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Situación de la Unión Europea en el contexto internacional

El año 2021 vio una tendencia progresivamente más sólida, aunque menos rápida de lo inicialmente esperado, hacia la recuperación de las economías y los mercados de trabajo de todo el mundo, tras el fuerte impacto de la pandemia de COVID-19 en 2020. Las

estimaciones de la OIT1 al cierre del año, pese a recoger ya una revisión a la baja y unas previsiones menos optimistas para 2022, apuntaban a una recuperación notable en todas partes. En este contexto, el saldo 2019-2021 para el conjunto UE-27 mostraba una pérdida remanente en términos de empleo más baja que para el total mundial, con menos descenso de la población activa y con un incremento del paro más suave, aunque todavía con un menor número total de horas de trabajo (gráfico 1).




La contención de las pérdidas laborales en 2020, fuertemente impulsada a escala europea a través del instrumento SURE (dotado para este fin con 100.000 millones de euros), y la rápida adopción, aunque con costes de distinta índole, de esquemas de teletrabajo, seguida en 2021 por un buen ritmo de vacunación, nuevas iniciativas de calado para el empleo, y elevadas expectativas tras la aprobación comunitaria y el desarrollo programático en cada país del Next Generation, permitieron iniciar rápidamente la recuperación en la Unión Europea.

     No obstante, en este panorama hay algunos elementos de preocupación a nivel europeo. En primer lugar, por la constatación de la desigual distribución del impacto de la crisis sobre el empleo, entre grupos de personas y entre países (cuadro A-1), sobre todo por la concentración de los efectos más negativos en cierta actividades (el mayor impacto en el turismo

habría originado la afectación más intensa en los mediterráneos), pero también entre regiones, e incluso entre territorios, con pérdidas cinco veces mayores en las áreas rurales. A este respecto, la Comisión Europea señalaba una recuperación todavía incompleta del empleo y las horas trabajadas, menor participación laboral y mayor paro, total y de larga duración, que evidenciaba menor probabilidad de encontrar trabajo. Y apuntaba la concentración en la población joven de las pérdidas de empleo, aunque la recuperación posterior también estaba siendo más rápida.


En segundo lugar, porque esa desigualdad se potencia con una recuperación centrada en actividades y ocupaciones distintas a las que sufrieron las mayores pérdidas, y está provocando un rápido crecimiento de las vacantes no cubiertas que podría apuntar a futuros estrangulamientos en la oferta de trabajo para determinados segmentos en la mayor parte de los sectores, destacadamente la industria. Estas escaseces contrastarían, también según la Comisión Europea, con la persistencia del desempleo generado en la pandemia (a lo que apunta el mayor paro de larga duración que se acaba de señalar para la UE-27), evidenciando ineficiencias y desajustes, entre otros en las políticas de empleo.

Y en tercer lugar, porque el tejido productivo es ahora, como resultado de la dureza de la crisis y de una vuelta a la normalidad más larga de lo esperada, más vulnerable ante nuevas circunstancias económicas negativas, tanto las que se hicieron visibles ya en 2021 (tensiones de aprovisionamiento en las cadenas globales de valor, estrangulamientos en los sistemas de transporte y costes crecientes de la energía), como las que está desencadenando, en especial en la economía europea, la invasión rusa de Ucrania.

1. OIT, World Employment and Social Outlook. Trends 2022.

Gráfico 1. Evolución del mercado laboral europeo en perspectiva comparada

Situación de la Unión

Europea en el contexto

internacional



El año 2021 vio una tendencia progresivamente más sólida, aunque menos rápida de lo inicialmente esperado, hacia la recuperación de las economías y los mercados de trabajo de todo el mundo, tras el fuerte impacto de la pandemia de COVID-19 en 2020. Las estimaciones de la OIT1 al cierre del año, pese a recoger ya una revisión a la baja y unas previsiones menos optimistas para 2022, apuntaban a una recuperación notable en todas partes. En este contexto, el saldo 2019-2021 para el conjunto UE-27 mostraba una pérdida remanente en términos de empleo más baja que para el total mundial, con menos descenso de la población activa y con un incremento del paro más suave, aunque todavía con un menor número total de horas de trabajo (gráfico 1).





La contención de las pérdidas laborales en 2020, fuertemente impulsada a escala europea a través del instrumento SURE (dotado para este fin con 100.000 millones de euros), y la rápida adopción, aunque con costes de distinta índole, de esquemas de teletrabajo, seguida en 2021 por un buen ritmo de vacunación, nuevas iniciativas de calado para el empleo, y elevadas expectativas tras la aprobación comunitaria y el desarrollo programático en cada país del Next Generation, permitieron iniciar rápidamente la recuperación en la Unión Europea.




     No obstante, en este panorama hay algunos elementos de preocupación a nivel europeo. En primer lugar, por la constatación de la desigual distribución del impacto de la crisis sobre el empleo, entre grupos de personas y entre países (cuadro A-1), sobre todo por la concentración de los efectos más negativos en cierta actividades

(el mayor impacto en el turismo habría originado la afectación más intensa en los mediterráneos), pero también entre regiones, e incluso entre territorios, con pérdidas cinco veces mayores en las áreas rurales. A este respecto, la Comisión Europea señalaba una recuperación todavía incompleta del empleo y las horas trabajadas, menor participación laboral y mayor paro, total y de larga duración, que evidenciaba menor probabilidad de encontrar trabajo. Y apuntaba la concentración en la población joven de las pérdidas de empleo, aunque la recuperación posterior también estaba siendo más rápida.


En segundo lugar, porque esa desigualdad se potencia con una recuperación centrada en actividades y ocupaciones distintas a las que sufrieron las mayores pérdidas, y está provocando un rápido crecimiento de las vacantes no cubiertas que podría apuntar a futuros estrangulamientos en la oferta de trabajo para determinados segmentos en la mayor parte de los sectores, destacadamente la industria. Estas escaseces contrastarían, también según la Comisión Europea, con la persistencia del desempleo generado en la pandemia (a lo que apunta el mayor paro de larga duración que se acaba de señalar para la UE-27), evidenciando ineficiencias y desajustes, entre otros en las políticas de empleo.

Y en tercer lugar, porque el tejido productivo es ahora, como resultado de la dureza de la crisis y de una vuelta a la normalidad más larga de lo esperada, más vulnerable ante nuevas circunstancias económicas negativas, tanto las que se hicieron visibles ya en 2021 (tensiones de aprovisionamiento en las cadenas globales de valor, estrangulamientos en los sistemas de transporte y costes crecientes de la energía), como las que está desencadenando, en especial en la economía europea, la invasión rusa de Ucrania.

1. OIT, World Employment and Social Outlook. Trends 2022.

Gráfico 1. Evolución del mercado laboral europeo en perspectiva comparada