportamiento anómalo de 2020 las cifras se situaron en niveles inferiores a los de 2019. La comparativa entre ese año y 2021 muestra muy pocos cambios en la estructura de las vías de salida, dominadas por el fin del contrato temporal, y apenas hay movimientos reseñables, salvo el aumento en los despidos colectivos que, de cualquier forma, representaron una parte minoritaria en el total. Incluso descontando los fines de contratos, estas extinciones representaron en 2021 apenas un 7 por 100, frente al 77 por 100 de los despidos individuales, una proporción lógica dada configuración del tejido empresarial español, dominado por micropymes. Salvo en momentos puntuales asociados a la irrupción de algunos grandes procedimientos colectivos, lo que predomina es el goteo individual de extinciones a través de despidos individuales, en su mayor parte sin causa comunicada.
En definitiva, apenas hubo cambios o movimientos reseñables en las vías de salida en 2021, dominadas por el fin del contrato temporal. Pero habrá que estar atentos en lo sucesivo al cambio que origine el mayor peso del empleo indefinido, lo que requerirá además un mayor detalle en las causas de los despidos.
15. Se habla de corta duración de los empleos, y no de los contratos, porque, si bien están vinculadas, la rotación no predica contratos sucesivos a las mismas personas (ni siquiera a personas distintas) en las mismas empresas, lo que supondría empleos largos con contratos cortos y no se traduciría en movimientos de salida del empleo. Conviene aclararlo para no dar idea de la presencia de encadenamiento.
Los flujos laborales en 2021
La dinámica del mercado de trabajo mostró en 2021 un retorno, aunque incompleto, a los niveles anteriores a la pandemia que generó una fuerte disrupción en los flujos laborales, sobre todo en las entradas al empleo. Se trata, por lo demás, de flujos más intensos que los visibles en el panorama comparado (cuadro A-9), por el efecto del peso en la estructura productiva española de actividades con mayor estacionalidad, y también como resultado de la corta duración de una parte elevada de los empleos15, que genera rotación entre las posiciones en el mercado de trabajo e induce así un mayor número de movimientos de entrada y salida de ellas. En 2021, se recogieron un total de 16,4 millones de flujos de entrada y salida trimestrales en España; esto supone una movilidad del 41 por 100 de toda la población en edad laboral, mientras que en el conjunto UE-27 fue del 27 por 100. La mayor intensidad comparada se dio en las salidas del empleo hacia el paro: del orden del 3 por 100 de las personas con empleo en un trimestre estaban en paro en el siguiente; una frecuencia que doblaba la observada en la UE-27, y que se tradujo en 2,5 millones de movimientos de salida del empleo y entrada en el paro en el conjunto del año.
Lo interesante, además de volver a subrayar el significado de la mayor rotación que trasluce esta diferencia, es atender a las vías concretas que regulan los movimientos de entrada y salida, asociadas a la regulación laboral, que tiene cierta capacidad de modular la frecuencia de uso de cada una de ellas y donde el cambio en los primeros meses de 2022 del flujo mensual de contratos permite apreciar, como ya se ha adelantado, un fuerte cambio en este sentido.
En las vías de entrada, la principal es el contrato de trabajo, donde el registro del SEPE (cuadro A-10) arrojó 19,4 millones de contratos en 2021. Es una cifra todavía por debajo de la alcanzada en 2019, porque el ritmo se aceleró sobre todo desde el verano, conforme se normalizaba la situación sanitaria, avanzaba la vacunación y se recuperaba la actividad. Pero también porque se registraron menos temporales debido a la incompleta normalización de actividades como la hostelería; y quizá también porque los últimos meses trajeron de vuelta expectativas menos optimistas.
En todo caso, la tendencia se orientó nuevamente al alza. Los contratos indefinidos recogieron un incremento por encima del 35 por 100 en el acumulado de 2021, revirtiendo la tendencia negativa que habían recogido no solo en 2020 sino también en 2019. Los temporales, por su parte, crecieron un 20 por 100, sin mostrar cambios significativos ni por modalidades ni por duraciones: la mayor frecuencia continuó correspondiendo a las más cortas (un 40 por 100 de los contratos por debajo de 7 días) y la duración media de todos los temporales se situó en 53 días, muy parecida a todos los años anteriores desde la salida de la crisis de 2008-2012, aunque sensiblemente inferior a la que regía en la etapa expansiva anterior a ella (79 días en 2007).
La novedad reside en lo ocurrido con los flujos de contratación en los cuatro primeros meses de 2022 (gráfico 9), con un fuerte incremento en los indefinidos y un descenso en los temporales que se asocia a la reforma laboral: tomando como referencia ese mismo periodo de 2019, los indefinidos crecieron un 142 por 100, con incrementos respectivos del 160 y el 110 por 100 en los iniciales y en las conversiones; los temporales, a su vez, se redujeron un 27 por 100. A partir de abril de 2022 se cuenta, además, con una estadística de contratos registrados del SEPE ya acomodada a la reforma, lo que facilitará su seguimiento y la valoración de los efectos de esta en las modalidades temporales.
En cuanto a las salidas del empleo (cuadro A-11), tras el comportamiento anómalo de 2020 las cifras se situaron en niveles inferiores a los de 2019. La comparativa entre ese año y 2021 muestra muy pocos cambios en la estructura de las vías de salida, dominadas por el fin del contrato temporal, y apenas hay movimientos reseñables, salvo el aumento en los despidos colectivos que, de cualquier forma, representaron una parte minoritaria en el total. Incluso descontando los fines de contratos, estas extinciones representaron en 2021 apenas un 7 por 100, frente al 77 por 100 de los despidos individuales, una proporción lógica dada configuración del tejido empresarial español, dominado por micropymes. Salvo en momentos puntuales asociados a la irrupción de algunos grandes procedimientos colectivos, lo que predomina es el goteo individual de extinciones a través de despidos individuales, en su mayor parte sin causa comunicada.
En definitiva, apenas hubo cambios o movimientos reseñables en las vías de salida en 2021, dominadas por el fin del contrato temporal. Pero habrá que estar atentos en lo sucesivo al cambio que origine el mayor peso del empleo indefinido, lo que requerirá además un mayor detalle en las causas de los despidos.
15. Se habla de corta duración de los empleos, y no de los contratos, porque, si bien están vinculadas, la rotación no predica contratos sucesivos a las mismas personas (ni siquiera a personas distintas) en las mismas empresas, lo que supondría empleos largos con contratos cortos y no se traduciría en movimientos de salida del empleo. Conviene aclararlo para no dar idea de la presencia de encadenamiento.