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A pesar de ello, el comportamiento de la demanda externa durante el año puso de manifiesto varios aspectos positivos: la resiliencia del sector exportador respecto a los shocks externos, que el ajuste tras el brexit fue más moderado de lo anticipado —salvo para el sector del automóvil—, la reducción de las tensiones comerciales con Estados Unidos y la ampliación de la base exportadora (aunque una parte importante de ese incremento respondió al efecto del brexit).




La economía española generó una capacidad de financiación de 22.300 millones de euros, un 1,9 por 100 del PIB, saldo superior al de 2020, pero todavía lejos de los niveles prepandemia en parte por el retraso en la recuperación de los servicios turísticos.

Entrando en detalles37, el déficit comercial, alcanzó los 26.200 millones de euros. Del mismo, un 96,7 por 100 correspondió al déficit de la balanza energética, que cerró el año con el peor resultado de los últimos seis ejercicios por el fuerte aumento de las importaciones —tanto en volumen, en línea con la recuperación de la actividad económica, como sobre todo en precio, dado el crecimiento exponencial experimentado por el precio del gas y el del barril de Brent—.

No obstante, el ejercicio cerró con un considerable aumento de las exportaciones de bienes, incluso respecto a 2019, y con un incremento del peso del mercado comunitario como destino. Destacó la contribución de los sectores de productos químicos, alimentación y semimanufacturas no químicas al aumento de las ventas al exterior. Por su parte, el sector del automóvil y el de bienes de equipo, que entre los dos representan algo más de un 30 por 100 de las exportaciones españolas, cayeron en términos bianuales, principalmente como consecuencia de las disrupciones en las cadenas globales de suministros. Aunque a un ritmo más suave, las importaciones también se recuperaron, excepto las del sector de la automoción, subrayando la importancia del comercio intraindustrial para este sector.

Por áreas geográficas, cabe señalar que el déficit comercial de España con China se correspondió prácticamente con el saldo comercial total español, que la salida del Reino Unido afectó más a las importaciones que a las exportaciones o que el levantamiento de los aranceles estadounidenses, impuestos tras el caso Airbus, repercutió positivamente en las exportaciones agroalimentarias. No obstante, en este último caso, tras algo más de un año de aranceles, algunos productos deberán hacer un esfuerzo para recuperar la pérdida de mercado que les ha supuesto la medida norteamericana.

El déficit en la balanza de bienes quedó más que compensando por el superávit en la balanza de servicios cuyo saldo mejoró en un 51,9 por 100 respecto al año anterior. Esto fue resultado del crecimiento del superávit turístico, que alcanzó los 19.200 millones de euros, 10.600 millones más que el año anterior. Este buen resultado todavía queda lejos de los 46.400 millones de 2019 y refleja que la balanza turística siguió sufriendo el impacto directo de las medidas de contención para tratar de controlar las distintas variantes de COVID-19 surgidas a principios y a finales de 2021. Asimismo, la mejora del superávit de la práctica totalidad de los servicios no turísticos —salvo el del sector transporte, que cayó más de un tercio— sumó también al saldo positivo de la balanza por cuenta corriente.

Sin embargo, esta favorable trayectoria de recuperación de las ventas españolas al exterior se verá

afectada por el shock adverso que ha provocado la crisis bélica en Ucrania tanto en el nivel de precios como en la actividad económica global.

Aunque la exposición directa del sector comercial español a las economías en conflicto no es muy elevada38, la dependencia española de los productos

energéticos rusos y de cereales y aceites procedentes de Ucrania (maíz y aceite de girasol) constituye una fuente de vulnerabilidad.

Las tensiones provocadas por la guerra, la elevada interrelación productiva, sus efectos sobre las economías de los principales socios comerciales y su impacto sobre la inflación, los costes de producción y, en consecuencia, sobre la competitividad-precio de la economía española subrayan que no importa el tamaño de los intercambios para generar un efecto dominó sobre el conjunto de la actividad económica, sobre la dinámica empresarial e incluso sobre la capacidad de gasto de los hogares.

Precisamente, la guerra en Ucrania ha redoblado el interés surgido durante la pandemia respecto al fomento de una autonomía estratégica abierta. Los riesgos de abastecimiento en ambas crisis han puesto de manifiesto la vulnerabilidad de la economía española, y europea, como consecuencia de la elevada inserción de la actividad productiva en las cadenas globales de valor. Una primera aproximación a las vulnerabilidades españolas revela una concentración de importaciones sensibles procedentes de China y en sectores como los minerales y combustibles, maquinaria o productos químicos39. Todo ello exige reflexionar sobre reformas en la política comercial, así como, sobre medidas de diversificación y de contención de riesgo.

37. Subdirección General de Estudios y Evaluación de Instrumentos de Política Comercial de la Secretaría de Estado de Comercio, Informe Trimestral de Comercio Exterior. Cuarto trimestre, 16 de marzo 2022.

38. Por un lado, las exportaciones a Rusia solo representan un 0,7 por 100 del total —frente al 1,6 por 100 en la Unión Europea— y sus relaciones comerciales vienen reduciéndose desde 2013 (año a partir del cual el veto ruso ha venido afectando a las exportaciones de carne fresca española, principalmente porcino); mientras que Ucrania solo representa el 0,2 por 100 de las exportaciones y el 0,4 por 100 de las importaciones.

39. Subdirección General de Estudios y Evaluación de Instrumentos de Política Comercial, «El sector exportador ante los riesgos de abastecimiento», Boletín Económico de ICE (3143), 2022.

Gráfico 8. Capacidad/necesidad de financiación, 2011-2021

A pesar de ello, el comportamiento de la demanda externa durante el año puso de manifiesto varios aspectos positivos: la resiliencia del sector exportador respecto a los shocks externos, que el ajuste tras el brexit fue más moderado de lo anticipado —salvo para el sector del automóvil—, la reducción de las tensiones comerciales con Estados Unidos y la ampliación de la base exportadora (aunque una parte importante de ese incremento respondió al efecto del brexit).




La economía española generó una capacidad de financiación de 22.300 millones de euros, un 1,9 por 100 del PIB, saldo superior al de 2020, pero todavía lejos de los niveles prepandemia en parte por el retraso en la recuperación de los servicios turísticos.

Entrando en detalles37, el déficit comercial, alcanzó los 26.200 millones de euros. Del mismo, un 96,7 por 100 correspondió al déficit de la balanza energética, que cerró el año con el peor resultado de los últimos seis ejercicios por el fuerte aumento de las importaciones —tanto en volumen, en línea con la recuperación de la actividad económica, como sobre todo en precio, dado el crecimiento exponencial experimentado por el precio del gas y el del barril de Brent—.

No obstante, el ejercicio cerró con un considerable aumento de las exportaciones de bienes, incluso respecto a 2019, y con un incremento del peso del mercado comunitario como destino. Destacó la contribución de los sectores de productos químicos, alimentación y semimanufacturas no químicas al aumento de las ventas al exterior. Por su parte, el sector del automóvil y el de bienes de equipo, que entre los dos representan algo más de un 30 por 100 de las exportaciones españolas, cayeron en términos bianuales, principalmente como consecuencia de las disrupciones en las cadenas globales de suministros. Aunque a un ritmo más suave, las importaciones también se recuperaron, excepto las del sector de la automoción, subrayando la importancia del comercio intraindustrial para este sector.

Por áreas geográficas, cabe señalar que el déficit comercial de España con China se correspondió prácticamente con el saldo comercial total español, que la salida del Reino Unido afectó más a las importaciones que a las exportaciones o que el levantamiento de los aranceles estadounidenses, impuestos tras el caso Airbus, repercutió positivamente en las exportaciones agroalimentarias. No obstante, en este último caso, tras algo más de un año de aranceles, algunos productos deberán hacer un esfuerzo para recuperar la pérdida de mercado que les ha supuesto la medida norteamericana.

El déficit en la balanza de bienes quedó más que compensando por el superávit en la balanza de servicios cuyo saldo mejoró en un 51,9 por 100 respecto al año anterior. Esto fue resultado del crecimiento del superávit turístico, que alcanzó los 19.200 millones de euros, 10.600 millones más que el año anterior. Este buen resultado todavía queda lejos de los 46.400 millones de 2019 y refleja que la balanza turística siguió sufriendo el impacto directo de las medidas de contención para tratar de controlar las distintas variantes de COVID-19 surgidas a principios y a finales de 2021. Asimismo, la mejora del superávit de la práctica totalidad de los servicios no turísticos —salvo el del sector transporte, que cayó más de un tercio— sumó también al saldo positivo de la balanza por cuenta corriente.




Sin embargo, esta favorable trayectoria de recuperación de las ventas españolas al exterior se verá afectada por el shock adverso que ha provocado la crisis bélica en Ucrania tanto en el nivel de precios como en la actividad económica global.

Aunque la exposición directa del sector comercial español a las economías en conflicto no es muy elevada38, la dependencia española de los productos energéticos rusos y de cereales y aceites procedentes de Ucrania (maíz y aceite de girasol) constituye una fuente de vulnerabilidad.

Las tensiones provocadas por la guerra, la elevada interrelación productiva, sus efectos sobre las economías de los principales socios comerciales y su impacto sobre la inflación, los costes de producción y, en consecuencia, sobre la competitividad-precio de la economía española subrayan que no importa el tamaño de los intercambios para generar un efecto dominó sobre el conjunto de la actividad económica, sobre la dinámica empresarial e incluso sobre la capacidad de gasto de los hogares.

Precisamente, la guerra en Ucrania ha redoblado el interés surgido durante la pandemia respecto al fomento de una autonomía estratégica abierta. Los riesgos de abastecimiento en ambas crisis han puesto de manifiesto la vulnerabilidad de la economía española, y europea, como consecuencia de la elevada inserción de la actividad productiva en las cadenas globales de valor. Una primera aproximación a las vulnerabilidades españolas revela una concentración de importaciones sensibles procedentes de China y en sectores como los minerales y combustibles, maquinaria o productos químicos39. Todo ello exige reflexionar sobre reformas en la política comercial, así como, sobre medidas de diversificación y de contención de riesgo.

37. Subdirección General de Estudios y Evaluación de Instrumentos de Política Comercial de la Secretaría de Estado de Comercio, Informe Trimestral de Comercio Exterior. Cuarto trimestre, 16 de marzo 2022.

38. Por un lado, las exportaciones a Rusia solo representan un 0,7 por 100 del total —frente al 1,6 por 100 en la Unión Europea— y sus relaciones comerciales vienen reduciéndose desde 2013 (año a partir del cual el veto ruso ha venido afectando a las exportaciones de carne fresca española, principalmente porcino); mientras que Ucrania solo representa el 0,2 por 100 de las exportaciones y el 0,4 por 100 de las importaciones.

39. Subdirección General de Estudios y Evaluación de Instrumentos de Política Comercial, «El sector exportador ante los riesgos de abastecimiento», Boletín Económico de ICE (3143), 2022.

Gráfico 8. Capacidad/necesidad de financiación, 2011-2021