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Evolución dispar de las ramas industriales

La invasión de Ucrania también puede truncar la incipiente recuperación de las manufacturas españolas. En 2021, el Índice de Producción Industrial (IPI) aumentó un 7,0 por 100 quedando por debajo del nivel anterior a la pandemia, con diferentes resultados según el destino económico de los bienes. Los de consumo y los intermedios, que representan más de la mitad del IPI, consiguieron recuperar e incluso superar la actividad de 2019, mientras que la energía y, sobre todo, los bienes de equipo no llegaron ni a compensar la mitad de la caída de 2020.

A pesar de las dificultades en el abastecimiento de suministros y de la incompleta recuperación de la demanda, la práctica totalidad de las ramas de actividad avanzaron en 2021, aunque no todas lograron alcanzar los niveles de producción anteriores a la pandemia. No obstante, destacó el dinamismo de la industria de la madera y el corcho, de artes gráficas, química, otros productos minerales no metálicos, el material y equipo eléctrico o muebles, con importantes crecimientos bianuales positivos. Mención aparte merece la rama de productos farmacéuticos, la única que había crecido en 2020 como respuesta a la crisis sanitaria y que avanzó nuevamente en 2021, un 5,1 por 100.

En contraste, la producción de la industria del automóvil volvió a caer en 2021 tras el aciago resultado de 2020. Su producción se mostró especialmente sensible a los problemas de suministros, que se vinieron a sumar al desafío de su necesaria transformación productiva para adaptarse a unas exigencias medioambientales más estrictas y a los nuevos modelos de movilidad. El auge de la movilidad eléctrica —que podría acelerarse como consecuencia de la subida del precio de los hidrocarburos por el conflicto en Ucrania— y sus efectos para el empleo en el sector, la relocalización de las plantas de producción, la debilidad de las ventas y la concentración de innovaciones en el sector plantean un contexto complejo para los principales fabricantes. El PRTR incluye la movilidad sostenible como desafío, de hecho el PERTE del vehículo eléctrico fue el primero en aprobarse.

La crisis bélica en los primeros meses de 2022 hizo mella en la producción industrial. Las primeras afectadas fueron las industrias electrointensivas —en su mayoría grandes empresas, en sectores como la siderurgia, los metales no férreos, el cemento, gases industriales y sector químico— que, ante la escalada de precios de la electricidad, optaron por realizar paros de su producción y volver a recurrir a los ERTE para parte de su plantilla. Pero, además, cabe recordar que la energía representa uno de los principales conceptos de la estructura de costes de las empresas industriales, de modo que la subida de precios tanto de la electricidad como de los hidrocarburos impactó directamente en sus resultados económico-financieros, afectando a su competitividad.

Evolución dispar de las

ramas industriales

La invasión de Ucrania también puede truncar la incipiente recuperación de las manufacturas españolas. En 2021, el Índice de Producción Industrial (IPI) aumentó un 7,0 por 100 quedando por debajo del nivel anterior a la pandemia, con diferentes resultados según el destino económico de los bienes. Los de consumo y los intermedios, que representan más de la mitad del IPI, consiguieron recuperar e incluso superar la actividad de 2019, mientras que la energía y, sobre todo, los bienes de equipo no llegaron ni a compensar la mitad de la caída de 2020.

A pesar de las dificultades en el abastecimiento de suministros y de la incompleta recuperación de la demanda, la práctica totalidad de las ramas de actividad avanzaron en 2021, aunque no todas lograron alcanzar los niveles de producción anteriores a la pandemia. No obstante, destacó el dinamismo de la industria de la madera y el corcho, de artes gráficas, química, otros productos minerales no metálicos, el material y equipo eléctrico o muebles, con importantes crecimientos bianuales positivos. Mención aparte merece la rama de productos farmacéuticos, la única que había crecido en 2020 como respuesta a la crisis sanitaria y que avanzó nuevamente en 2021, un 5,1 por 100.

En contraste, la producción de la industria del automóvil volvió a caer en 2021 tras el aciago resultado de 2020. Su producción se mostró especialmente sensible a los problemas de suministros, que se vinieron a sumar al desafío de su necesaria transformación productiva para adaptarse a unas exigencias medioambientales más estrictas y a los nuevos modelos de movilidad. El auge de la movilidad eléctrica —que podría acelerarse como consecuencia de la subida del precio de los hidrocarburos por el conflicto en Ucrania— y sus efectos para el empleo en el sector, la relocalización de las plantas de producción, la debilidad de las ventas y la concentración de innovaciones en el sector plantean un contexto complejo para los principales fabricantes. El PRTR incluye la movilidad sostenible como desafío, de hecho el PERTE del vehículo eléctrico fue el primero en aprobarse.

La crisis bélica en los primeros meses de 2022 hizo mella en la producción industrial. Las primeras afectadas fueron las industrias electrointensivas —en su mayoría grandes empresas, en sectores como la siderurgia, los metales no férreos, el cemento, gases industriales y sector químico— que, ante la escalada de precios de la electricidad, optaron por realizar paros de su producción y volver a recurrir a los ERTE para parte de su plantilla. Pero, además, cabe recordar que la energía representa uno de los principales conceptos de la estructura de costes de las empresas industriales, de modo que la subida de precios tanto de la electricidad como de los hidrocarburos impactó directamente en sus resultados económico-financieros, afectando a su competitividad.