Previsiones económicas y geopolíticas para el año 2022
Muy a comienzos de 2022 las previsiones apuntaban a que la economía mundial seguiría convergiendo hacia la tendencia prepandemia, y que la inflación se iría rebajando a la par que los cuellos de botella de las cadenas de valor globales y los precios de las materias primas. Sin embargo, la guerra en Ucrania ha empeorado notablemente dichas perspectivas (en todo caso muy volátiles), limitándose las previsiones de crecimiento económico y comercial al 3,6 y 5 por 100 respectivamente, a la vez que las de inflación escalan al 5,7 y 8,7 por 100 en los bloques desarrollado y emergente respectivamente.
A finales de febrero, y tras varias semanas acumulando tropas en la frontera, Rusia invadió Ucrania arguyendo que la militarización del país y su posible entrada en la OTAN suponía un peligro para su
seguridad. Las consecuencias económicas y geopolíticas fueron inmediatas, pero también las humanitarias, donde a falta de un recuento verificado de las víctimas civiles, ACNUR elevaba el número de refugiados salidos del país durante el primer mes del conflicto por encima de los cuatro millones6.
El incremento de las sanciones internacionales a Rusia (ya existentes desde la anexión de Crimea en 2014) y la destrucción de la estructura productiva ucraniana están impactando sobre algunas exportaciones de ambos países de las que depende buena parte del planeta tales como el petróleo, gas, aluminio, cobre, níquel, paladio, neón, trigo, maíz o el aceite de girasol. Tal circunstancia está teniendo un efecto inmediato sobre el precio de estos productos y por extensión sobre la inflación global, pero también tiene capacidad para ralentizar la fabricación de productos tecnológicos básicos como baterías y semiconductores, y provocar crisis alimentarias en países de bajos ingresos. En el caso de que la guerra se alargue y se produzcan efectos de segunda ronda, las principales autoridades monetarias se verán ante la dificultad de aplicar medidas restrictivas que pongan freno a la espiral inflacionista, pero sin dañar demasiado la recuperación económica ni la estabilidad financiera de los países emergentes y de aquellos especialmente endeudados. En términos geopolíticos, la agresión de Rusia ha cohesionado a la Unión Europea y la OTAN, a la cual se han acercado Suecia y Finlandia y, que tras su desordenada e imprevista retirada en agosto de un Afganistán en el que los talibanes recuperaron el poder y revirtieron avances en derechos y libertades (especialmente entre mujeres y niñas), aprobará su nuevo Concepto Estratégico en la cumbre a celebrar en junio en Madrid. Por su parte, China, que a comienzos de 2022 firmó un importante paquete de acuerdos con Rusia, se ofreció a intermediar en el conflicto.
Junto a un recrudecimiento de la guerra en el que se involucrasen de manera directa nuevos actores, así como a un mantenimiento de los cuellos de botella y de los altos precios de las materias primas,
existen otros dos grandes riesgos interconectados que acechan la recuperación económica mundial. Por un lado, en caso de no relajarse la política china de «tolerancia cero» contra el COVID-19, el malestar social en ciudades globales como Shanghái se agudizaría a la vez que el funcionamiento
de las cadenas de valor internacionales continuaría deteriorándose. Mientras que la propagación de nuevas variantes del virus más contagiosas y agresivas, susceptibles de aparecer en aquellos territorios con menor tasa de inmunización, obligaría al resto de gobiernos a reinstaurar restricciones igualmente perjudiciales para la actividad productiva.
A su vez, existen otros riesgos de carácter más doméstico que, no obstante, también podrían repercutir en la estabilidad económica mundial. Primeramente, si China no consigue aminorar el elevado endeudamiento privado y el excesivo peso del sector inmobiliario, evidenciado de manera conjunta en la crisis de pagos experimentada por el gigante de la construcción Evergrande, la posibilidad de sufrir una crisis financiera sistémica seguirá aumentando. En segundo lugar, el endurecimiento de la política monetaria de la Reserva Federal entraña riesgos en cuanto a la sostenibilidad de la recuperación en Estados Unidos a la vez que amenaza la estabilidad financiera de otros países. Mientras que el auge del malestar social, alimentado por un aumento de la desigualdad y la pobreza, podría provocar en determinados países disturbios puntuales que afectasen a su actividad productiva.
Finalmente, a más largo plazo, el principal riesgo continúan siendo las posibles consecuencias de la lucha soterrada entre Estados Unidos y China por retener o alcanzar respectivamente, la hegemonía mundial a lo largo del siglo xxi. Así, a un incremento de los conflictos comerciales y tecnológicos ya observados, podrían sumarse otros, incluso de carácter bélico en torno a la isla de Taiwán, que abocarían a la progresiva conformación de un nuevo orden internacional multipolar con bloques geopolíticos cada vez más aislados y sin una gobernanza común.
6. Guerra en Ucrania: Declaración de los Consejos Económicos y Sociales Europeos (10 de marzo de 2022)
Previsiones económicas
y geopolíticas para el
año 2022
Muy a comienzos de 2022 las previsiones apuntaban a que la economía mundial seguiría convergiendo hacia la tendencia prepandemia, y que la inflación se iría rebajando a la par que los cuellos de botella de las cadenas de valor globales y los precios de las materias primas. Sin embargo, la guerra en Ucrania ha empeorado notablemente dichas perspectivas (en todo caso muy volátiles), limitándose las previsiones de crecimiento económico y comercial al 3,6 y 5 por 100 respectivamente, a la vez que las de inflación escalan al 5,7 y 8,7 por 100 en los bloques desarrollado y emergente respectivamente.
A finales de febrero, y tras varias semanas acumulando tropas en la frontera, Rusia invadió Ucrania arguyendo que la militarización del país y su posible entrada en la OTAN suponía un peligro para su seguridad. Las consecuencias económicas y geopolíticas fueron inmediatas, pero también las humanitarias, donde a falta de un recuento verificado de las víctimas civiles, ACNUR elevaba el número de refugiados salidos del país durante el primer mes del conflicto por encima de los cuatro millones6.
El incremento de las sanciones internacionales a Rusia (ya existentes desde la anexión de Crimea en 2014) y la destrucción de la estructura productiva ucraniana están impactando sobre algunas exportaciones de ambos países de las que depende buena parte del planeta tales como el petróleo, gas, aluminio, cobre, níquel, paladio, neón, trigo, maíz o el aceite de girasol. Tal circunstancia está teniendo un efecto inmediato sobre el precio de estos productos y por extensión sobre la inflación global, pero también tiene capacidad para ralentizar la fabricación de productos tecnológicos básicos como baterías y semiconductores, y provocar crisis alimentarias en países de bajos ingresos. En el caso de que la guerra se alargue y se produzcan efectos de segunda ronda, las principales autoridades monetarias se verán ante la dificultad de aplicar medidas restrictivas que pongan freno a la espiral inflacionista, pero sin dañar demasiado la recuperación económica ni la estabilidad financiera de los países emergentes y de aquellos especialmente endeudados. En términos geopolíticos, la agresión de Rusia ha cohesionado a la Unión Europea y la OTAN, a la cual se han acercado Suecia y Finlandia y, que tras su desordenada e imprevista retirada en agosto de un Afganistán en el que los talibanes recuperaron el poder y revirtieron avances en derechos y libertades (especialmente entre mujeres y niñas), aprobará su nuevo Concepto Estratégico en la cumbre a celebrar en junio en Madrid. Por su parte, China, que a comienzos de 2022 firmó un importante paquete de acuerdos con Rusia, se ofreció a intermediar en el conflicto.
Junto a un recrudecimiento de la guerra en el que se involucrasen de manera directa nuevos actores, así como a un mantenimiento de los cuellos de botella y de los altos precios de las materias primas, existen otros dos grandes riesgos interconectados que acechan la recuperación económica mundial. Por un lado, en caso de no relajarse la política china de «tolerancia cero» contra el COVID-19, el malestar social en ciudades globales como Shanghái se agudizaría a la vez que el funcionamiento de las cadenas de valor internacionales continuaría deteriorándose. Mientras que la propagación de nuevas variantes del virus más contagiosas y agresivas, susceptibles de aparecer en aquellos territorios con menor tasa de inmunización, obligaría al resto de gobiernos a reinstaurar restricciones igualmente perjudiciales para la actividad productiva.
A su vez, existen otros riesgos de carácter más doméstico que, no obstante, también podrían repercutir en la estabilidad económica mundial. Primeramente, si China no consigue aminorar el elevado endeudamiento privado y el excesivo peso del sector inmobiliario, evidenciado de manera conjunta en la crisis de pagos experimentada por el gigante de la construcción Evergrande, la posibilidad de sufrir una crisis financiera sistémica seguirá aumentando. En segundo lugar, el endurecimiento de la política monetaria de la Reserva Federal entraña riesgos en cuanto a la sostenibilidad de la recuperación en Estados Unidos a la vez que amenaza la estabilidad financiera de otros países. Mientras que el auge del malestar social, alimentado por un aumento de la desigualdad y la pobreza, podría provocar en determinados países disturbios puntuales que afectasen a su actividad productiva.
Finalmente, a más largo plazo, el principal riesgo continúan siendo las posibles consecuencias de la lucha soterrada entre Estados Unidos y China por retener o alcanzar respectivamente, la hegemonía mundial a lo largo del siglo xxi. Así, a un incremento de los conflictos comerciales y tecnológicos ya observados, podrían sumarse otros, incluso de carácter bélico en torno a la isla de Taiwán, que abocarían a la progresiva conformación de un nuevo orden internacional multipolar con bloques geopolíticos cada vez más aislados y sin una gobernanza común.
6. Guerra en Ucrania: Declaración de los Consejos Económicos y Sociales Europeos (10 de marzo de 2022)