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Los empleos: situaciones profesionales y temporalidad

Uno de los rasgos que más limita la idea de recuperación plena es la persistencia de la crisis en algunas actividades económicas de elevado peso en el total del empleo en el sector privado de la economía. Esta circunstancia redujo, pese al reiterado crecimiento general en 2021, el saldo positivo tras la pandemia, porque el conjunto asalariado en el sector privado no llegó al volumen de empleo anterior a esta. Dicho conjunto creció en cerca de 640.000 personas entre 2020 y 2021, muy elevado pero insuficiente para enjugar la pérdida del año anterior, cifrada en 730.000 (cuadro A-5). Al margen de ello, hay que insistir en que en el año 2021 crecieron todas las grandes situaciones profesionales que recoge la EPA, con dos excepciones: los hombres asalariados en el sector público; y el empleo autónomo, donde más que de un descenso hay que hablar de un trasvase hacia empleadores.




De hecho, esa bajada en los datos EPA del empleo autónomo en 2021 no se observa en el registro de afiliación a la Seguridad Social (gráfico A-2), donde solo prosiguen su retroceso, visible desde hace un amplio número de años, los grupos agrario y del mar. El resto

creció, y en el desglose por categorías puede verse cómo, efectivamente, lo que hubo fue un trasvase desde el grupo sin asalariados al de con asalariados, justo al contrario de lo observado en 2020.




Por lo demás, puede afirmarse que el empleo autónomo resistió el embate de la pandemia7 entre otros gracias al apoyo de las sucesivas prestaciones extraordinarias por cese de actividad y las exenciones de cuotas que dieron cobertura con distinta intensidad hasta al menos la primera mitad de 2021.

El repunte en el año, por otro lado, no se basó solo en reanudaciones sino también, aunque sea en cifras relativamente modestas, en nuevas altas, es decir, en personas que se establecen por primera vez como autónomos, con un 1,5 por 100 más que en 2019. Esta circunstancia, junto con la reactivación del crecimiento de empresas que reflejan los datos de la Seguridad Social y las nuevas unidades recogidas en el registro de entidades de la economía social, apuntan al mayor dinamismo del tejido empresarial, en concreto en la segunda mitad del año 2021.

Esto debería verse reforzado en lo sucesivo como efecto transversal del PRTR y de su impulso al emprendimiento, aunque seguramente ahora pesa sobre todo la incertidumbre del contexto económico. Y debería realmente reforzarse, dada la importancia de este tejido empresarial en España. Basta señalar dos datos al respecto: los dos millones de personas que trabajan como autónomos sostienen más de 800.000 empleos asalariados (gráfico A-2), y cuentan con cerca de 200.000 personas que trabajan —y cotizan— como colaboradoras; por su parte, las cooperativas y sociedades laborales, que forman parte de la economía social, agruparían en torno a 300.000 empleos directos8.

        Dentro del empleo asalariado, uno de los hechos más llamativos de 2021 es el nuevo y sustancial incremento (130.000 personas más que en 2020) de las mujeres en el sector público, que elevó el saldo 2019-2021

a 200.000 asalariadas más en dicho sector. En los hombres, en cambio, el empleo público retrocedió en 30.000 personas en 2021, dejando el saldo 2019-2021 en solo 17.000. Esto siguió impulsando la feminización del sector público, donde ya son mujeres el 59 por 100 del total.

Sin duda, tal feminización obedece al incremento del empleo en las ramas de sanidad y educación públicas, que se concentran en las mujeres, pero hay que aclarar tres hechos (cuadro A-6): primero, que no se trata de un crecimiento solo asociado a la pandemia, porque, sobre todo en sanidad, comenzó claramente antes; segundo, que también creció el empleo femenino en el resto de las ramas de actividad con presencia en el sector público, en especial en la de Administración pública, defensa y Seguridad social obligatoria, que es la mayoritaria en el sector; y tercero, que este dinamismo contrasta con el escaso o negativo comportamiento del empleo masculino público, lo que apuntaría a cierta «sustitución» progresiva de hombres por mujeres.



8. Aunque se trate de cifras desactualizadas, porque, inexplicablemente, han dejado de recogerse desde 2019 los datos totales de los registros en la información del MITES sobre cooperativas y sociedades laborales, contando solo con las nuevas altas.

Cuadro A-5. Empleo por situación profesional y sexo, 2019-2021

Cuadro A-6. Empleo público por sexo en las mayores ramas, 2008-2021

Gráfico A-2. Autónomos: afiliación por regímenes y categorías, 2019-2021

Los empleos: situaciones profesionales y

temporalidad

Uno de los rasgos que más limita la idea de recuperación plena es la persistencia de la crisis en algunas actividades económicas de elevado peso en el total del empleo en el sector privado de la economía. Esta circunstancia redujo, pese al reiterado crecimiento general en 2021, el saldo positivo tras la pandemia, porque el conjunto asalariado en el sector privado no llegó al volumen de empleo anterior a esta. Dicho conjunto creció en cerca de 640.000 personas entre 2020 y 2021, muy elevado pero insuficiente para enjugar la pérdida del año anterior, cifrada en 730.000 (cuadro A-5). Al margen de ello, hay que insistir en que en el año 2021 crecieron todas las grandes situaciones profesionales que recoge la EPA, con dos excepciones: los hombres asalariados en el sector público; y el empleo autónomo, donde más que de un descenso hay que hablar de un trasvase hacia empleadores.








De hecho, esa bajada en los datos EPA del empleo autónomo en 2021 no se observa en el registro de afiliación a la Seguridad Social (gráfico A-2), donde solo prosiguen su retroceso, visible desde hace un amplio número de años, los grupos agrario y del mar. El resto creció, y en el desglose por categorías puede verse cómo, efectivamente, lo que hubo fue un trasvase desde el grupo sin asalariados al de con asalariados, justo al contrario de lo observado en 2020.





Por lo demás, puede afirmarse que el empleo autónomo resistió el embate de la pandemia7 entre otros gracias al apoyo de las sucesivas prestaciones extraordinarias por cese de actividad y las exenciones de cuotas que dieron cobertura con distinta intensidad hasta al menos la primera mitad de 2021.

El repunte en el año, por otro lado, no se basó solo en reanudaciones sino también, aunque sea en cifras relativamente modestas, en nuevas altas, es decir, en personas que se establecen por primera vez como autónomos, con un 1,5 por 100 más que en 2019. Esta circunstancia, junto con la reactivación del crecimiento de empresas que reflejan los datos de la Seguridad Social y las nuevas unidades recogidas en el registro de entidades de la economía social, apuntan al mayor dinamismo del tejido empresarial, en concreto en la segunda mitad del año 2021.

Esto debería verse reforzado en lo sucesivo como efecto transversal del PRTR y de su impulso al emprendimiento, aunque seguramente ahora pesa sobre todo la incertidumbre del contexto económico. Y debería realmente reforzarse, dada la importancia de este tejido empresarial en España. Basta señalar dos datos al respecto: los dos millones de personas que trabajan como autónomos sostienen más de 800.000 empleos asalariados (gráfico A-2), y cuentan con cerca de 200.000 personas que trabajan —y cotizan— como colaboradoras; por su parte, las cooperativas y sociedades laborales, que forman parte de la economía social, agruparían en torno a 300.000 empleos directos8.








Dentro del empleo asalariado, uno de los hechos más llamativos de 2021 es el nuevo y sustancial incremento (130.000 personas más que en 2020) de las mujeres en el sector público, que elevó el saldo 2019-2021 a 200.000 asalariadas más en dicho sector. En los hombres, en cambio, el empleo público retrocedió en 30.000 personas en 2021, dejando el saldo 2019-2021 en solo 17.000. Esto siguió impulsando la feminización del sector público, donde ya son mujeres el 59 por 100 del total.

Sin duda, tal feminización obedece al incremento del empleo en las ramas de sanidad y educación públicas, que se concentran en las mujeres, pero hay que aclarar tres hechos (cuadro A-6): primero, que no se trata de un crecimiento solo asociado a la pandemia, porque, sobre todo en sanidad, comenzó claramente antes; segundo, que también creció el empleo femenino en el resto de las ramas de actividad con presencia en el sector público, en especial en la de Administración pública, defensa y Seguridad social obligatoria, que es la mayoritaria en el sector; y tercero, que este dinamismo contrasta con el escaso o negativo comportamiento del empleo masculino público, lo que apuntaría a cierta «sustitución» progresiva de hombres por mujeres.





8. Aunque se trate de cifras desactualizadas, porque, inexplicablemente, han dejado de recogerse desde 2019 los datos totales de los registros en la información del MITES sobre cooperativas y sociedades laborales, contando solo con las nuevas altas.

Cuadro A-5. Empleo por situación profesional y sexo, 2019-2021

Cuadro A-6. Empleo público por sexo en las mayores ramas, 2008-2021

Gráfico A-2. Autónomos: afiliación por regímenes y categorías, 2019-2021

Gráfico A-2. Autónomos: afiliación por regímenes y categorías, 2019-2021