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El sector financiero como elemento tractor de la transición energética

La escala de desafío que supone la descarbonización de la economía, exige que, junto al esfuerzo de inversión pública, se promueva la inversión privada apoyada en una adecuación del sistema financiero al reto que supone esta transición. Por un lado, como elemento tractor o palanca de cambio de la propia transición, facilitando la canalización de recursos para la transición. Por otro lado, como afectado por las consecuencias de los riesgos físicos asociados al cambio climático, como los provocados por eventos meteorológicos adversos, y de los riesgos de transición que surgen por cambios normativos, por la irrupción de nuevas tecnologías o por nuevos modelos de consumo.

En España, la exposición de las entidades a las ramas de actividad potencialmente más afectadas representa, grosso modo, entre el 20 y el 25 por 100 de la cartera de préstamos para actividades productivas116. A medida que las entidades vayan mejorando su capacidad para medir, evaluar y anticipar esos riesgos y los vayan incorporando a sus costes y a su capital, su papel como palanca o elemento tractor de la transición energética se incrementará, ya que podrán ofrecer financiación, de manera más precisa, a las inversiones que en mayor medida contribuyen a la descarbonización de la economía.

Se han producido importantes avances en el marco de la Unión Europea, destacando el Plan de Acción sobre finanzas sostenibles117 o la aprobación del Reglamento dedicado a la taxonomía118. Por su parte, el BCE puso en marcha en enero de 2022 los primeros test de resistencia de los principales bancos europeos ante los riesgos climáticos para identificar vulnerabilidad, buenas prácticas y desafíos de cara a su gestión.

En España, la Ley 7/2021 ha recogido la necesidad de fomentar el establecimiento de un marco para facilitar las inversiones sostenibles. Para ello, recoge las obligaciones de información que debe emprender el sector financiero y las empresas e introduce la obligación de presentar, en materia de obligaciones de información no financiera, un informe de carácter anual en el que se haga una evaluación del impacto financiero de los riesgos asociados al cambio climático generados por la exposición de su actividad, incluyendo los riesgos de la transición y las medidas que se adopten para hacer frente a dichos riesgos financieros.

No obstante, son varios los desafíos que encuentra el sector financiero en este ámbito, entre otros:

  • La dificultad que supone la ausencia de una taxonomía homogénea a nivel mundial, máxime cuando muchas entidades españolas tienen un carácter global.
  • El hecho de que para realizar esos ejercicios o test de resistencia los bancos dependan de los datos que ofrecen sus clientes, y, además, solo las grandes empresas están obligadas a ofrecer esa información y no siempre es lo suficientemente amplia o sistematizada. Por tanto, quedan fuera tanto los hogares como las pymes, y aunque para estas últimas supone una simplificación administrativa, en la práctica puede limitar o perjudicar su acceso a una financiación ajena cada vez más interesada en la sostenibilidad.
  • Y por último, la necesidad de mejorar sus operaciones de activo relacionadas con la financiación de bienes intangibles que, como se ha indicado, juegan un papel esencial en la transición energética pero que, sin embargo, suele sufrir dificultades en el acceso a la financiación ajena.

116. Delgado, M., «Transición energética y estabilidad financiera. Implicaciones para las entidades de depósito españolas», Revista de Estabilidad Financiera, núm. 37, Banco de España, 2019.

117. COM (2018) 97 final.

118. Reglamento (UE) 2020/852, citado.

El sector financiero como elemento tractor de la

transición energética

La escala de desafío que supone la descarbonización de la economía, exige que, junto al esfuerzo de inversión pública, se promueva la inversión privada apoyada en una adecuación del sistema financiero al reto que supone esta transición. Por un lado, como elemento tractor o palanca de cambio de la propia transición, facilitando la canalización de recursos para la transición. Por otro lado, como afectado por las consecuencias de los riesgos físicos asociados al cambio climático, como los provocados por eventos meteorológicos adversos, y de los riesgos de transición que surgen por cambios normativos, por la irrupción de nuevas tecnologías o por nuevos modelos de consumo.

En España, la exposición de las entidades a las ramas de actividad potencialmente más afectadas representa, grosso modo, entre el 20 y el 25 por 100 de la cartera de préstamos para actividades productivas116. A medida que las entidades vayan mejorando su capacidad para medir, evaluar y anticipar esos riesgos y los vayan incorporando a sus costes y a su capital, su papel como palanca o elemento tractor de la transición energética se incrementará, ya que podrán ofrecer financiación, de manera más precisa, a las inversiones que en mayor medida contribuyen a la descarbonización de la economía.

Se han producido importantes avances en el marco de la Unión Europea, destacando el Plan de Acción sobre finanzas sostenibles117 o la aprobación del Reglamento dedicado a la taxonomía118. Por su parte, el BCE puso en marcha en enero de 2022 los primeros test de resistencia de los principales bancos europeos ante los riesgos climáticos para identificar vulnerabilidad, buenas prácticas y desafíos de cara a su gestión.

En España, la Ley 7/2021 ha recogido la necesidad de fomentar el establecimiento de un marco para facilitar las inversiones sostenibles. Para ello, recoge las obligaciones de información que debe emprender el sector financiero y las empresas e introduce la obligación de presentar, en materia de obligaciones de información no financiera, un informe de carácter anual en el que se haga una evaluación del impacto financiero de los riesgos asociados al cambio climático generados por la exposición de su actividad, incluyendo los riesgos de la transición y las medidas que se adopten para hacer frente a dichos riesgos financieros.

No obstante, son varios los desafíos que encuentra el sector financiero en este ámbito, entre otros:

  • La dificultad que supone la ausencia de una taxonomía homogénea a nivel mundial, máxime cuando muchas entidades españolas tienen un carácter global.
  • El hecho de que para realizar esos ejercicios o test de resistencia los bancos dependan de los datos que ofrecen sus clientes, y, además, solo las grandes empresas están obligadas a ofrecer esa información y no siempre es lo suficientemente amplia o sistematizada. Por tanto, quedan fuera tanto los hogares como las pymes, y aunque para estas últimas supone una simplificación administrativa, en la práctica puede limitar o perjudicar su acceso a una financiación ajena cada vez más interesada en la sostenibilidad.
  • Y por último, la necesidad de mejorar sus operaciones de activo relacionadas con la financiación de bienes intangibles que, como se ha indicado, juegan un papel esencial en la transición energética pero que, sin embargo, suele sufrir dificultades en el acceso a la financiación ajena.