Papel estratégico del sector agrario
El sector de la agricultura y la ganadería responde de un 14 por 100 de las emisiones de GEI, aunque no todo es CO2. Esta actividad se enfrenta a la transición energética desde una perspectiva de mejora de la eficiencia y de la sustitución de activos que usan combustibles fósiles. De hecho, alrededor de un 10 por 100 de los consumos intermedios del sector corresponde a la rúbrica «energía y lubricantes».
Además, merece atención la práctica desaparición de emisiones ligadas a la quema de restos de cultivos como medida de prevención de incendios y las prácticas conservadoras de suelo, en aplicación de los compromisos y normas agroambientales asumidos por los receptores de ayudas directas en el marco de la nueva Política Agraria Comunitaria. De hecho, el sector debe hacer frente a la necesidad de mitigar otras emisiones GEI fruto del uso de fertilizantes aplicados al suelo, la variación de la cabaña ganadera y su rendimiento productivo o la gestión de estiércoles.
Y es que el sector agrario afronta un momento crucial ante la inminente aplicación de la PAC 2023-2027, más orientada al alcance de resultados vinculados a objetivos de sostenibilidad, y con una reforzada ambición medioambiental y climática (condicionalidad reforzada). Todo ello añadido al desafío que, especialmente para las explotaciones de pequeño y mediano tamaño, representa la transición energética, que supondrá la renovación de activos e inversiones en nuevas tecnologías para una actividad que arrastra desde hace tiempo graves problemas de rentabilidad.
Papel estratégico del
sector agrario
El sector de la agricultura y la ganadería responde de un 14 por 100 de las emisiones de GEI, aunque no todo es CO2. Esta actividad se enfrenta a la transición energética desde una perspectiva de mejora de la eficiencia y de la sustitución de activos que usan combustibles fósiles. De hecho, alrededor de un 10 por 100 de los consumos intermedios del sector corresponde a la rúbrica «energía y lubricantes».
Además, merece atención la práctica desaparición de emisiones ligadas a la quema de restos de cultivos como medida de prevención de incendios y las prácticas conservadoras de suelo, en aplicación de los compromisos y normas agroambientales asumidos por los receptores de ayudas directas en el marco de la nueva Política Agraria Comunitaria. De hecho, el sector debe hacer frente a la necesidad de mitigar otras emisiones GEI fruto del uso de fertilizantes aplicados al suelo, la variación de la cabaña ganadera y su rendimiento productivo o la gestión de estiércoles.
Y es que el sector agrario afronta un momento crucial ante la inminente aplicación de la PAC 2023-2027, más orientada al alcance de resultados vinculados a objetivos de sostenibilidad, y con una reforzada ambición medioambiental y climática (condicionalidad reforzada). Todo ello añadido al desafío que, especialmente para las explotaciones de pequeño y mediano tamaño, representa la transición energética, que supondrá la renovación de activos e inversiones en nuevas tecnologías para una actividad que arrastra desde hace tiempo graves problemas de rentabilidad.